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Barandal: La risa del Fiscal

LUIS_VELAZQUEZ

•Cuitláhuac se constriñe

•Sobresaltos del poder

Luis Velázquez/Última de 3

14 de febrero de 2019

ESCALERAS: Con la nueva derrota de los diputados de MORENA en la LXV Legislatura para destituir al Fiscal, Jorge Wínckler sonríe en tanto Cuitláhuac García se constriñe.

Pero en vez de “llorar como mujeres” la derrota asestada, solo hay un camino por delante:

La Cuitlamanía ha de lanzarse a la cacería de “los demonios, traidores y desleales”, cierto, del palacio de gobierno, pero también, del Palacio Legislativo.

El dueto José Manuel Pozos Castro y Juan Javier Gómez Cazarín fracasaron. Llegaron a su principio de Peter. Sus neuronas son limitadas.

Y ni modo que el gobernador, el político más poderoso de Veracruz, sigua confiando en ellos, a menos, claro, que ellos o sus padrinos lo tengan agarrado…

PASAMANOS: El par de diputados son puro humo, fuego pirotécnico, vendedores de espejitos.

Inverosímil, por ejemplo, que con todo el aparato gubernamental de su lado y que implica billete de por medio, fallaran al gobernador.

Y lo más indicativo, que en medio de la derrota, egotistas y soberbios como se han manifestado, sigan tan echados para adelante.

CORREDORES: Desde la toma de posesión, el secretario General de Gobierno, Éric Cisneros Brugos, anda en Veracruz con los guantes puestos. De “Cristo Negro” de Otatitlán, que fue crucificado ahora es un soldado romano de los opositores, adversarios y enemigos.

Pero malo, ineficiente y deficiente, para la operación política.

Durante 9 semanas y media la ha pasado con el garrote por delante. Peleando día y noche. Y de paso, embarcando al gobernador.

Incluso, nadie dudaría de que minutos antes de acostarse cada noche se mirará en el espejo y si todavía le restan fuerzas, entonces, peleará consigo mismo.

Por eso quizá hasta reviró a las anónimas redes sociales alardeando que sus detractores se equivocaron de nuevo porque seguía ahí, en el palacio, con la absoluta y total confianza de Cuitláhuac García, según él, claro.

BALCONES: Luego del fracaso, los diputados de MORENA declararon que el juicio político al Fiscal sería ventilado “hasta nuevo aviso”.

Pronto quizá. Lejos acaso.

Indicativo: desde los días posteriores al ridículo en la última sesión parlamentaria tronada, el único diputado de la izquierda que ha salido a defender la causa es Amado Cruz Malpica, el gran operador político de MORENA en Veracruz, al lado, digamos, de Manuel Huerta Ladrón de Guevara, el súper delegado federal, ambos ex diputados federales cuando juntos pasaran al gabinete de AMLO como jefe de Gobierno en la Ciudad de México.

PASILLOS: Institucional, Amado Cruz “ha tirado su espada en prenda”.

En todo y con todo ha defendido al gobernador. También, a sus compitas de la izquierda.

Incluso, y cuando los panistas denunciaron amenazas de muerte del presidente de la Junta de Coordinación Política, el tal Juan Javier Gómez Cazarín, Cruz Malpica precisó que si en verdad los panistas fueron acosados, entonces, el camino legal era interponer una denuncia penal.

Uno de los pocos, escasos amigos reales de AMLO en Veracruz, como el diputado local sureño, expuso su nombre y crédito cuando el río legislativo ya estaba desbordado.

VENTANAS: Durante muchos sexenios, las diferencias políticas fueron negociadas en lo oscurito a partir de una leyenda real, viable y confiable, como es la fuerza racional del billete.

En el caso, transcurridos los días, la versión es que del lado de la Cuitlamanía, o de los Morenos en la LXV Legislatura, hubo dinerito por debajo de la mesa para comprar votos, pero al mismo tiempo, que les fue insuficientes, o de plano, los panistas soltaron más miel.

Y aun cuando los panistas fueron lanzados del Palacio de Xalapa, por ahora tienen unos sesenta presidentes municipales que bien significan gasoductos bien dotados para la compra de lealtades en el Congreso.

Incluso, el coordinador de la bancad azul, Sergio Hernández Hernández, aseguró que la Cuitlamanía untaría las manos a sus diputados para amarrar el juicio político.

El estigma queda y resulta difícil borrar el pasado.

PUERTAS: Por lo pronto, un diputado del PES (Partido Encuentro Social, tan religioso y devoto), Rubén Ríos descubrió en los días enmarañados de la Cuitlamanía Winckleriana que su ideología está más cerca de la república amorosa y la Cartilla Moral, y de plano, sin reproches de conciencia, anunció que brincaba a MORENA, trapecista político de grandes ligas.

Y todavía advirtió al líder estatal del PES, Gonzalo Guízar Valladares que él, Rubén Ríos, nunca vende sus ideales, como si en verdad los tuviera, a menos, claro, que la razón suprema de su vida sea fenicia, mercantil, el billete por delante.

En contraparte, y en la hora camaleónica del Congreso, la diputada panista, Marigraz, María Graciela Hernández Íñiguez, la Belinda de la LXV Legislatura, quien antes había votado a favor de la ley AntiWínckler, descubrió que su sangre es azul y volvió al redil, leyenda bíblica de los hijos pródigos.

CERRADURA: Durante los diez días que estremecieron al Congreso, ninguno de los 50 diputados se acordó del millón de indígenas, los dos millones de campesinos y los tres millones de obreros en la miseria, la pobreza, el desempleo, el subempleo, los salarios de hambre, la baja calidad educativa, la pésima calidad de salud y la más jodida calidad de seguridad y procuración de justicia.

Claro, todos ellos luchaban por un Fiscal carnal, y, bueno, dirán que un Fiscal a modo es el punto de partida para construir un Veracruz donde la justicia respire todos los días al lado de los desprotegidos.

Quizá.

Pero buenos amores son hechos y no palabras ni buenas intenciones, y el reality-show del Congreso entre los buenos y los malos, la Cuitlamanía y la Wincklemanía, desnudó el rostro patibulario de los diputados locales, el siguiente:

Más allá de los 6 millones de habitantes de Veracruz en la pobreza y la jodidez, a ellos solo ocupan sus intereses políticos.

Veracruz es de todos, nunca de unos cuantos miembros de las elites atrapadas en los sobresaltos del poder público.

Ya con Javier Duarte fue suficiente.

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