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Barandal: “Los bandidos de Río Frío”

 

LUIS_VELAZQUEZ

 

•Los bandidos de Veracruz
•Asalto en Boca del Río

Luis Velázquez
17 de noviembre de 2017

ESCALERAS: El escritor Manuel Payno tendría en Veracruz suficiente material para escribir la segunda parte de su novela “Los bandidos de Río Frío”.
El asalto a la señora Lorena Campos Pensado ocurrido en Boca del Río el viernes 10 de noviembre en que un par de ladrones le robaron doscientos treinta y cuatro mil pesos que apenas, apenitas había sacado de Banorte, podría, digamos, cotejarse con la historia de Payno en su famosa novela.
Era 1885. Antonio López de Santa Anna despachaba una vez más como presidente de la república.
Entonces, los caminos de Veracruz estaban asolados por asaltos en las carreteras y todos iban quedando en la más espantosa y terrible impunidad.
Meses después, los asaltos en despoblado se multiplicaron en el resto del país, y de pronto, zas, México estaba igual o peor que ahora con los carteles y cartelitos.
El jefe máximo de todos ellos era el coronel Juan Yáñez, y quien tenía tanto poder que, cosas insólitas de la vida, la policía descubrió que las armas cortas y largas que los sicarios utilizaban para robar a la población, tanto en Veracruz como en el país, las guardaban en una bodega de Palacio Nacional.
Y es que Juan Yáñez era, ni más ni menos, que uno de los escoltas de Antonio López de Santa Anna.

PASAMANOS: Meses después, el coronel Yáñez fue descubierto y su expediente de tropelías llevado al escritorio de Santa Anna, y quien como se recuerda once veces despachó como presidente de la república y tres como gobernador, y dejaba el poder porque se aburría y se iba a jugar a los gallos, siempre acompañado de una damita.
Ante las pruebas, Santa Anna lo sometió al escrutinio público y el coronel Juan Yáñez fue ejecutado y su cadáver expuesto en lo que años después sería el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México.
En efecto, el viernes diez de noviembre, la señora Lorena Campos sacó el dinerito de su cuenta bancaria en Banorte para cumplir pendientes.
Luego, fue, en compañía de su hijo, a otro banco y después a su casa y cuando llegaba un par de rateros, pillos, asaltantes, sicarios (vaya el lector a saber) le cayeron encima.
Y se llevaron el dinero.
Entonces, se trasladó a las oficinas del C-4 (Centro de Control y Comando) en Boca del Río, confiando en las famosas cámaras de videovigilancia.
Y en el C-4 le dieron la sensacional noticia de que las cámaras ubicadas en las calles Urano y Progreso estaban apagadas en el momento del asalto y ni modo, ningún registro, ninguna pista, ninguna huella…, aun cuando, y por fortuna, vecinos del área tienen cámaras de video y registraron el desafortunado suceso.
La señora inculpó a empleados del banco, pues nadie más sabía de su retiro, y con lo que una vez más se confirma la versión negra de que con frecuencia entre malos empleados de los bancos hay vasos comunicantes con las mafias.
Pero, bueno, y más allá de la posibilidad, también resulta extraño y raro que las camaritas del C-4 estuvieran fuera de servicio.
Manuel Payno, tan perspicaz que era, tendría material de sobra para una versión actualizada de “Los bandidos de Río Frío”.
Las puertas, decía Ángel Leodegario Gutiérrez, se abren desde adentro.

CASCAJO: En el video de las cámaras de los vecinos el asalto está registrado con claridad.
Los asaltantes “venían caminando sin ningún problema por la calle Saturno, llegaron a la esquina y sacaron las pistolas, y cuando yo doy vuelta para ir a mi casa, me amarran, me golpean, me estrujan contra el suelo y me jalan y le ordena uno al otro que vaya por mi hijo.
Entonces, les grita que dejen a su hijo en paz y les entrega la bolsa. ‘Yo alcancé a decirle que se fuera, yo no quiero que pase esto a mí ni a nadie’”. (La Jornada Veracruz, Roxana Aguirre, martes 14 de noviembre)
El terror y el horror, la incertidumbre y la zozobra, con absoluta carta de adopción en Veracruz.
Y floreciendo.

RODAPIÉ: Estamos, de hecho y derecho, en fin de año, tiempo cuando la inseguridad suele multiplicarse.
Entre las amas de casa se están whassapeando sobre los asaltos en estacionamientos de las plazas comerciales.
También se advierten de que en caso de una rara y extraña ponchadura y que de pronto aparezca una persona ofreciendo el servicio lo rechacen en automático, porque se trata de un malandro.
De igual manera se acusan de recibo de que hay gente ofreciendo venta de perfumes en frasquitos, en la inteligencia de que son líquidos para atontar.
Y de que mucho cuidado si de pronto en casa toca una chica cargando un niño pidiendo un apoyo, pues se trata de una trampa para asaltar en caso de que les abran la puerta.
Pero encima de tales circunstancias, resulta extraño y raro que las cámaras del C-4 en Boca del Río estuvieran fuera de servicio en el asalto a la señora Lorena Campos, cuando, caray, días anteriores la yunicidad hizo gala de gran inversión para el sistema de videovigilancia más completo y moderno en la historia nacional.

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