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Domingo, 17 de Febrero de 2019
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Barandal: Sublevación en Veracruz

LUIS_VELAZQUEZ

* Más pueblos irritados

* Violencia desbordada

Luis Velázquez

ESCALERAS: Un nuevo pueblo se ha sublevado en Veracruz al tsunami de inseguridad y zozobra.

Primero fue Coatzacoalcos, “en pie de lucha”. Caminatas, marchas, plantones frente al palacio, cartita a la ONU, Plataforma Charge.org., Observatorio Ciudadano y el recuento diario de la incertidumbre.

Ahora, es San Rafael. Con otra estratega. Ellos, han recurrido a la Policía Comunitaria.

Por lo pronto, ya funciona en varias comunidades. Y de seguir con resultados, entonces, dice el presidente municipal, Daniel Lagunes Marín, seguirán otros y otros y otros hasta cubrir el territorio local.

En Mariano Escobedo, el presidente municipal, Baldomero Montiel, está angustiado. Los vecinos organizados ya lo advirtieron:

“Si detienen a un malandro… lo linchan”.

PASAMANOS: En Coatzacoalcos, donde más fe y confianza existe en la resistencia pacífica en medio, claro, de una revolución silenciosa. Sin violencia, desde luego. Reclamando sus derechos cívicos.

Y más, cuando y en el caso, el alcalde de Morena, Víctor Carranza, les cierra la puerta edilicia de un portón y en vez de dialogar con ellos se encierra en su búnker.

El alcalde “en su laberinto”.

Ellos, como el resto de Veracruz, están hartos de la ola de violencia. La vida, prendida con alfileres. Sin ningún ciudadano que pueda cantar victoria ni sentirse seguro.

Incluso, considerando que el gobierno del estado envió unos mil policías.

Los asesinatos continúan ha aclarado al gobernador el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Maguín Javier Méndez.

CORREDORES: En San Rafael, los asesinatos están pegando duro y tupido a la población. Pero más, mucho más, los robos de cítricos, el sostén de la economía regional.

Y es que, por ejemplo, cuando los malandros roban una camionada se están llevando unos cinco mil pesos de jalón.

Y más, porque en el pueblo hay unos dieciocho ejidos con medianas y pequeñas parcelas donde la siembra de cítricos significa todo, absolutamente todo para garantizar el itacate y la torta en casa.

BALCONES: La Policía Comunitaria ya funcionaba en el pueblo de El Faisán cuando un asesinato.

La Policía Comunitaria detuvo al criminal y lo entregó a la autoridad.

Para entonces, había policías en otras comunidades como Zanjas de Arenas, El Cabellal y Son Zapotes, y en donde los vecinos hacen labores de vigilancia.

La última se integró la semana anterior en Puntilla Aldama.

“Veremos, dijo el alcalde, como funcionan y nos iríamos avanzando en otras comunidades”.

La mecha ya está prendida. Es el único camino viable para restablecer el Estado de Derecho en Veracruz.

VENTANAS: Habrá quienes, digamos, desde el poder, recuerden a las autodefensas de Michoacán y a la policía comunitaria de Guerrero, tan satanizadas en el tiempo de Enrique Peña Nieto, tan reconocidas ahora con AMLO, el presidente.

Incluso, hasta glorificadas con la senadora Nestora Salgado.

Pero, bueno, si Benito Juárez García, uno de los héroes de AMLO, tuvo su Policía Rural, y que, por cierto, reprodujera Porfirio Díaz Mori, entonces, en los pueblos de Veracruz oliendo a pólvora, el antecedente está cuajando.

Mientras, allá la Cuitlamanía que siga viviendo en gerundio, planeando y volviendo a planear “el tiempo bonito, muy bonito” que vendrá según cacarea cada vez que puede el primer gobernador de izquierda de cara al Golfo de México.

PUERTAS: Hay en Veracruz 212 municipios. Quizá, pronto, 213 si la LXV Legislatura aprueba uno más, Llano de En Medio, para fragmentar Ixhuatlán de Madero. O 214 si camina Tres Zapotes con Jazmín Copete en Santiago Tuxtla. O 215 si a Cardel se le antoja el viaje para separarse de La Antigua de Ana de la Reguera. O 216, si Antón Lizardo quiere fragmentarse de Alvarado. O 217, si Piedras Negras se separa de Ignacio de la Llave.

En fin, con dos municipios, Coatzacoalcos y San Rafael, en la resistencia civil para garantizar la seguridad, significaría que una o dos o tres golondrinitas rara vez anuncian el verano.

Pero aún así, lo importante es que la población comienza a despertar, harta ya, molesta, encabritada, con el principio de Peter, digamos, ahora, de la Cuitlamanía.

PATIO: Más aún. El padre Miguel Hidalgo, otro de los héroes de AMLO, inició la guerra de Independencia con quince campesinos, sus feligreses en la iglesia, y cuando días después llegaban a otro pueblo ya eran seiscientos.

Y más, cuando de pronto, ¡zas! al gobernador le ha dado por alardear que el índice de violencia va a la baja en caída libre y algunos actores sociales le han revirado.

“Unas son las estadísticas que lleva el gobierno, dice el líder empresarial del sur, Javier Méndez, y otras son las que nosotros estamos sintiendo y vemos, y no van a la baja. Por desgracia, están subiendo”.

El México bronco, entonces, estaría despertando. Y solo cuando la población se subleve y reclame y reclame y reclame sin bajar el brazo ni la guardia, ni arrodillarse, el grupo gobernante en el poder sexenal escucha y actúa y opera.

CERRADURA: El estado de Veracruz está hecho un polvorín.

La vida diaria está poblada de secuestros, desaparecidos, torturados, asesinados, decapitados y cercenados y cadáveres tirados en las calles y entre los cañaverales y flotando en los ríos y lagunas.

Además, los robos a casas habitación y de automóviles y a personas y a comercios y negocios.

Y de ñapa, oh paradoja, lo insólito, el rafagueo a los autobuses urbanos de pasajeros que nunca antes, ni en el peor tiempo de todos los tiempos como en el duartazgo.

Y si los malandros se han recrudecido…

Y si la autoridad ha llegado al principio de Peter y se revuelca en la simple declaración mediática vendiendo esperanzas…

Entonces, a la población solo resta organizarse, sin entrar, claro, en conflicto con las policías, sino, quizá, en una de esas, integrando un frente común.

En “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez, Fermina dice a Florentino:

“¿Y hasta cuándo creer que podemos ir en este ir y venir de” la ola de violencia?

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