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Barandal: Choque de trenes

LUIS_VELAZQUEZ

•Cuitláhuac y Yunes
•Príncipe celoso de su reino

Luis Velázquez
10 de diciembre de 2018

ESCALERAS: Vive Veracruz una guerra política de alta intensidad. Dos fuerzas potentes chocan en la arena pública. El gobernador Cuitláhuac García contra su antecesor, Miguel Ángel Yunes Linares. Dos estilos de ejercer el poder. Yunes, encarcelando a los duartistas acusados de pillos y ladrones. Cuitláhuac, dejándolos en libertad. En medio, el Fiscal avisado ya que de los 50 diputados, 39 (entre ellos, dos panistas) aprobaron su juicio político.
Y en respuesta, Jorge Wínckler atrincherado en su búnker, su palacio, que alguna vez pintara con colores sicodélicos de un antro, quizá arbolito estrafalario de navidad.
Cuitláhuac y los suyos, por el contrario, dicen que la libertad a los duartistas que van expresa una falla del Fiscal Wínckler por carpetas de investigación mal integradas.
Incluso, la jueza de Pacho Viejo, la misma que los encarceló, dijo que la libertad se debe a una orden federal.
Y Wínckler, por el contrario, argumentando que hay un ataque del palacio de gobierno de Xalapa (donde, oh paradoja, fuera cacheado) a la independencia judicial.
En el fondo, está claro: Cuitláhuac y los suyos están obsesionados con descarrilar a la yunicidad. Borrarla, incluso, del mapa estatal. Acabar con el ismo del yunismo y el duartismo y el fidelismo.
El nuevo Príncipe, celoso de su reino.

PASAMANOS: Los fuegos artificiales titilan en el espacio político. “El choque de trenes” bien podría terminar en la Suprema Corte de Justicia, SCJN, pues los diputados locales del PAN ya lo anunciaron. Si camina juicio político contra Wínckler interpondrán Controversia Constitucional en la SCJN, allí donde muchos años fuera magistrada la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
Por lo pronto, Wínckler ya se amparó.
Aun así, en el carril político de Veracruz se vive un conflicto institucional entre el Poder Ejecutivo y parte del Poder Judicial, es decir, la Fiscalía.
“Me canso… canso” dijo el secretario General de Gobierno de que Wínckler cae. Wíncler, por el contrario, le rebotó. “No me voy”. Este, es mi palacio, habría dicho, y fui elegido para nueve años.
La crisis, el enfrentamiento, la confrontación, el choque, estalló y escaló desde la campaña electoral por la silla embrujada del palacio. Incluso, desde el año 2016 cuando Yunes Linares y Cuitláhuac se enfrentaran por vez primera.
Y el río se desbordó cuando este año, el candidato del PAN al trono imperial y faraónico llamó “viejo guango” a AMLO.
Y desde entonces, Cuitláhuac y los suyos traen a la yunicidad entre ceja y ceja.
La pasión política desbordada ganando a las neuronas, la frialdad, el cálculo, incluso, a la tarea de gobernar teniendo el bienestar social de los 6 millones de habitantes de Veracruz en la pobreza, la miseria y la jodidez.
Antes que ellos, y más allá de los pobres y de los pobres entre los pobres, el ajuste de cuentas entre las tribus políticas.

CORREDORES: Fue la primera señal, pero otras señales han seguido. El caso Wínckler, por ejemplo, se ha convertido en una obsesiva obsesión para los Morenos en el Palacio Ejecutivo y en el Palacio Legislativo.
Y es que si cae Wínckler significará un golpe demoledor para Yunes Linares y que, bueno, ya comenzó con la libertad para Mauricio Audirac Murillo, Francisco Valencia y Arturo Bermúdez, con todo y haya sido una orden federal.
El empuje de Morena está desorbitado. Ellos son los nuevos dueños de la vida pública local y ninguna sombra quieren. Tampoco, fantasmas.
Tan es así que el manotazo de Cuitláhuac ha sido sin prudencia, mesura ni cordura, y así llama “corrupto y mentiroso” al Fiscal Wínckler.
Un gobernador, pues, contra un Fiscal, digamos, al mismo nivel jerárquico, político y social.
Pero el manotazo ha de mirarse más arriba. Más que contra Wínckler es contra Yunes Linares.
Por esa misma razón, y antes de la amnistía política, AMLO había dicho que perdonaría a los malandros, menos a Vicente Fox, Carlos Salinas y Yunes Linares, los tres políticos que fermentan las neuronas del tabasqueño tropical.

RODAPIÉ: Es más, el choque sigue multiplicándose como los peces y los panes.
Llegó, incluso, al Tribunal Superior de Justicia, TSJ, con el plantón del gobernador a un desayuno y que parte de la prensa quiso mirar como una ruptura con el magistrado presidente.
Y en respuesta, el magistrado presidente fue hábil diplomático toreando los toros y diciendo que el gobernador siempre será bienvenido al TSJ.
El caso es que del fracaso o del éxito del caso Cuitláhuac y Wínckler pareciera depender buena parte de la buena marcha del primer gobierno de la izquierda en Veracruz.
Y si Cuitláhuac ganara, en ningún momento significaría el ocaso del mito Yunes Linares, pues su hijo, el primogénito, es ya tesorero del CEN del PAN con Marko Cortés y trabajan desde ahora la candidatura a gobernador para el año 2024.
Y más, luego de que el tribunal validara el triunfo electoral como gobernadora de la esposa del senador Rafael Moreno Valle.
Y si Yunes gana, sosteniendo a Wínckler por mucho tiempo más, el mito Cuitláhuac que apenas, apenitas, empieza a integrarse recibiría un jab al hígado y al corazón político, incluso, hasta de AMLO.
Con todo, claro, y el cancionero Picot de que “me canso… ganso” que el Fiscal caerá.

BALAUSTRES: Tiempo de símbolos en Veracruz.
Si el Fiscal cae, un símbolo para recrear el Veracruz “de un solo hombre”, el gobernador invencible, intocable, el jefe de jefes, el tótem, el gurú, el tlatoani, el chamán.
Si cae el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, otro símbolo.
Y si, bueno, dos diputadas panistas, María Graciela Hernández y Nora Jessica Lagunes, ya se fueron con Morena para integrar el tribunal anti-Wínckler, caray, las señales están más claras que nunca con la traición por delante, oh Judas, el símbolo universal.
Con todo, los Morenos cada vez se parecen más al tiempo estelar de la yunicidad ejerciendo el poder con el calambre político del miedo, el horror y el terror, la intimidación y la amenaza, por delante, como el caso del secretario General de Gobierno advirtiendo a la diputada Marijose Gamboa Torales que le resucitarán su expediente penal y la regresarán a la cárcel.
Más que actuar como estadistas, los Morenos, y/o parte de los Morenos, estarían operando como “los señores de horca y cuchillo”, creyendo que Veracruz es su feudo, su trono imperial y faraónico, su reino, su paraíso.
Y que aposentados en su imperio y emporio, la única motivación para vivir es el poder.
Y el poder omnímodo, total y absoluto, con todo y que aquel decía que “el poder absoluto corrompe de manera absoluta”…, y que ya se verá, pues el sexenio apenas, apenitas, comienza.
Así como van las cosas, a nadie pues del nuevo gobierno le parece interesar el bienestar social de los pobres.
Por ejemplo, diez días después, ninguna mirada del gobernador ni tampoco del secretario de Desarrollo Social ni del DIF a las ocho regiones indígenas de Veracruz habitadas por un millón de indígenas y a quienes AMLO considera “los pobres entre los pobres”.
Es más, si a todos ellos se les aplicara un examen sobre la realidad geográfica y social de las regiones indígenas saldrían reprobados.
En diez días de gobierno, los Morenos están actuando con una agresividad política y social fuera de serie partiendo más a Veracruz, con todo, incluso, que el enfrentamiento solo se está dando en Xalapa, aun cuando desde ahí revira a otras latitudes locales.
Mientras, “la noche tibia y callada” de Agustín Lara sigue como antes un largo reguero de muertos.
La izquierda jurásica en su dimensión estelar.

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