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Lunes, 10 de Agosto de 2020
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“Al público le gusta cuando tomo cocaína con Basquiat pero mi libro es una historia intelectual”

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No todos los días te descuelga el teléfono una leyenda. Desde su casa de Los Ángeles, Bret Easton Ellis (Los Ángeles, 1964), el autor de American psycho (1991), una de las novelas más influyentes de su época, atiende a este diario para hablar de su nuevo libro, Blanco (Random House), una especie de autobiografía intelectual a caballo entre el ensayo cultural (mucho cine y literatura), la confesión íntima y las opiniones políticamente incorrectas que va lanzando como hachazos. Si en American psycho el protagonista era un yuppie de Wall Street que se convertía por las noches en un asesino en serie, aquí se trata de él, sin juegos de espejos, un joven que consigue ser escritor de éxito, que se hace famoso y va a fiestas con los actores de Hollywood, cae en crisis enormes y, en su madurez, cuestiona los lugares comunes del pensamiento progresista.

-¿Dónde se encuentra usted?

-En casa, bajo cuarentena, aquí no es tan duro como donde usted vive. Se nos permite ir a comprar, no tenemos polis patrullando, pero de repente ahora nos dicen que no podemos bajar ni al colmado de la esquina. Mi novio está todo el día enganchando a las noticias y toma más precauciones, se pone de los nervios, pero yo me lo tomo con calma.

-¿Cuál fue la primera idea del libro?

No fue mía, sino de mi agente: ‘¿Por qué no haces un libro de pequeños ensayos, Bret?’. Cuento lo que supone ser miembro de la generación X, las películas que han cambiado mi vida… Para mí, es una historia intelectual, mía pero también de una época.

-Son unas memorias pero atípicas: habla sólo un poco de sus padres, da sólo algunos detalles de sus juergas con famosos…

-No quise escribir unas memorias llenas de datos, tal vez algún día lo haga. Hay gente decepcionada, esperaban detalles de mis novios, de drogas… Cuento algo pero prefiero hablar del postimperio americano, de Trump, de la mierda de las políticas identitarias… Y lo hago a través de detalles personales. Al público lo que le gusta, claro, es la escena en que esnifo cocaína en un lavabo del Odeon con Basquiat y pocos meses después se muere. Pero mi libro no es eso.

De niño, el mundo infantil no tenía ningún interés y me urgía ser adulto, hoy hay niños hasta los 70 años”

-Elogia las películas de terror que veía de niño…

-Eran explosiones sangrientas no pensadas para niños, pero que veía con pasión. Crecí en los años 70, un mundo construido exclusivamente para adultos en el que no había nada para niños, menos los dibujos del sábado por la mañana y algún estreno de Disney. Eso me ayudó a crecer más rápidamente. Estoy muy agradecido, aprendí que la vida incluye una buena parte de decepciones, desilusiones y penas. No me gustan los lloriqueos. Sueno como un viejo ¿verdad? Me la suda, ‘Menos que cero’, mi primer libro, ya sonaba como escrito por un viejo. De niño, me urgía ser un adulto. Ahora todo el mundo está con los videojuegos, pero entonces el mundo infantil no tenía ningún interés. Hoy puedes ser un crío toda tu vida, hasta los 70 años si te da la gana.

*LA VANGUARDIA

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