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Miércoles, 26 de Junio de 2019
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Barandal: Pueblo indignado

LUIS_VELAZQUEZ

•Autoridad, fallida

•Justicia por mano propia

Luis Velázquez

22 de febrero de 2019

ESCALERAS: En Coatzacoalcos, el infierno. El peor infierno de Veracruz con sus 212 municipios. La población, enervada por tanta incertidumbre y zozobra. Secuestros, desapariciones, torturas, asesinatos, decapitaciones, cadáveres tirados en la vía pública, cierre de negocios, desempleo creciente, indolencia y desdén oficial.

Y el presidente municipal, encerrado en su laberinto, en su búnker, en palacio, desoyendo el clamor social.

Y de ñapa, su esposa “tirando su espada en prenda”, zahiriendo a la población, sobre todo, a la femenina. “Pensé, dijo, que eran decentes”, ¡ah!

En todo caso, nadie puede ser decente, guardar las formas, respetar la Cartilla Moral y el Manual de Urbanidades y Buenas Maneras, cuando se ha perdido un hijo, una pareja, un familiar en la descarrilada ola de violencia.

Y cuando, caray, hasta la esposa secuestran, desaparecen, asesinan y decapitan.

PASAMANOS: En repetidas ocasiones, la población ha protestado en las calles y avenidas y plantada frente al palacio municipal.

Y el alcalde, blindado por los suyos, sin dar la cara.

Está claro: no puede. Los malandros lo han rebasado. Pero…, lo peor, no sabe qué hacer. El desconcierto y la parálisis habitan sus días y noches. Llegó al principio de Peter. La población le reclama seguridad y la esposa lo defiende.

Peor aún: atrapado y sin salida en la desesperación, “su luna de miel” topó con pared.

El gobernador, todo indica, le extendió la mano. Le envió mil policías. Pero la violencia sigue. Fuera de control.

Un pueblo está indignado. Coatzacoalcos, la puerta de entrada a Veracruz de la droga de sur a norte, y la puerta de entrada para los migrantes, y el huachicoleo en su dimensión estelar, y los secuestros y las desapariciones y los asesinatos y el cobro de piso, todo produciendo un billete para los malandros.

Ningún manual hay para que un alcalde deje de flotar en medio de la adversidad social.

CORREDORES: Más, mucho más ganaría el alcalde de MORENA, Víctor Carranza, poniéndose de lado de la población que encerrado en su laberinto.

Incluso, encabezando las marchas. O en todo caso, en medio de la población iracunda, por ahí, con su esposa, como parte de las caminatas de la dignidad ciudadana.

Pero, ni hablar, el alcalde ha declarado su actitud enemiga al pueblo. Tomó partido por el gobernador y el secretario de Seguridad Pública.

Y mientras tanto, los carteles y cartelitos siguen como dueños del pueblo.

Imagen del horror y el terror, la penúltima:

El fin de semana, en Cuitláhuac, el pueblo, fue tirado en la vía pública el cadáver de un joven. Sin ojos. Sin lengua. Sin un dedo de la mano derecha. Dos tiros. Torturado. La lengua y el dedo los pusieron encima de su pecho. La barbarie. La saña. El puño y el músculo a Cuitlalandia. Igual, igualito que en el sur de Veracruz cuando, por ejemplo, la madrugada del 16 de febrero un autobús urbano de pasajeros fue asaltado a la altura de Cosoleacaque.

BALCONES: Para la desventura social, igual que el alcalde está la secretaría de Seguridad Pública. Sin una estrategia. Azorada con la violencia.

Y aun cuando dirán que el país está igual o peor, allá cada gobernador con el mundo encima. Aquí, “la muerte tiene permiso” y al día número 81 del sexenio de la izquierda iban 373 asesinatos, 38 feminicidios, dos infanticidios y 88 secuestros.

Además, Coatzacoalcos, irritado. Orizaba, irritada, con la marcha contra el crimen de mujeres. Y en Mariano Escobedo, el aviso al presidente municipal en mantas colgadas en la población. Malandro que detengamos, le advirtieron, será linchado.

Y también, claro, en la ciudad de Veracruz, donde en la unidad habitacional Geo Los Pinos los vecinos advirtieron que si detienen a un ladrón le cortarán las manos.

El pueblo, entonces, haciéndose justicia por mano propia.

La autoridad, fallida.

PASILLOS: Miguel Ángel Yunes Linares fue rebasado por los carteles. Javier Duarte se alió. Fidel Herrera “los dejó hacer y dejó pasar”, y aun cuando traficaban droga, ni siquiera, vaya (quizá por ahí uno que otro aislado) ajustes de cuentas entre malandros.

Ahora, igual que desde el duartazgo, la población civil es víctima.

Claro, diría Renato Sales, el ex Comisionado de Seguridad Nacional, en Veracruz están operando “casi todos los carteles”.

Y en la rebatinga, cada cartel muestra el puño y el músculo para crear la percepción de que son más que los otros.

Y en medio, arrasan y avasallan con la población.

Más, mucho más peor es que el alcalde de Coatzacoalcos, desconcertado, imposibilitado, tampoco sepa el siguiente paso.

Sus neuronas apenas y le alcanzan para esconderse.

VENTANAS: Los carteles y cartelitos luchan por conservar el poder y aumentar sus ingresos y poderío económico.

Y como encuentran un Estado fallido, municipios fallidos, alcaldes débiles, entonces, aquí siguen.

Con todos los argumentos geográficos, han de preguntarse las razones por las cuales, la delincuencia organizada y común ha respetado el estado de Campeche, el priista Alejandro Moreno gobernador, de hecho y derecho un pueblo libre de malandros.

Y más, en un país con tanta sangre chorreando.

PUERTAS: Nadie olvidará jamás en la historia local la sórdida y siniestra alianza de Javier Duarte y los suyos, jefes policiacos y policías, con los malandros.

Incluso, hasta crearon los llamados “Escuadrones de la muerte”.

Primera ocasión en que Veracruz brincara al concierto mundial, primero, como “el peor rincón del mundo para el gremio reporteril”, y segundo, la fosa clandestina más grande de América Latina.

Después, claro, vendría la declaratoria de Enrique Peña Nieto a través del presidente del CEN del PRI, Enrique Ochoa Reza, de que Duarte era el gobernador más corrupto en la historia nacional.

Nadie dudaría, entonces, que los carteles siguen aquí porque descubrieron el paraíso terrenal, tierra fértil para prosperar.

CERRADURAS: Nadie, claro, lo inculpa. Fue su tiempo y está preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, acusado de desvío de recursos, sentenciado a 9 años de cárcel, sin que “el delito de lesa humanidad”, la desaparición forzada, figure en su expediente penal.

Ya se fue y ahora un nuevo sexenio gobierna Veracruz.

Y Coatzacoalcos está convertido en el infierno número uno del Golfo de México.

Y por más y más y más que la población protesta, todos los días los ciudadanos se topan con la inseguridad que los alcanza.

En el largo y extenso túnel de Coatzacoalcos, ninguna lucecita de esperanza social alumbra el viaje al infierno.

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