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Viernes, 16 de Noviembre de 2018
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Barandal: “El chiquicandidato”

LUIS_VELAZQUEZ

 

•”El chiquigobernador” 
•El talento de Américo Zúñiga

Luis Velázquez
14 de mayo de 2018
PASAMOS: El presidente del CDE del PRI se reunió en el puerto de Veracruz con un grupo rimbombante llamada “Asociación Nacional de la Unidad Revolucionaria”.
Parece, de entrada, una de las siglas acuñadas por el escritor Efraín Huerta en su libro “México a través de sus siglas” esotéricas.
Pero, bueno, si Américo Zúñiga la puso en el carril público, entonces, su discurso ante ellos expresa a un político desesperado por evitar el derrocamiento total y absoluto de su partido, luego de que su antecesor, Renato Alarcón, pasara a la historia con la derrota de 170 presidencias municipales.
Y es que el presidente del ex partidazo alcanzó los más altos decibeles de su inteligencia y talento, también su ingenio, acuñando sus nuevos términos políticos.
Los siguientes:
El candidato del PAN, PRD y MC a gobernador es conocido en el Golfo de México como “El chiquis”, un apodo endilgado por el periódico Notiver.
Ahora, Américo, a tono con la tradición histórica de su nombre, ha descubierto y/o creado y recreado el término de “El chiquicandidato”.
También lanzó al ruedo político electoral el concepto de “El chiquigobernador”.
El hijo del profesor Guillermo Zúñiga Martínez siente que así lanza la bola de billar en un par de bandas.
Una, minimizar a Miguel Ángel Yunes Márquez.
Y dos, levantar la expectativa alredor del candidato rojo, Pepe Yunes Zorrilla.
Quizá en ciudades con clima frío el par de conceptos sirva para el pitorreo frente al cafecito lechero.
Pero en la zona conurbada Veracruz-Golfo del Río, incluso de cara a los pueblos ribereños del Golfo de México, suenan mejor y caen bien, y hasta contraproducente puede resultar a Zúñiga Martínez.
Tal es la grandeza política y social, de altura, que se está dando para decir a los 6 millones de habitantes de Veracruz en la pobreza, la miseria y la jodidez, que “El chiquicandidato” es un peligro para la tierra jarocha.

ESCALERAS: Una vez más, Américo “tira su espada en prenda” al ruedo electoral y se lanza contra el nepotismo (monarquía le llama AMLO) de lanzar al hijo primogénito como candidato panista a gobernador.
Claro, antes, acusa a “El chiquis” de ocurrente, inexperto, insensible y caprichoso.
Pero, cuidado, su discurso puede revertirse:
A: Con todo y el botón nuclear apretado en contra del gobernador, Miguel Ángel Yunes Linares logró que las huestes panistas y perredistas y hasta del Movimiento Ciudadano denominaran candidato a su hijo, el mayor.
B: En estos momentos hay en Veracruz unos treinta y cinco presidentes municipales a quienes sus padres les heredaron la alcaldía.
Y lo anterior, aquí y en China significa que el nepotismo “goza de cabal salud”.
C: “El chiquis” está jugando en la cancha y según las encuestas publicadas en una parte de la prensa nacional va de puntero, mientras el candidato de AMLO, Cuitláhuac García en segundo, y en tercero, el candidato del PRI.
D: El cuarteto de candidatos está en la cancha azul y de aquí al primero de julio las partes con sus partidos y sus operadores electorales trabajan la plaza.
El resultado se conocerá hasta la noche del 1 de julio, cuando trascienda, más que el nombre del triunfador, si los operadores de cada candidato fueron efectivos.
Nadie pensaría que el talento, la inteligencia y la experiencia de Américo únicamente alcanza para eso.
De ser así, se expondría al mismo resbalón de Cuitláhuac quien expresó su más alto concepto de desarrollo político llamando “El bodoque” a Yunes Márquez.

CORREDORES: Américo es idílico. Sueña con una utopía. Parece crearse un mundo color de rosa ex profeso.
Por ejemplo:
Llama a la “Asociación Nacional de la Unidad Revolucionaria” a que sus militantes apuesten a “un voto que vaya dirigido por el razonamiento y no por el estómago”.
Cuidado: los expertos electorales aseguran que la elección del primero de julio será regida por la emoción.
Es decir, el corazón por delante.
Incluso, con el hígado en su más alto decibel.
También les pidió que en ningún momento incidan en “un voto de venganza ni de ira”.
Caray, el presidente del CDE del PRI ha caído en la irrealidad dando la espalda a los hechos concretos y específicos.
El voto será en base a la venganza.
La venganza en contra de Javier Duarte, Karime Macías, sus familias y una parte sustancial del gabinete legal y ampliado del sexenio anterior a partir de la codicia desmedida “para ordeñar la vaca” y “meter la mano al cajón”.
Y si el tiempo del movimiento armado ya terminó (de Independencia, de Reforma y la Revolución), ahora, la población se desquita en las urnas.
Pero además de la venganza, el voto también será movido por la ira.
La ira social que Thomas Hobbe describe en “El Leviatan” como el resultado de la pobreza, la miseria y la jodidez, pero también de la corrupción política y la impunidad.
Igual que los grandes reformadores de la historia, Américo va contracorriente.
Pero para batallas así se necesitan hombres de la talla, por ejemplo, de un incendiario Rafael Arriola Molina y/o Carlos Alberto Madrazo.
Simple y llanamente, el voto del primero de julio será contra el hartazgo social alimentado por los políticos pillos y ladrones.
Ahora bien, si Américo desea educar a la población olvida lo fundamental, como es una campaña ruda donde se están jugando 5 elecciones.

RODAPIÉ: Igual que en otros partidos (“AMLO es un peligro para México”, por ejemplo), Américo también ya resbaló en la patraña electoral.
Y en su discurso del puerto de Veracruz habló de que “Veracruz merece construcción, no destrucción”.
En ningún momento apostó a una definición concreta y específica para saber si se refería a Yunes Márquez y/o a Cuitláhuac García.
Pero el concepto “destrucción” ya permeó en su palabra.
Un dato: de 1824 con Guadalupe Victoria a la fecha en el palacio de gobierno de Xalapa han desfilado 75 gobernadores, y ninguno ha destruido a Veracruz.
Cierto, cierto, cierto, muchos, quizá la mayoría, han saqueado las arcas con sentido patrimonialista, el peor de todos, el priista Javier Duarte y los suyos.
Y por desgracia para el tricolor, el efecto Duarte sigue permeando.

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