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Domingo, 22 de Julio de 2018
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Barandal: Matar, un hábito normal

 

LUIS_VELAZQUEZ

•Escurren sangre periódicos
•Ayotzinapa en Veracruz

Luis Velázquez
03 de julio de 2018

ESCALERAS: Asesinar a personas en Veracruz, secuestrarlas, desaparecerlas, es ya un hábito normal.
Plagios, incluso, con saña como el caso (el último) del joven de 18 años de edad de Nanchital, Sebastián Alpuche, por cuya libertad sus padres pagaran un millón y medio de pesos y aun así fue ejecutado y tirado su cadáver en una laguna.
Los días y las noches han perdido el sosiego y los periódicos están llenos de cadáveres como el martes 26 de junio cuando en Cuitláhuac fue asesinado el subdirector operativo de Tránsito (ex dijo el boletín), Nelson Aguilar, de un balazo en la cabeza y de postre los malandros le vendaron los ojos.
Incluso, y de pronto, son tantos los muertos que el ciudadano común y sencillo queda absorto preguntándose el número de víctimas de la guerra local entre carteles y carteles y entre carteles y el gobierno, suficientes para llenar el cementerio del pueblo.

PASAMANOS: Hay, claro, rincones de Veracruz convertidos en un infierno y en donde, además de la palabra feminicidio se han acuñado otras como, por ejemplo, infanticidio, juvenicidio y senicidio, pues los tiros y balazos llegan a niños, jóvenes y ancianos por igual.
Por ejemplo, el jueves 28 de junio fue fatídico para Córdoba.
Un comerciante, Justo Sánchez Reyes, perseguido y acribillado a balazos en las calles de la colonia Flores Magón, en tanto los malandros se llevaron a su escolta pues las personas con recursos han decidido contratar a un guardaespalda, y ni así.
Ese mismo día, en Córdoba el ayudante de un mecánico fue asesinado por la espalda.
Y en Córdoba, de nuevo en la colonia Flores Magón, el hermano del ex alcalde de Alpatláhuac, Leonel Sánchez Reyes, fue asesinado y los malosos se llevaron a otro hermano.
El barco de la muerte navegando con vientos favorables en Veracruz.
Es más:
Son tantos los muertes que hemos rebasado por completo las tragedias de Ayotzinapa, Nochixtlán, Tlatlaya, Tanhuato, Atenco y San Fernando, Tamaulipas.
En Veracruz también hay Ayotzinapas.

CORREDORES: La excusa oficial es la misma del duartazgo. Los malandros, dicen, se están matando entre sí en un bárbaro y sangriento ajuste de cuentas disputando la jugosa plaza jarocha con su autopista de sur a norte, los tres puertos marítimos, las pistas clandestinas, el creciente consumo de droga y las policías y jefes policiacos a sus órdenes.
Y cuando hay feminicidios el argumento de la secretaría de Seguridad Pública es el maltrato familiar.
Y cuando son jóvenes, incluso, menores de edad y mujeres como el caso de Río Blanco… porque son halcones y malandras.
Y cuando las víctimas han sido niños, entonces, solo restar acusar de bestias a los carteles, aun cuando también acusar al padre de los niños de un maloso más.
Y cuando como en Amatlán y Córdoba secuestraran y desaparecieran a tres modelos y edecanes… por sus malas amistades.
El Estado, entonces, “se ha lavado las manos” igual cuando el duartazgo, el capítulo más sórdido y siniestro en la historia local.

RODAPIÉ: Un crimen, un secuestro, un desaparecido, una fosa clandestina, un cadáver flotando en el río, un cuerpo arrojado sin vida en un pozo artesiano de agua dado de baja significa una tragedia que tapa, sepulta, esconde, minimiza y hace olvidar a la tragedia anterior (Denise Dresser, Manifiesto Mexicano).
Inverosímil: la yunicidad sigue cacareando en el carril mediático la barbarie heredada por Javier Duarte con la desaparición forzada y al mismo tiempo, minimiza su propio infierno, pues como asegura el Solecito, en el gobierno azul siguen ocurriendo secuestros y desapariciones.
Lo peor: en las campañas electorales a gobernador, una que otra vez, aislada, por ahí perdida, solo para cubrir la apariencia, los candidatos se ocuparon de la incertidumbre y la zozobra.
Y hasta donde se recuerda si se recuerda bien, ningún candidato a diputado local y federal y senador de la república habló del tsunami de inseguridad, quizá porque les vale o acaso porque también se acostumbraron al peligroso diario vivir.

BALAUSTRES: Con todo es el talón de Aquiles del bienio azul. Simplemente, ha incumplido con el pendiente social número uno, el más importante. Un Veracruz herido, lastimado, humillado, vejado, maltratado.
Hombres torturados y asesinados, mujeres violadas y asesinadas, personas decapitadas, jóvenes desaparecidos y ejecutados, hogares enlutados, corazones destrozados, fosas descubiertas, narcocartulinas estrujantes, y en contraparte, un gobierno omiso, incapaz, rebasado por los carteles, dueños de la agenda setting.
Ninguna autoridad, ninguna ONG, ningún académico, ningún medio, cuantificó el número de muertos en el casi sexenio de Duarte.
Tampoco ahora, cuando el Sistema Nacional de Seguridad Pública reveló, por ejemplo, que en el mes de abril de este año Veracruz ocupó el primer lugar en feminicidios, quizá, acaso, y según la filosofía social de la yunicidad, por tanto maltrato familiar, es decir, un Veracruz poblado de machos rijosos.
La vida, como una atrocidad.
Por fortuna (y a destiempo), la yunicidad dejó, parece, de inculpar a Javier Duarte de la pesadilla vivida y ahora cada ocho días el boletín festina una violencia hacia abajo en caída libre.
Los padres ni la familia, los compañeros estudiantes ni los vecinos del joven de 18 años de Nanchital, Sebastián Alpuche, ni el resto de Veracruz piensan así, pero, bueno, cada gobernante suele crear su mundo color de rosa.

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