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Barandal: La cruz a cuestas

LUIS_VELAZQUEZ

  • Salarios de hambre
  • Futuro titular de SEDECO

 

Luis Velázquez

08 de agosto de 2018

 

ESCALERAS: Ernesto Pérez Astorga fue presentado como secretario de Desarrollo Económico en el próximo sexenio. Del Instituto Tecnológico de Monterrey, a la CANACO. Y de la CANACO, a la SEDECO, la dependencia donde se carga la cruz a cuestas. Y una cruz demasiado pesada.

Y pesada, por lo siguiente:

Veracruz es una entidad federativa pródiga en recursos naturales, pero habitada por gente en la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo, el subempleo y los salarios mezquinos y de hambre.

Un millón de paisanos está de migrante en un Estados Unidos que la semana anterior anunciara la deportación de unos 17 mil jarochos como parte de la política de Donald Trump.

Uno de cada tres jefes de familia de norte a sur y de este a oeste llevando el itacate y la torta a casa con el changarro en la vía pública vendiendo fritangas.

Veracruz, dice la investigadora Patricia Ponce, en el primer lugar nacional en producción y exportación de trabajadoras domésticas.

Medio millón de habitantes sólo hacen dos comidas al día y mal comidas dada la precariedad en que viven.

Y en contraparte, la SEDECO, cuyo apostolado social es favorecer la creación de empleos tanto en la zona urbana como en la suburbana, la rural y la indígena, convertida en un club de cafetómanos en el bienio azul por terminar.

Y en una SEDECO anodina en el duartazgo que se la pasó viviendo en gerundio, es decir, planeando todo el tiempo.

 

PASAMANOS: 6 de los 8 millones de habitantes de Veracruz están en la jodidez ha documentado el INEGI.

Y lo peor, atrapados y sin salida.

Por ejemplo, en otro tiempo, tiempo cercano, Pérez Astorga decía quizá como presidente de la Canaco y/o vicepresidente de la CONCANACO en la región sur, que la delincuencia organizada encuentra terreno fértil dado el desempleo en Veracruz.

Y el desempleo, además, de los ni-nis, jóvenes que ni trabajan ni estudian.

Además, las universidades públicas y privadas convertidas en una fábrica de desempleados.

Más todavía: cada vez se multiplican los anuncios de sexoservidoras en la prensa escrita vendiendo el cuerpo por un ratito para llevar la torta a casa.

Y cada vez hay más mujeres madres solteras tocando puertas en las casas para contratarse de trabajadoras domésticas.

Y cada vez más paisanos migran a los campos agrícolas del Valle de San Quintín, en la frontera norte, auténticos campos de concentración estalinista.

Y cada vez más negocios cierran y cada vez más casas son puestas en venta.

 

CORREDORES: Y ni se digan los salarios mezquinos, como por ejemplo sucede con todas y cada una de las franquicias de Estados Unidos asentadas en Veracruz donde contratan, ajá, a jóvenes menores de treinta años con sueldos de hambre, apostando en términos generales a la propina.

Y el colmo, los adultos mayores cada vez se adueñan de las esquinas y los cruceros extendiendo la mano a los automovilistas para “una limosnita por el amor de Dios”.

Y cada vez hay más vendedores ambulantes de volovanes.

Lo insólito: en las avenidas del puerto de Veracruz y Boca del Río han aparecido grupos de jóvenes vestidos de jarochos bailando “La bamba” y “El tilingo lingo” en los altos del semáforo mientras una chica se acerca a los conductores de autos con una sonrisita tamaño sandía para unos centavitos.

Y en contraparte, el discurso oficial es el mismo del siglo pasado gritando “a los cuatro vientos” que Veracruz es una potencia económica y una potencia turística y una potencia energética y el Houston de México y la Texas de América Latina, en tanto la calidad de vida se hunde irrefrenable en el sótano, y ni se diga, claro, la terrible y creciente desigualdad social, económica, educativa, de salud, de seguridad y de justicia.

 

RODAPIÉ: Más jodidos, pues, no podemos estar en Veracruz.

Por eso, Pérez Astorga asumirá la SEDECO con una cruz demasiado pesada.

Su tarea es una sola, más allá, ajá, de garantizar el pago a los empresarios que arrastran deudas desde Javier Duarte.

Más allá de cortar listones de las ferias (oficiales) del empleo.

Más allá de pronunciar discursitos demagógicos.

Y es, simple y llanamente, favorecer la creación de empleos dignos…

Pagados con justicia laboral…

Y con acceso a las prestaciones sociales, médicas y económicas establecidas en la Ley Federal del Trabajo…

Y con la garantía legal de que cada empleado tenga garantizada la pensión.

Empleos, claro, para el millón de indígenas y los dos millones de campesinos y los tres millones de obreros y la clase media…en la jodidez.

Y para lograr el cometido tendrá seis largos y extensos años de trabajo, como dijera Adolfo Ruiz Cortines, “fecundo y creador”, con hechos concretos y específicos, sin chorizos ni expectativas engañosas.

 

BALAUSTRES: Pérez Astorga es empresario. En años anteriores enfrentó a vecinos de una colonia popular opositores a una de sus gasolineras y ganó. Ahora, y por vez primera, estará en el otro lado del mostrador para imprimir, digamos, un sentido social a su vida pública.

Y todavía más, trepado en la nave de la izquierda delirante que por vez primera llegará al poder sexenal en un Veracruz donde han desfilado 75 gobernadores dejando un pueblo sumido en la miseria y la pobreza y con 600 mil analfabetas de 14 años de edad en adelante y un millón de paisanos con la escuela primaria inconclusa y otro millón con la secundaria incompleta y 600 mil personas con el bachillerato a medias.

Y todos y cada uno de ellos necesitados de un empleo digno para enaltecer todos los días su vida cotidiana.

Lo peor del asunto es que ni Pérez Astorga ni sus antecesores han tenido una varita mágica y todos han fracasado ofreciendo el paraíso terrenal.

 

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