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Miércoles, 18 de Julio de 2018
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Bélgica hace descarrilar a Brasil

8BA2A631-E344-4034-929E-1BDB77B1A849Una talentosa generación belga muy bien instruida por el técnico español Roberto Martínez fundió a Brasil, exilió a Neymar y garantizó el éxito de una selección europea en este Mundial. En un Mundial en el que de poco han servido las jerarquías. La alta burguesía del fútbol se ha ido por la gatera. En Rusia, ausente Italia, ya han caído otros cinco campeones: la Canarinha, Alemania, España, Argentina y Uruguay. Y por el camino han quedado fulminados Cristiano, Messi y el diez brasileño, que dejó su segundo Campeonato del Mundo con más delaciones del VAR que goles o jugadas versallescas. De momento, en la gran pasarela de las semifinales desfilarán con púrpura Griezmann, Mbappé y Hazard.

Bélgica se ganó el próximo pulso vecinal con Francia tras un partido de alto voltaje con la pentacampeona, que ya sabe que, como mínimo, pasarán veinte años entre su último título (2002) y un posible descorche en Qatar 2022. Brasil se fue de Rusia porque no rectificó a tiempo. En un duelo pendular, Bélgica abrió brecha con un primer acto para fardar en el que dejó sonado a su heráldico adversario. Cuando Tite quiso darse por enterado del baile táctico de los belgas, a Brasil no le alcanzó con un segundo tiempo con más nervio y menos tachas en la pizarra. De un reto ajedrecista sacó más ventaja Roberto Martínez, pese a que la otra marcha de Brasil le tuvo con la nuez anudada hasta el último parpadeo de un encuentro a la altura de un Mundial. Intrigante, tácticamente didáctico y con varios destellos individuales.

De entrada, el catalán Roberto Martínez agitó el tablero y sacó la cadena a Brasil. Del primer tramo, en el que Bélgica encaminó su victoria, mucho tuvo que ver la autoría del seleccionador de Bélgica. El técnico ilerdense sorprendió a su colega Tite con su planteamiento. El conjunto europeo desorientó a su rival al desplazar al gigantón Lukaku al costado derecho, con el fino De Bruyne como ariete postizo y al mañoso Hazard por la izquierda. Martínez prefirió resguardar a Mertens, otro delantero con recursos, en favor de Fellaini en la hormigonera del medio campo. Escoltados por ocho centuriones por detrás de la pelota, los tres atacantes destartalaron a los brasileños, con sus centrales fuera de lugar y ante un panorama que detestan los de su puesto: sin ariete como referencia. Y sin la escoba de Casemiro —sancionado— por delante.

Con Marcelo explotando su indisimulada alma de extremo, el equipo sudamericano se veía forzado a desplazar a Miranda sobre Lukaku, con lo que Thiago Silva era el único alguacil de De Bruyne y el flojo Fagner estaba expuesto ante Hazard. En definitiva, tres duelos esgrimistas, uno contra uno, de los que los belgas salieron asiduos triunfadores.

Frente a la agudeza y movilidad de la vanguardia de Bélgica, la Canarinha fue mucho más previsible. Gravitó, como acostumbra, una y otra vez sobre el costado izquierdo, la veta de Neymar y Coutinho con Marcelo al quite. Sin embargo, Thiago Silva, con un remate al palo, y Paulinho, con un punterazo al aire, estuvieron a punto de marcar en dos saques de esquina. Vía por la que Bélgica encontró su primer, gol, de Fernandinho en dirección contraria tras una peinada de Kompany. A Brasil, que acababa de encajar el segundo gol en lo que iba de torneo, le faltaba salsa, ritmo. Mientras, su oponente picaba en cada contra y apenas se angustiaba. Donde no llegaban Fellaini y Witsel con el pico y la pala emergía Courtois, tan sobrio como ágil toda la noche.

El VAR

El partido superaba a Fernandinho y Paulinho, tanto como agrandaba a los atacantes belgas. Un arreón de Lukaku desde medio campo, como si por su cuenta él solo fuera una manada, derivó en el tanto de De Bruyne, sello de la superioridad de Bélgica hasta el descanso. En el intervalo, Tite envidó con Firmino y no tardó en hacerlo con Douglas Costa, sobre cuyos hombros casi logra Brasil la remontada. Neymar se liberó por cualquier sector del frente de ataque, Marcelo ya solo fue extremo-extremo y Douglas Costa descorchaba una y otra vez a Vertonghen por el otro carril.

De oleada en oleada, Brasil consiguió encapotar a Bélgica, que durante un largo trecho se quedó sin hilo para contragolpear. La Canarinha no solo iba a pecho descubierto, sino que ya tenía hueso en cada asalto. Como ya es rutina, Neymar intentó sin éxito que el VAR se quedara ciego con un piscinazo. No coló, como tampoco tenía broche la brillante faena de Douglas. Hasta que Coutinho asistió con una pelota sutilmente picadita a Renato Augusto, relevo del extraviado Paulinho, que cabeceó a la red. A la espera del tiempo añadido, a Brasil le quedaban unos 20 minutos. Bélgica no daba con el ancla para evitar la quema en el rancho. Renato y Coutinho se quedaron a un dedo del empate.

Roberto Martínez dio tanto carrete a los titulares que casi se olvida de los relevos, que no llegaron hasta que Bélgica se vio empotrada. Se fue Lukaku y el conjunto europeo encontró la solución en Hazard, un delantero que resultó su mejor defensa. El capitán, intermitente todo el partido, asumió el mando en el momento más crítico para los suyos y con sus controles, regates, paradas y arrancadas dio oxígeno a su equipo. Por fin, Bélgica logró ponerse a resguardo a partir de la pelota, abrochada por Hazard. Resistió Brasil y ya por las bravas rozó el empate en un disparo terminal de Neymar que agigantó de nuevo la figura de Courtois. Punto final para el Brasil etiquetado por Neymar. Y punto y seguido para una Bélgica en la segunda semifinal de su historia tras la de México 86. Talento y entrenador tiene. Y eliminar a Brasil siempre gradúa de lo lindo.

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