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Sabado, 19 de Agosto de 2017
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A Rubén lo persiguieron dos días en Xalapa, recuerdan sus amigos a dos años de su asesinato

Foto: Carol Suárez

Foto: Carol Suárez

La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCD) tiene elementos suficientes para investigar la persecución a Rubén Espinosa Becerril, fotoperiodista asesinado junto con cuatro mujeres, el 31 de julio de 2015, en la colonia Narvarte. 

Compañeros, amigos e integrantes de movimientos sociales protestaron en Plaza Sebastián Lerdo de Tejada, también conocida como Plaza Regina Martínez, y posteriormente marcharon en el primer cuadro de la ciudad. 

Norma Trujillo Báez, integrante del Colectivo Voz Alterna (CVA), recordó que Rubén denunció públicamente una persecución en su contra por parte del mismo gobierno, que en ese momento encabezaba el priista Javier Duarte de Ochoa, ahora preso en el Reclusorio Norte, por lavado de dinero y vínculos con la delincuencia organizada. 

“Sus amigos que vivimos con él muchos episodios de su violencia exigimos que la justicia analice las pruebas que ya han sido entregadas a la propia procuraduría, tienen elementos suficientes para empezar la investigación de los días que hombres armados persiguieron a Rubén en este primer cuadro de la ciudad”. 

Después de dichos sucesos, Rubén Espinosa decidió refugiarse en la Ciudad de México, donde Artículo 19 y otras organizaciones civiles protectoras de periodistas prometieron garantizar su seguridad. 

Sin embargo, después de un mes, fue asesinado junto a Nadia Vera, Alejandra Negrete, Mile Virginia Martín y Yesenia Quiroz. Sólo Nadia y Rubén fueron torturados.

Quienes lo conocieron, alzaron la voz para recordarle a las autoridades que el crimen de la Narvarte continúa impune. 

También exigieron que sea acatada la recomendación emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), número 04/2017, para que sea investigada dicha persecución que sufrió Rubén en Xalapa. 

RUBÉN NO FUE ANARQUISTA 

Norma Trujillo reprobó que diversos actores hayan abonado en la construcción de una personalidad pública que Rubén no tenía. 

“No participamos de las confusiones. Pues con ello no ayudan a hacerle justicia, aclarar su crimen, castigar a los responsables, y conocer la verdad de por qué segaron su vida. Rubén no era activista de organización social alguna, tampoco participaba del ideario anarquista, ni su frase era: el puño arriba. Eso es el mito y la construcción de una imagen desfigurada de lo que no fue”. 

Sus amigos lo recordaron apoyando a los “invisibles para la sociedad”, pues prefería darle sus últimos cigarrillos y sus papas fritas -su desayuno- a los vagabundos. 

“Repaso cómo los vagabundos del parque Juárez lo buscaban en la oficina, que no es otro lugar que la escalera del edificio Nachita, donde esperábamos la nota y él les compartía lo que tenía”. 

Incluso, Rubén logró indagar de dónde provenía uno de ellos y conocer su historia. Se trataba de un estudiante de Medicina de la Universidad Veracruzana (UV). Había viajado desde Baja California, pero perdió el camino y sus padres lo consideran desaparecido. 

“Ese actuar de Rubén lo define como lo que realmente era, un periodista que buscaba la verdad y cooperaba con sus medios, con sus armas: el texto, la palabra, la imagen y el video para construir una sociedad mejor, para ayudar a hacer visibles los problemas que no tienen la prioridad del proyecto personal y empresarial de los políticos en turno”. 

Espinosa Becerril no usaba el periodismo para engrandecer políticos, ni apoyaba a élites para llegar a ser diputado, presidente municipal, dirigente de partido o secretario de despacho. 

“Él con esas armas solo cubría la noticia despreciada por los valores informativos de ciertos colegas que, cobijados por la indiferencia de los servidores públicos en turno, la vuelven invisible para la sociedad y finalmente nos convierte en cómplices del silencio y la injusticia por callarla al contribuir en acostumbrarnos a ella”, añadió Trujillo Báez. 

PREMIO “RUBÉN ESPINOSA”

Integrantes del Colectivo Voz Alterna entregaron la primera edición del premio “Rubén Espinosa” al fotoperiodista de Coatzacoalcos, Ángel Hernández. 

Pues consideraron que la mejor forma de recordarlo y exigir  justicia por su asesinato, era instituir un premio de fotografía, que llevara su nombre. 

Un galardón simbólico, sin recompensa económica y que sólo tiene reconocimiento de periodistas a periodistas. 

Busca fomentar en los jóvenes fotorreporteros y videógrafos los valores informativos de cooperación social, cultura de la legalidad y búsqueda de la justicia, negada a cientos de miles de compatriotas. 

Con ello, también se pretende fomentar en las nuevas generaciones de comunicadores dar voz y no callar los problemas de los más débiles. 

“Pues los valores informativos de las empresas y de los proyectos personales de los políticos, no son los de los periodistas”, se escuchó frente a Palacio de Gobierno, en palabras de Norma. 

Ángel Hernández destacó por su trabajo fotográfico en la cobertura de las dos explosiones que se registraron en el Complejo Petroquímico Pajaritos, en Coatzacoalcos, al sur de Veracruz. 

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