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Viernes, 06 de Diciembre de 2019
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“Botella al mar” y la realidad virtual en Veracruz

BOTELLA AL MAR

 

Si bien es cierto que en provincia aflora desde hace muchos años una producción audiovisual de ficción y documental, también es cierto que las nuevas modalidades tecnológicas están siendo retomadas en los estados del país con autonomía propia en términos de planteamientos narrativos y temáticos. 

Algo de lo anterior se detecta en Botella al mar (2018), el primer cortometraje de realidad virtual realizado en el estado de Veracruz por Ricardo Benet, un cineasta coronado con premios nacionales y extranjeros por su ópera prima Noticias lejanas (2004). En Nómadas (2010), su segunda obra, el director continuó abordando el tema de la emigración y previamente, en sus cortos estudiantiles del Centro de Capacitación Cinematográfica, construyó historias sobre el arraigo a la tierra y los asentamientos humanos en parajes de dureza extrema (Árido, 2000; Road coffee, 2001). 

Parte de su obra estudiantil depara vasos comunicantes con el corto Botella al mar, donde un envase de cristal echado al mar se vuelve parte de una búsqueda anclada en necesidades emocionales. 

Tanto en Noticias lejanas como en Nómadas se articulan personajes migrantes con necesidades afectivas y de acercamiento al otro. En Botella al mar, dos personajes femeninos (uno joven y otro maduro) desarrollan un periplo que implica reacomodo y búsqueda del enclave afectivo. De ahí que un hombre conocedor del mar se convierta en el centro de la atención femenina; se podría decir que el personaje central de este corto estaría más emparentado con Antes meridiano (2000) que con los otros trabajos estudiantiles mencionados. La felicidad fugaz recordada con nostalgia por una mujer envejecida interpretada por Pilar Souza en Antes meridiano, se torna entusiasmo volátil y búsqueda afanosa en Botella al mar. 

Pero más allá del tema central y los personajes que lo amparan, Botella al mar se convierte para el espectador de realidad virtual en la contemplación de una serie de pasajes que han caracterizado y definen al puerto de Veracruz, vuelto locación única del corto. 

Los lugares típicos se complementan con los espacios modernos: en el recorrido físico de los personajes aparecen tanto la fiesta del danzón en la Plaza de la Campana, como el Centro Comercial El Dorado de Boca del Río, municipio conurbado a Veracruz desde hace muchos años. En el ámbito del espacio tradicional no podía faltar La Huaca, barrio ancestral de donde emanan los personajes femeninos. En cuanto al agua porteña sempiterna, están presentes La Isla de Enmedio y el Malecón, este último como sitio de encuentro del mar con la tierra, desde donde se atisban los barcos varados en el puerto mientras las mercancías foráneas se descargan en los estibadores. 

En la selección de las imágenes, Ricardo Benet optó por aquellas que invitasen al disfrute reposado, más que al juego vertiginoso estilizado en las producciones de realidad virtual. En buena medida, la visión del espectador en una amplitud de 360 grados remite constantemente al elemento agua como señal de vida, a la cual se dirige la búsqueda de una joven. Desde ese posicionamiento, la chica se interroga afanosamente, esperando la respuesta a un acertijo. Pero eso pertenece a una interrogante lanzada por un director que no otorga soluciones al espectador. 

Por lo pronto, habrá que reconocer a la productora VR Awake el respaldo material para cuajar este corto de realidad virtual en el que los espectadores tienen la oportunidad de enlazarse con imágenes que reivindican una mirada serena, que no de dinamismo apabullante. 

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