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Barandal: 521 cadáveres en fosas

LUIS_VELAZQUEZ

•Desdén por los muertos
•Ten piedad, Fiscal

Luis Velázquez
21 de agosto de 2017
ESCALERAS: 521 cadáveres en Veracruz esperan un ángel de la guarda. Desde hace muchos meses fueron tirados y abandonadas en fosas comunes. Se escribiría que no tienen nombre ni edad, quizá, pero tienen un rostro. Y un rostro que nadie, por desgracia, ha identificado. Ni siquiera, vaya, los Solecitos ni los Colectivos que con tanta angustia y pasión espiritual buscan a los suyos, desaparecidos, secuestrados, quizá asesinados, acaso sepultados en fosas clandestinas.
La Fiscalía espera un milagro en un Veracruz donde los milagros son raros y extraños. Y aun cuando ofrecen millonarias recompensas por datos que lleven a la captura de malandros, ningún despliegue publicitario ha cacareado para que los familiares de los 521 cadáveres los puedan identificar.
Ellos, se afirma, mejor dicho, se asegura, fueron ejecutados en el ajuste y reajuste de cuentas entre los malandros. Y como de entrada estarían satanizados porque los cuerpos sin vida fueron levantados luego de un fuego cruzado entre carteles, quizá después de un atracón entre malos y policías, entonces, nadie los busca.
Acaso, sean originarios de Veracruz. Y/o del resto del país. Y por supuesto, desde algún lugar los están buscando. Pero nadie los encuentra.
Por ejemplo, entre los cadáveres en las fosas están ocho personas que el 3 de junio de 2016 aparecieron embolsados y descuartizados en Huatusco, en el poblado de Coscontla, entre ellos, los cuerpos de dos mujeres. (La Jornada, 16 de agosto, 2017)
Y luego de un tiempecito en que nadie los reclamara se fueron a la fosa común en Huatusco. Y ahí siguen. Digamos, desde hace trece meses y medio. En la penumbra del olvido. En el limbo de la justicia.
Y ni modo, todo indica que seguirán amontonados, encaramados unos encima de otros, pues nadie los reclama. Y menos, mucho menos, puede cumplirse con el destino original de la vida, como es la llamada “cristiana sepultura”.

PASAMANOS: Con sólo saber que 521 cadáveres están abandonados en fosas comunes, la piel se enchina. Con todo, son 521 vidas que fueron. 521 familias, digamos, en el desamparo. 521 mujeres y hombres, con hijos huérfanos.
Más aún: las fosas comunes expresan el desdén del mundo.
Allá ellos que se fueron por la vida fácil, dirán algunos. Ellos se los buscaron, ni modo, exclamarán otros. “El que a hierro mata a hierro muere” dirán otros más.
La profecía bíblica se cumple una vez más. “El hombre es el lobo del hombre”.
Según la Fiscalía, del año 2005 al mes de julio del año azul que corre, los 521 cadáveres están divididos así: 59 mujeres y 462 hombres.
Y de ese total, siete mujeres y 71 hombres corresponden a la zona centro de Veracruz, la que según la versión popular (y también los diputados locales) es la región más peligrosa, más riesgosa, más caliente del territorio jarocho.
Y más, por el siguiente dato: en los primeros meses de este 2017, doce cuerpos más fueron enviados a las fosas comunes.
Y aun cuando en el pasillo penitenciario se a firma que la autoridad ha aplicado el ADN a los cadáveres, ninguno ha sido identificado, mejor dicho, rastreado por los familiares y quienes, sin duda, tendrán su foto con una veladora prendida día y noche en sus casas.
Nada, entonces, más terrible y canijo que terminar los días en la fosa clandestina.
Y como los días y las noches que siguen padeciéndose en Veracruz son turbulentos y revolcados, entonces, ninguna posibilidad de que sean rescatados.
Un día, ni hablar, para los 521 cadáveres y más y más sólo quedará la incineración oficial llevándose consigo el enigma de su identidad.
El nombre de todos ellos se perderá en la noche más sombría y más larga de Veracruz y que desde hace ratito, cuando el duartazgo, dejó de ser como cantaba Agustín Lara, “noche tibia y callada”. Noche siniestra. Noche sórdida. Veracruz, una sucursal del infierno diría Marcela Turati. Mejor dicho, el infierno mismo.
La violencia, decía Agustín Acosta Lagunes en el tiempo de “La Sonora Matancera”, es inevitable, y ni modo… que sigan los cadáveres amontonados en fosas comunes.

CASCAJO: En la iglesia católica siempre se dice que las almas muertas han de descansar. Y si están en una fosa, entonces, ninguna alma reposa. Son, digamos, almas en pena. Penan y andan penando. Por eso, incluso, en la leyenda popular se decía que luego de ser traicionado y emboscado por el general Jesús Guajardo, Emiliano Zapata andaba penando. Y vivía en la montaña morelense.
Francisco I. Madero y Plutarco Elías Calles creían en los médiums y se comunicaban con sus antepasados. En un trance, un espíritu del más allá dijo a Madero que sería presidente de la república y lo fue. Otro espíritu dijo a Elías Calles que regresara a México de donde Lázaro Cárdenas lo había exiliado y volvió.
Las almas de los 521 cadáveres en las fosas comunes de Veracruz estarán vivas. Desangradas. Quizá estarían buscando venganza, porque la violencia sería el único lenguaje que conocieron. Acaso anden en fuga, digamos, como la leyenda de “La llorona”, suspirando por los hijos desaparecidos.
En algún lugar, un familiar les estará, digamos, llorando. Y rezando. Y hasta una misa en plegaria común, con un manojo de florecitas, les ofrecerán.
Y con todo, y en nombre de los derechos humanos, constituye un agravio que los cadáveres sigan amontonados en las fosas, como si fueran un montón de pollos en la carnicería del mercado popular.
Mínimo, una sepultura digna. Mínimo, una gran cruzada cívica para que pudieran ser identificados.
Quizá al Fiscal se le ablande el corazón.
Y más, porque sería terrible que los 521 cadáveres sean de malandros. Bastaría recordar que entre los cuerpos hay cincuenta y nueve mujeres…, que ni siquiera, vaya, a las mujeres políticas de Veracruz ocupan ni preocupan, pues las más encumbradas están soñando con la Senaduría.
El desdén y el menosprecio por los muertos resultan inverosímil. Juan Rulfo, por el contrario, en “Pedro Páramo”, resucita a los muertos. Les da vida propia. Los hace vivir de nuevo. Mejor dicho, los ha eternizado.

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