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Lunes, 25 de Mayo de 2020
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Barandal: Ley de la selva

LUIS_VELAZQUEZ

  • Masacre cañera
  • Líderes asesinados

 

Luis Velázquez

29 de abril de 2020

 

ESCALERAS: En el sexenio de Agustín Silvestre Acosta Lagunes empezó la matazón de líderes cañeros. Entonces, a un dirigente, y nacional, Roque Spinoso Foglia, y amigos que lo acompañaban en un automóvil, les metieron cientos veinte balazos.

Y desde entonces, el más violento tsunami en el campo. El lunes 20 de abril, el último. Hugo Guízar Torales, ex dirigente en el ingenio La Providencia. Emboscado, sobrevivió. Fue en Cuichapa. Y era sobrino de Juan Carlos Molina Palacios, el otro líder cañero que también lo era y diputado local y presidente de la Liga de Comunidades Agrarias.

¡Vaya maldición! Desde entonces, hace 27 años y medio, la impunidad.

 

PASAMANOS: En el tiempo, han asesinado a unos treinta líderes cañeros. El mayor número, en la región centro de Veracruz, y en donde se concentra el mayor número de ingenios azucareros.

Mucha, demasiada violencia. El politólogo Carlos Ronzón Verónica aporta una lógica. En el mundo cañero se mueven muchos, excesivos, demasiados intereses.

Uno, el liderazgo cañero en sí mismo. Dos, las aportaciones económicas tanto de los miembros de las Uniones Cañeras hasta de las mismas factorías azucareras. Tres, los negocios adicionales encaramados en el poder. Y cuatro, son líderes cañeros y por añadidura, presidentes municipales, síndicos, regidores. Y en un descuido, diputados locales y federales.

Y como en el caso de Roque Spinozo, bien pueden brincar al trono nacional. Manuel Pérez Bonilla, isidro Pulido y Francisco Castro González, los tres originarios de Veracruz, discípulos de Spinoso Folgia.

 

CORREDORES: Ahora mismo, Daniel Pérez Valdés y Carlos Blackaller, líderes de la Confederación Nacional Campesina y la Pequeña Propiedad, originarios de Veracruz, tienen años en el mando nacional. Casi casi, inamovibles.

Y ambos han sido diputados federales. Y conviviendo con los presidentes de la república.

Por eso, tanta rebatinga en el campo cañero por las dirigencias locales y regionales.

 

BALCONES: Al sobrino de Molina Palacios (asesinado el 9 de noviembre, 2019, en la impunidad total y absoluta) le dispararon unas treinta ocasiones y solo resultó herido.

Los intereses políticos y económicos se atraviesan. Un aire violento soplando hace casi tres décadas se respira. Y nada ni nadie ha frenado el hervor social.

¡Vaya tiradero de cadáveres! Y en el 99 por ciento de los casos los líderes han sido sacrificados. Grupos contra grupos. Tribus contra tribus. Quítate porque ya llegué. Y la única estrategia es matar, eliminar, desaparecer, para entronizarse.

Insólita ley de la selva. Al estilo del viejo oeste. La cabeza de los líderes cañeros tendrá precio. Nada más fácil que contratar a unos sicarios quienes luego de matar huyen al cielo como Remedios, la bella, en la novelística de Gabriel García Márquez, y nadie los ubican. Desaparecen por arte de magia.

 

PASILLOS: El campo cañero está minado. Hay bombas sembradas en los cañaverales por todos lados.

En el siglo pasado, los pozos artesianos de agua dados de baja servían como panteones, sobre todo en la ruta de Omealca a Tezonapa, en los límites de Veracruz y Oaxaca.

En el bienio azul de Miguel Ángel Yunes Linares, mataron a 4 líderes cañeros en las calles y avenidas de Córdoba.

 

VENTANAS: Ahora, en el sexenio guinda, la emboscada al ex líder cañero del ingenio La Providencia, de treinta años de edad, fue en la carretera estatal, a la altura del municipio de Cuichapa. Impresionante la foto donde los malandros prendieron fuego a su camioneta Chevrolet. El chofer, Omar Hernández Borbonio, de 27 años, también quedó herido.

La vida, prendida con alfileres. Nadie está a salvo. Nadie puede cantar victoria como un sobreviviente al tsunami de violencia.

 

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