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Miércoles, 26 de Junio de 2019
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Barandal: Asesinados ocho políticos

LUIS_VELAZQUEZ

•El peor lugar para vivir

•Inevitable cóctel letal

Luis Velázquez

07 de marzo de 2019

ESCALERAS: Los malandros comenzaron a matarse entre sí disputando la jugosa plaza Veracruz.

Luego, se aliaron con algunos políticos, jefes policiacos y policías y empezaron a matar a la población civil.

Primero, hombres. Después, jóvenes. Luego, mujeres. Entonces, niños. Luego, ancianos. Y hasta reporteros y sacerdotes.

Ahora están secuestrando y asesinado a políticos.

Al momento, en el sexenio de la izquierda, llevan 8 políticos y líderes sindicales (una pareja) secuestrados y asesinados.

Nadie, por más bolitas de cristal a la mano, predestinaría el futuro mediato e inmediato.

Y más, cuando luego de tantos asesinatos (tarea de la secretaría de Seguridad Pública), la impunidad (tarea de la Fiscalía) se multiplica.

PASAMANOS: Los carteles y cartelitos se sienten libres para secuestrar, desaparecer y asesinar todos.

Y la inseguridad y la impunidad han crecido tanto… que la población ha perdido la confianza y la fe en la autoridad.

El Estado de Alerta se mantiene en todos los niveles. De hecho y derecho se vive y padece un virtual Estado de Sitio. Las familias en muchos pueblos acatando la filosofía social de la diputada local, ex panista Miriam Ferráez de un “toque de queda”. Y más, cuando denuncia que en Veracruz hay una guerra sucia, una conspiración, quizá de los malosos, acaso de los malosos y políticos “del pasado” en contra del gobernador en funciones.

Por eso, digamos, el asesinato de políticos para terminar de acalambrar a todo mundo.

CORREDORES: El ex presidente municipal de Tequila, uno de los doce pueblitos de la montaña negra de Zongolica, Sergio Heriberto Domínguez Cid, fue secuestrado en la tercera semana de febrero y los malandros pedían diez millones de pesos de rescate.

El ex presidente municipal de San Juan Evangelista fue secuestrado en dos ocasiones y en la última lo asesinaron.

Dos políticos, dos ex alcaldes, ejecutados en el mes de febrero, un mes fatídico donde según la Fiscalía, fueron cometidos 143 homicidios, 39 secuestros y 83 desapariciones.

BALCONES: Por fortuna, en el mes de febrero tres personas secuestradas en la ciudad de Veracruz, próxima a cumplir 500 años por la fundación del primer Ayuntamiento de América Latina, escaparon de su cautiverio.

Pero “la muerte sigue teniendo permiso” y la vida continúa prendida con alfileres.

Se insiste: peor que nunca, porque cuando asesinan a políticos, dueños del poder público, económico y social que fueron y son, está canijo. Son palabras mayores. Significa que los malosos siguen dispuestos a todos mostrando el puño y el músculo a la elite gobernante en el poder efímero.

PASILLOS: El homicidio de políticos empezó con el líder municipal del PAN en Oteapan, Gabriel de la Rosa Enríquez.

Secuestrado la primera vez fue liberado. Luego, lo volvieron a plagiar y lo asesinaron.

Después siguieron con el regidor de Gutiérrez Zamora, Jorge Ramos, y el candidato a presidente municipal del Panal en el mismo pueblo, Saúl Zapata.

Los dos, ejecutados en la Ciudad de México y en donde desde Veracruz la muerte los alcanzó.

Luego, el asesinato de uno de los líderes de Antorcha Campesina en la región de Córdoba, Noé Jiménez.

VENTANAS: Después, el asesinato de los líderes sindicales de Ciessa en Coatzacoalcos, Manuel Pérez Muzo y Lorena González.

Ocho políticos en lo que va del nuevo gobierno de Veracruz, cuando en la yunicidad ni tampoco en el duartazgo el crimen de políticos alcanzaron tal dimensión explosiva.

Por eso, el miedo y el terror y el horror multiplicando como los hongos, los ácaros y la humedad.

Veracruz ha dejado de significar un lugar seguro para vivir.

Y es que cuando, y además, las madres de familia son secuestradas, asesinadas y decapitadas, estamos en el peor escenario de la vida.

La vida sin esperanza social de que una lucecita alumbre el largo y extenso túnel de la muerte.

PUERTAS: La ciudadanía, la población electoral, se pregunta el tipo de sociedad en que estamos viviendo y viviremos de cara al futuro mediato e inmediato.

Por ejemplo, si Veracruz estará ya condenado a vivir con una ola creciente, descarrilada, fuera de control, de la inseguridad y la impunidad.

Y más, porque atrás quedaron 8 años de incertidumbre y zozobra social donde el gobierno perdió la batalla contra los malandros de todas todas.

La escalada de amenazas, hostilidades, crímenes, desapariciones, secuestros y asesinatos parece inacabable, cada vez trepando un escalón más.

Y la autoridad en todos los niveles, desde presidentes municipales y gobernador, azorada, rebasada, principio de Peter.

CERRADURAS: Cierto, los asesinatos de políticos han ocurrido en todas partes del país.

Y por eso mismo, en otras entidades federativas están peor que en Veracruz, por ejemplo, Tamaulipas con el crimen del candidato priista a gobernador, 2010, y en donde también asesinaran a 72 migrantes de América Central, 2010, hasta con tiro de gracia en el poblado de San Fernando.

Y claro, Tamaulipas está peor que Veracruz. Incluso, nadie olvidaría que de Tamaulipas llegaron a los malandros en el tiempo de Javier Duarte.

Pero, y entonces, ¿será que en Veracruz los tentáculos del infierno se recrudecerán con todo y el cacareo de la Guardia Nacional?

PATIO: La piel social se enchina cada vez que un político es asesinado en “la noche tibia y callada” de Agustín Lara.

El siguiente paso sería, digamos, que los malandros, por ejemplo, pongan bombas en edificios públicos y centros comerciales. Y en sucursales bancarias.

Y en los medios líderes de norte a sur y de este a oeste de Veracruz.

Y más cadáveres aparezcan colgados de puentes y árboles.

Y que en la bahía del Golfo de México floten más cadáveres.

Y que en los festejos de los 500 años de la fundación de Veracruz tiren unos cincuenta cadáveres en el Zócalo.

Y unos veinte cadáveres sean tirados a los pies de las pirámides en el Festival Tajín.

Y que secuestren y maten al gobernador. Y al Arzobispo. Y a los líderes políticos, por ejemplo, de Morena, el PAN y PRI.

Sería un cóctel letal inevitable en Veracruz si se considera que en el resto del país se han repetido.

Veracruz chorrea sangre. Y la autoridad no puede.

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