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Lunes, 25 de Mayo de 2020
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A “Reclamo la necesidad de ser feliz aunque los demás te hagan la vida imposible”

C3

 

 

Ha pisado muchos platós de televisión, colaborado en numerosos medios y escrito bastantes libros. La melancolía y el glamour son sus ingredientes preferidos. Pero a Máximo Hu erta nada le hizo tan popular, probablemente, como ser Ministro de Cultura durante siete días.

La polémica va de la mano de este escritor y periodista valenciano (Utiel, 1971) que ahora lanza su última novela: Con el amor bastaba (Planeta), una fábula que defiende el valor de la diferencia y quiere convencernos de que el amor es el único antídoto para frenar los inevitables desencuentros de la vida.

Los títulos de algunos de sus libros bastan para intuir sus preferencias y con qué frentes lidia: “Que sea la última vez”, “La noche soñada” (con la que ganó el Premio Primavera de Novela 2014) o “La parte escondida del iceberg”. También, significativos, sus relatos: “Mi lugar en el mundo eres tú” o “Viva la Dolce Vita”.

Defíname la ciudad de Madrid, estos días, con una metáfora. ¿Cómo se vive allí el confinamiento?

Madrid está pasteurizada, sin su sabor verdadero. Madrid es bulla y alegría y ese silencio la tiene amordazada. Pasear sin poder tomarse una caña, sin ver a los amigos, sin ir al cine, sin hacer la cola para el teatro o gritarse de pura vida en las terrazas es la peor ficción. A mi me gusta el costumbrismo de siempre. Y ahora no, no me va la ciencia ficción.

¿”Con el amor bastaba” es una fábula o un reflejo biográfico?

Es una fábula sobre la libertad y la necesidad de ser uno mismo. Lo dijo bien Aute: “reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo”. Esta novela es la búsqueda de la felicidad y un grito al mundo: ¡con el amor bastaba! Y el reflejo biográfico está en todas las novelas, escribes para llenar vacíos, para desquitarte la realidad, contra las circunstancias. Como nuestro paso por el mundo es limitado un escritor tiene que aprovechar sus experiencias.

Con el amor bastabatrata de todos los que se sienten “diferentes” y se dirige a ellos”

¿Máximo Huerta ha sido más fantasioso que Ícaro? ¿Se fundieron su alas al volar libremente o se reforzaron?

El pequeño Maxi era un niño de libros, pinturas y escritura. Ser hijo único en los años setenta era otro mundo: no había maquinitas ni móviles ni ordenadores… La ficción estallaba en la cabeza y la imaginación crecía y crecía. Un niño no es un proyecto del mayor que será, el hombre es lo que queda de aquel niño. En mi caso también.

¿Cuál fue su mayor trauma de juventud? “Soy un niño raro”, le dice Elio a su madre.

Este libro es una evasión porque la evasión es necesaria. Los humanos necesitamos salir de la realidad inmediata en la que estamos, la ficción es muy muy muy necesaria. Por eso el niño de la novela siente que vuela, que necesita huir, escapar de la realidad que le rodea…

¿Qué papel juega en eso la identidad sexual?

Con el amor bastaba trata de todos los que se sienten “diferentes” y se dirige a ellos. Pero, sobre todo, de cómo nos miran los demás. Reivindico la necesidad de ser feliz a toda costa, aunque los demás nos hagan la vida imposible con la mejor de sus intenciones. Elio es un niño diferente pero… ¿cómo actuamos los demás? ¿cómo actúa la familia?. Ahí está la trama. Un niño salta un gran charco, se siente feliz, raro, y la familia, al mismo tiempo, empieza a descomponerse. Los mejores mundos literarios están en el núcleo familiar.

Viendo el panorama cultural actual ¿se alegra de no ser ministro de Cultura ahora mismo?

Cuando acepto una responsabilidad, en la familia o en el trabajo, la asumo con todas sus consecuencias.

¿Alguna vez se sintió un impostor cultural?

Diga lo que diga nada cambiará su opinión al lanzar la pregunta.

¿No le parece mediocre, en general, la clase política española? ¿Qué arma le queda a un escritor ante eso?

Como decía Dickens, “hay grandes hombres que hacen sentirse pequeños al resto; la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes”. Y esto vale para todo.

Volvamos al libro. En la casa de Aix-en-Provence Elio se siente feliz. ¿Dónde se ha sentido más feliz usted en su vida?

Yo asocio la felicidad a tranquilidad: si estoy tranquilo estoy feliz. Sin más. Me da igual que sea en una terraza de cañas con mis primas, cenando con amigos en un pueblecito de Italia o pintando acuarelas. La Provenza me ayudó a escribir este libro. Todo lo que está saturado de sentidos, olfato, sabores, vista, es belleza. Y la belleza me gusta.

Elio, Arístides, Dédalo, nombres de la cultura clásica… ¿qué encuentra en esa época que le fascine?

La novela recrea el mito del vuelo de Ícaro. Mi héroe también quiere escapar de la isla volando, salir de los problemas, hacer que su familia sea feliz y sentirse libre. El padre y la madre –Dédalo y Sol- hacen lo que pueden para salvar al hijo, con la mejor de las intenciones.

Los fantasmas de la infancia, en la madurez son tus amigos”

¿Cuándo y por qué dejó de ser Màxim para ser Máximo?

No he dejado de serlo, simplemente aparece el nombre en mi DNI, en mi acta de bautismo. Mi madre y toda mi familia me llama Maxi, mis amigos Max, soy Màxim para la mayoría aunque digan “Maxín”, y Máximo en todos los documentos.

¿Cómo lector, qué ha escogido para estos días?

He leído las montañas de libros que se acumulaban en mi mesa y he releído historias que me gustan. Volver a “Olvidado Rey Gudú”, volver al “Gran Gatsby”, volver a “Moby Dick” o a leer a Georges Perec. Y he leído a Tallón, a Millás, a Muñoz Molina, a Lindo, a Grandes, a Vuillard, Vuong…

¿Qué fantasmas ha dejado atrás con el libro, si es que ha tenido efecto terapéutico?

Los fantasmas de la infancia, en la madurez son tus amigos. Ignoro lo terapéutico que puede resultar escribir porque por mucho que lo haga no cambia el pasado. Sigue ahí. Quietecito. Ese no se mueve por muchas novelas que escriba. Salta al oír una canción, con una foto o el sabor de una comida. El pasado es lo que más futuro tiene porque es lo único que existe.

¿Por qué hay tanta melancolía en sus libros?

Porque la melancolía aviva los recuerdos y los colorea de nuevo. No es tristeza, ¡qué va!, es algo mucho más ligero. La melancolía tiene mucho de felicidad en la soledad. Será genético. En la mirada de mi abuela Irene había mucho de alegría y melancolía, y ese brillo me gusta. Me da paz.

¿Qué es lo primero que quisiera hacer en cuanto termine el estado de alarma?

Viajar, brindar y besar

* LA VANGUARDIA

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