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Viernes, 19 de Abril de 2019
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Barandal: Carteles asaltan moteles

LUIS_VELAZQUEZ

•El cartel de “las monjas”

•La fuga de unos presos

•La vida en Veracruz

Luis Velázquez

26 de marzo de 2019

ESCALERAS: Los carteles y sicarios se han recrudecido. Operan en Veracruz, su paraíso terrenal, con el acelerador a mil por hora. Incluso, están, digamos, rompiendo las normas de la civilidad. El objetivo, multiplicar el terror y el horror en el diario vivir.

Un ejemplo:

El jueves 21 de marzo, en Córdoba, se metieron a un motel ubicado sobre el bulevar Córdoba-Peñuela. Zona industrial por excelencia.

Entonces, asaltaron a los empleados. Pero también, a los clientes “de un rato”, unas 4 horas de amor y pasión frenética.

Una mujer fue asesinada.

PASAMANOS: En el sexenio de Javier Duarte, los carteles entraron por Tamaulipas y en la carretera de Pánuco a Tantoyucan rafaguearon un autobús de pasajeros y entre otros muertos, una niña en brazos de su señora madre fue asesinada.

El tiradero de cadáveres en la vía pública, como en el paso a desnivel de la avenida Ruiz Cortines en Boca del Río.

El tiradero de cadáveres sobre las azoteas de unas casas, tendidos de panza al sol, en Boca del Río.

El secuestro de un feligrés en la iglesia de Santa Rita de Casia en la ciudad de Veracruz.

CORREDORES: El asalto a unos feligreses cuando rezaban en cadena de oración en una iglesia de Córdoba.

El asalto a unos comensales en taquería cordobesa.

El asesinato de un hombre un domingo en un balneario en la región de Córdoba.

La mujer asesinada de 40 puñaladas en un hotel de paso en Córdoba.

El secuestro, desaparición y asesinato y sepultadas en fosas clandestinas de las tres modelos y edecanes de Amatlán de los Reyes y Córdoba.

El secuestro y desaparición, hasta el momento, de las trece edecanes de Xalapa invitadas a un rancho de Actopan.

BALCONES: Las mujeres decapitadas. Y las mujeres asesinadas. Y los cadáveres flotando en ríos, lagunas y arroyos de Veracruz.

Las personas secuestradas y ejecutadas cuando la familia se ha declarado sin liquidez. Incluso, asesinadas con todo y que en muchos casos pagaron el precio del rescate.

Ahora, el asalto de los malandros a un motel de Córdoba, con una mujer más asesinada.

Los carteles, aumentando la presión. Mostrando el puño y el músculo al gobierno de Veracruz y a los presidentes municipales.

Ninguna demarcación local está libre ni menos puede gritar victoria. La vida, prendida con alfileres. Días y noche. A todas horas.

PASILLOS: Palabras mayores asaltar un motel. Fue en la madrugada. La empleada a cargo se resistió a entregar el dinero de la cuenta y la rafaguearon.

Luego, se metieron de habitación en habitación y atracaron a los amorosos.

¡Vaya sorpresa de la vida quizá en el momento estelar o en el llamado “reposo del guerrero”!

En ningún lado la vida está segura. Todos estamos expuestos.

Antes, los malandros respetaban, digamos, las iglesias y los moteles, vaya puntos equidistantes.

Ahora, les vale.

Y sin embargo, el gobierno de Veracruz acuña frase célebre. “Todo está bien”. Y el secretario de Seguridad Nacional lo respalda. “En Veracruz, dijo, todo está bajo control”.

Bajo control, claro, de los carteles y cartelitos, sicarios y pistoleros, malandros, malosos y halcones.

VENTANAS: Desde luego, en ningún momento se trata del primer asalto a un motel. Ya, antes, en varias ocasiones.

Pero, todo indica, se está volviendo una constante.

Incluso, la ola de violencia en Veracruz es para Ripley:

En la ciudad de Veracruz, también el jueves 21 de marzo, saliendo de una sucursal bancaria en la avenida Cuauhtémoc, zona norte, una comerciante fue asaltada.

Y asaltada, por dos mujeres, vestidas las dos como religiosas, monjitas, ministras de Dios.

Además, cada una con una Biblia en la mano.

Y cada una con un hijo menor.

La provocación total: asaltar un motel.

La violencia llevada al folklore: vestirse de monjas para asaltar a una comerciante recién salida del banco.

PUERTAS: Contar, entonces, que el 21 de marzo en Papantla, los malandros llegaron a una casa en la colonia Ampliación Morgadal, sacaron a un hombre, Silvino M. F., de 28 años, obrero, y lo liquidaron afuera de su casa significa, digamos, una noticia menor, con todo y que toda vida humana es invaluable.

Incluso, hasta podría escribirse que secuestrar a personas en su casa y luego asesinarlas es un hecho social viejo, repetitivo, conocido, parte del paisaje urbano, suburbano y rural.

De cualquier manera, un delito, pues, dice la Constitución, nadie puede sustraerte de tu casa sin una orden judicial.

CERRADURAS: El equinoccio llegó de otra forma a Veracruz.

En Orizaba, un par de reos se fugaron caminando, de pie, tan quitados de la pena, de la Sala de Juicios Orales, Centro Integral de Procuración de Justicia.

Y lo insólito: frente a las narices de los oficiales de la Policía Estatal, adscritos a la secretaría de Seguridad Pública.

Incluso, uno de ellos iba vestido con el overol de los reos, y todo en paz, todo en orden, “los tiempos bonitos que vendrán”.

La vida así va caminando. Asaltos en moteles a las parejas furtivas, ladronas vestidas de monjas, hombres secuestrados en sus casas y presos que se fugan delante de las autoridades y nadie se las mosquea.

Casi casi, el paraíso terrenal. El mundo alucinado donde el asombro y la perplejidad forman parte del paisaje.

Insólito: un oficial de Tránsito de Las Choapas, Martín González, fue arrollado por el chofer de un camión torton y perdió la oreja izquierda y el chofer huyó, y, claro, para consuelo de todos, dice el boletín, “la Policía Estatal ya lo está buscando”.

Y por tanto, tengamos fe y esperanza en la procuración de justicia.

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