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Lunes, 25 de Mayo de 2020
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LUIS_VELAZQUEZ

  • Vivir cada día
  • Exorcismo familiar

 

Luis Velázquez

23 de mayo de 2020

 

UNO. Con todo, días luminosos

 

Y sin embargo del COVID, los días son luminosos. La gente, los jefes de familia, siguen buscando el pan para llevar a casa y sin ninguna otra esperanza más que vivir en el día con día y algún día declararse sobreviviente de la pandemia en los últimos cien años.

Y aun cuando en unos doscientos hogares de Veracruz lloran la muerte de un familiar por un bichito, hay 8 millones de habitantes que todavía estamos con vida.

Y en cada nuevo amanecer continuamos soñando con librar un día más.

 

DOS. Aventura estelar

 

Cada día que pasa es como una aventura estelar a otro planeta donde todo es descubrimiento.

Bastaría referir que a veces, digamos, cada quincena, los familiares se reúnen por ahí felices y dichosos del encuentro como si tuvieran años sin verse y cada minuto es gozo y delicia.

Los niños siguen jugando en casa y la familia mirando los videos de la infancia, la niña que con sus zapatitos comprados en el tianguis quedaba dormida en el pupitre con el dedo índice en la boca y que tanto le gustaba chupar.

TRES. Escuchar misa por Internet

 

Cada día se ha vuelto una aventura. La aventura de vivir decía Albert Camus, el escritor que tuviera una infancia y una adolescencia muy pobre, demasiado pobre, y fue dichoso cuando con los amigos, también pobres, descubrieran la riqueza y la felicidad en la playa, la arena, el mar, el sol y la luna, en su pueblo, Argel.

Para fortuna, los días acuartelados han servido para reencontrar a un ser sobrenatural y por ejemplo, ahora la familia y/o casi la familia completa escucha misa por la tele y hasta se ponen de pie a la hora de la bendición sacerdotal.

 

CUATRO. Exorcismo familiar

 

Los días son luminosos. Por vez primera muchas parejas encerradas han descubierto que llevaban muchos años sin hablar en serio, y entonces, se han jalado la cobija y puesto en el tendedero las filias y las fobias, y ha sido como una especie de exorcismo.

Muchos hermanos se han reconciliado, temerosos quizá de que alguno pescara el COVID y pudiera (“Detente enemigo, el corazón de Jesús está conmigo”) fallecer.

Gracias al Internet, todo mundo se envía abracitos y besitos virtuales y nunca como ahora los whatsapp alcanzan dimensión estelar de la comunicación humana.

 

CINCO. Renacer cada día

 

En 1889, en una crónica publicada desde Estados Unidos, el cronista, años después, libertador de Cuba, fallecido en el campo de batalla, José Martín escribió que “ningún sermón ni libro en una biblioteca pública existía para sacar a la gente de las bebederías”.

Pero ahora, y salvo excepciones que manifiestan, digamos, la naturaleza humana, la pandemia ha encerrado al grueso de la población y las películas en la tele alcanzan la más alta circulación de que se tenga memoria.

SEIS. La vida es bella

Así ha de mirarse la vida. Como en la película “La vida es bella”. La familia cae en el campo nazi y el padre hace agradable las horas del día a la esposa y al hijo. Y no obstante el infierno encima, sonríe y hace sonreír a los suyos.

La familia completa, mejor dicho, el padre y la madre, sabían que la hoguera los esperaba. Pero sonreían. El niño y la madre sobreviven. El padre muere.

Pero la lección de vida es inalterable. Y de luz ha de servir en el largo y extenso túnel que vamos caminando entre espinas y cardos.

 

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