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Jueves, 26 de Abril de 2018
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Barandal: Los hijos de AMLO

LUIS_VELAZQUEZ
•Los hijos de Yunes
•Todos se descobijan

Luis Velázquez
03 de marzo de 2018

ESCALERAS: El gobernador Yunes y AMLO se han descobijado entre sí. Los dos, peleadores callejeros, ninguna admite tregua. Bien dice el politólogo Carlos Ronzón: las campañas sirven para conocer al político más corrupto. En la cancha, por ejemplo, el nepotismo. Monarquía también le han llamado. José López Portillo era feliz con su hijo José Ramón como delegado de México en la FAO, con sede en Roma.
AMLO y el Yunes azul se han lanzado bolas de fuego, como dinosaurios.
“El peje” dice que Miguel Ángel Yunes Linares comete nepotismo porque pretende imponer a su primogénito de gobernador.
Incluso, hasta se pitorrea diciendo que los hermanos Moreira, de Coahuila, los dos gobernadores, cuando menos dejaron pasar un sexenio para adueñarse del trono imperial y faraónico.
Pero AMLO también tiene sus pecados sanguíneos.
Un hijo, José Ramón López Beltrán, coordinador de Morena en el estado de México, debutado cuando la campaña electoral de la profe Delfina Gómez, premiada ahora con la candidatura pluri al Senado.
Otro hijo, Gonzalo, a cargo de los comités seccionales de Morena en el país.
Y el otro, Andy, Andrés, el preferido, mueve Morena en la Ciudad de México.
Nepotismo puro, sin duda.

PASAMANOS: El columnista Raymundo Riva Palacio lo publicó en su columna “Estrictamente personal”.
Y entonces, fiel a sí mismo, apasionado tropical, mesiánico, dueño de la verdad, pontífice de la capilla de Morena, AMLO reviró en su contra.
Lo acusó de estar al servicio del CISEN, Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional, anunciando además que cuando llegue a Los Pinos lo desaparecerá porque se ha dedicado a espiar a su familia.
En ningún momento, en el momento, rechazó la versión. Simple y llanamente, despotricó contra Riva Palacio, un reportero que estudiara posgrado de periodismo en Harvard, varios años corresponsal en Washington, políglota que ha recorrido el mundo en tareas periodísticas, respetado y respetable, maestro de generaciones reportiles.
Días más tarde, ya repuesto, incluso, desde Veracruz, el Veracruz que dice abandera en la expectativa electoral encima del resto de las entidades federativas, enfureció de nuevo a una pregunta periodística y reveló los siguientes datos.
Un hijo, dijo, es abogado.
Otro, politólogo.
Y otro, maestro.
Y los tres son honrados. “Y trabajan bastante”
No se parecen, arremetió, a los hijos de Miguel Ángel Yunes Linares, porque, profetizó, “el pueblo no quiere nepotismo”.
Luego, descarrilado, pontífice tropical, tronó contra el reportero incómodo y dijo a todos que le llevaran el recado a Yunes.
“¿Se lo llevarán”, preguntó rijoso como es.
Nada, claro, respondió sobre los cargos partidistas de sus hijos.
Yo, decía Jesucristo, soy la verdad.
Y la verdad absoluta.
También, el tabasqueño.

CASCAJO: En el viejo priismo, Plutarco Elías Calles nombró diputado federal a un hijo y luego Ministro de Estado, y al otro hijo, gobernador de Nuevo León, con todo y que naciera en Sonora, el gran grupo de los sonorenses adueñados de la revolución hecha gobierno.
Francisco I. Madero, el presidente de la república mártir, nombró ministro sin cartera a su hermano Gustavo, a quien el general Victoriano Huerta, “El chacal”, el asesino de Madero y José María Pino Suárez, le arrancara un ojo para someterlo.
Miguel de la Madrid Hurtado decía que Alfredo del Maza González, su secretario de Energía y fallido candidato presidencial, era “el hermano menor que no había tenido”.
Carlos Hank González, el tlatoani del grupo Atlacomulco, la tribu origen de Enrique Peña Nieto, lo dijo así:
“Un político no hereda el poder a un hermano sino a un hijo”.
El gobernador Yunes ya tiene a un hijo, Fernando, de presidente municipal, y al mayor, Miguel Ángel, candidato del PAN, PRD y MC a la gubernatura.
Los tres hijos de AMLO son jefes máximos, por ahora, de Morena, tiempo llegará para entrar a Los Pinos…si llegan, claro.

RODAPIÉ: Del siglo pasado a la fecha, la política ha adquirido un sentido patrimonialista más amplio.
Antes, por ejemplo, el poder se heredaba a los hijos, ahora, también a la esposa.
Por ejemplo:
El ex gobernador de Puebla, el ex priista y panista, Rafael Moreno Valle, candidato pluri al Senado.
Su esposita, candidata del PAN, PRD y MC a gobernadora de Puebla.
Su cuñado, candidato a diputado federal por un distrito de Puebla.
Pepe Mancha, presidente del CDE del PAN, impuso a su esposita Monserrat de candidata pluri al Congreso local para ocupar la curul sin hacer campaña, sin gastar un solo centavo ni menos, mucho menos, exponerse a una derrota.
Otros políticos, como Joaquín Guzmán Avilés, secretario de Desarrollo Agropecuario, reparten el poder entre los carnales.
Una hermana, de diputada local a senaduría y ahora candidata pluri a la diputación federal.
Otro hermano, candidato a diputado local.
Otro hermano, presidente municipal de su feudo caciquil, Tantoyuca.
Regla sabia del sistema político, los cargos públicos quedan para los hijos, las esposas y los hermanos.
A veces, claro, también para las barbies, pues ellas se encargan de que el político llegue feliz y contento a casa para cenar con los hijos y comer palomitas mirando caricaturas.
Que vida nos otorgue Dios para vivir siempre…

POSTES: El filósofo Enrique Peña Nieto copió a Jesús y lanzó su frase bíblica a propósito de la corrupción política:
“Aquel que esté limpie de pecado, dijo, que tire la primera piedra”.
AMLO truena contra el gobernador Yunes por el nepotismo, pero el tabasqueño está igual.
Por eso, ha de cerrarse esta historia convocando a otro filósofo como José López Portillo cuando decía que “este país está a punto de convertirse en un país de cínicos”.
Cínico él, claro, porque alardeaba del “orgullo” de su nepotismo.
Pero el politólogo Carlos Ronzón Verónica dice que López Portillo se quedó corto. Le faltó fósforo bitacal.
Más que cínicos, los políticos han caído en una obscenidad impúdica, donde todos, sin excepción, mesiánicos soñados que se creen, heredan los cargos a la familia, desde el hijo hasta la amada amante en turno.
En todo caso, la palabra cínico viene del griego “Kinos” que significa perro.
Un perro, por ejemplo, se caga o muerde al amo y luego, con mover la cola o con lengüetear la mano del patrón, el amo queda contento y lo apapacha.
Y es que, paradojas de la vida, los políticos lanzan a los hijos, esposas, hermanos y barbies a un cargo de elección popular y ganan en las urnas, más allá, claro, de las mañas de cada quien y que descarrillan la utopía democrática.
Una democracia, además, que a ningún político importa, ocupa ni preocupa.

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