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Martes, 18 de Diciembre de 2018
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Atípico clásico entre Real Madrid y Barcelona

 

messi

 

Barcelona. Sin las dos grandes estrellas que iluminaron el duelo durante la última década, Barcelona y Real Madrid chocarán mañana en un atípico clásico especialmente trascendente para el futuro del entrenador del tricampeón de Europa.

Julen Lopetegui se juega su continuidad al frente del banco blanco en un choque marcado por la ausencia Lionel Messi y de Cristiano Ronaldo, los astros que hicieron del clásico español un evento planetario.

“Es cierto que el Barça-Madrid no tiene parangón. Es el partido de más expectación y, en este caso, más que nunca, pero para mí todos los partidos son importantes”, afirmó hoy Lopetegui, declinando ligar su futuro al resultado del choque ante su archirrival.  “Nosotros vamos a estar pensando en dar nuestra mejor versión al margen de que esté o no un jugador. El Barça tiene otros grandes jugadores”, añadió el cuestionado técnico blanco.

Y es que, como si el clásico no tuviera sentido sin uno de sus grandes protagonistas, el caprichoso destino quiso que la estrella argentina del Barcelona se lesionara justo antes de la disputa del primer gran choque que no iba a contar con el crack portugués.

Así, el partido por la décima fecha de la Liga que mañana se disputará en el Camp Nou se jugará en condiciones impensables hace tan sólo unos meses, cuando el Real Madrid se proclamó de nuevo rey de Europa con el luso al frente y el Barcelona, liderado por el 10 argentino, campeón español.  La última vez que ninguno de los dos astros estuvo en un clásico oficial ocurrió el 23 de diciembre de 2007, fecha en la que el Real Madrid se impuso en el Camp Nou por 1-0 con un gol de Julio Baptista.

“El clásico no es menos clásico porque no estén Cristiano ni Messi.

Antes también había tensión, buenos jugadores, rivalidad… Había hasta cochinillos volando…”, ilustró hoy Ernesto Valverde, en alusión al clásico de 2002, cuando la hinchada azulgrana “saludó” el pase del portugués Luis Figo del Barcelona al Real Madrid arrojando una cabeza de cerdo a la cancha.

“Cristiano Ronaldo no está en el Madrid desde principio de temporada, nosotros perdimos a Leo hace una semana. Y nos fijamos en el Madrid actual, no en el del verano”, añadió el entrenador del Barcelona, después de reconocer que preparar un duelo de tal calibre sin Messi “se hace un poco raro” porque “hay que cambiar mecanismos que el equipo tiene interiorizados”.  “El otro día dimos un buen paso adelante, vamos a ver si mañana damos otro”, agregó, en referencia a la victoria de su equipo frente al Inter de Milán el pasado miércoles en el primer duelo que el Barcelona afrontó sin la estrella argentina.

Entonces, jugadores como Luis Suárez y Philippe Coutinho asumieron parte de la responsabilidad que siempre recae en Messi para liderar un equipo que suplió la ausencia de su estrella juntando líneas y aumentando su solidaridad.

Valverde confió entonces a Rafinha el papel de Messi y el brasileño lo desempeñó tan bien que todo apunta a que mañana volverá a sacarle la plaza al irregular Ousmane Dembélé.

Salvo sorpresa, el mismo once de la Champions intentará quedarse con la cima de la Liga frente a un Real Madrid que busca en el clásico una tabla de salvación.

La diferencia en la clasificación entre ambos equipos -cuatro puntos- es apenas una anécdota comparada con el clima de asedio y tensión que se cierne sobre Lopetegui y los suyos.

Cinco malos resultados consecutivos en la Liga y la Champions situaron al ex seleccionador español en el disparadero hasta el punto de que su destitución se da por sentada si los blancos no se llevan algún punto del Camp Nou.  La última derrota del Real Madrid en el coliseo azulgrana se remonta a marzo de 2015, con el italiano Carlo Ancelotti al mando. Zinedine Zidane, su sustituto, nunca perdió. Enlazó dos victorias y dos empates y elevó el listón.   Lopetegui tiene ahora la imperiosa necesidad de prolongar la racha con un equipo que inició la Liga de manera ilusionante, sin acusar en exceso la ausencia del emigrado Cristiano Ronaldo y con un fútbol que, sin serle propio, parecía sentarle bien.  Pero el idilio fue tan efímero que ni siquiera llegó a las Navidades, la referencia habitual de los entrenadores de futuro incierto.

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