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Miércoles, 24 de Octubre de 2018
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Brasil resucita en el tiempo añadido ante Costa Rica

 

17CCB1C9-0D93-4819-BED2-BCCE9698D0CFPese a las urgencias en el triunfo ante Costa Rica, no hubo dejadez alguna en el comienzo de Brasil, decidida como parecía a pegar un aldabonazo a las dudas surgidas en el empate frente a Suiza. Sí pecó por plana. La selección de Tite hincó los codos y trató de adelantar la tarea, bien posicionada en campo rival y con una circulación continuada pero desprovista de cambio de ritmo. Fue el empeño del empollón sin brillo, previsible condena de este equipo cuando a Neymar se le pegan las sábanas.

De esta guisa, nada parecía poder alterar a Costa Rica, bien armada con la línea de cinco que le aupó hasta los cuartos de final en el pasado Mundial y paciente para no meter el pie y generar ventajas no granjeadas previamente por la canarinha. El guión, que con el paso de los minutos tendió a la pesadumbre, sólo variaba cuando el solitario Ureña conseguía rescatar alguna pelota arriba y maquinar el despliegue de los suyos. El delantero fue la bombona de oxígeno que permitió a los centrocampistas ticos pisar área. Borges, en una llegada de Gamboa por el carril derecho, erró la más clara del primer cuarto de partido, una sacudida para la planicie brasileña.

El encuentro se había vendido como un cara a cara de porteros con aspiraciones a custodiar la meta del Bernabéu; el eterno reivindicado Keylor y el aspirante Allison. No compareció ninguno en el primer tiempo, aunque elogiable fue lo del costarricense en el segundo. Carburó Navas con un buen achique sobre Neymar, y en general continúo tranquilo porque Marcelo, el único inventor brasileño, disparaba aún con el pie torcido. Fuera del madridista todo era yermo. Coutinho, reafirmado como interior, volvió a constatar que no es el mismo si tiene que ver el área con prismáticos.

Pero lo que realmente preocupaba, ya se sabe, era Neymar, por momentos cojeando y sin iniciativa para ser Neymar. Esta última, y no el marcador, debía ser la mayor preocupación de Tite. No hay otro baremo para calibrar las aspiraciones de la verdeamarela. Nadie lo sabe mejor que sus compañeros, que en el amanecer del segundo tramo se echaron al lomo el partido. Primero fue Gabriel Jesús el que cabeceó al larguero, al momento Coutinho marró un disparo franco en el área y poco después Keylor lució genes felinos para negar un gol cantado al «10». Bastaba ver a Paulinho, atado en el primer acto y suelto por completo tras el descanso, también insistente en el martilleo sobre el meta del Madrid.

Es lo que ocurre con esta Brasil, un equipo que cuando levanta el vuelo es para echarse a temblar, entendible así la intención pragmática de su seleccionador. A Costa Rica la tormenta le cogió bailando. Óscar Ramírez retiró a Ureña e introdujo a Bolaños, centrocampista, para jugar sin delantero claro. La portería de Alisson le quedaba lejísimos. La suya se asemejaba ya a una zona de tránsito obligada, una especie de Muro de las Lamentaciones a la espera de lágrimas. Tite respondió con Firmino por Paulinho, un órdago necesario si se quería evitar convertir el choque con Serbia en una final.

Cómo no, todo se encaminó hacia Neymar, atómico incluso renqueante. La tuvo primero al citarse en soledad con Navas, mal resuelto el asunto con un tiro que se fue cerca de la escuadra. Llegó entonces la escena total: Gabriel Jesús asistió de tacón a la estrella de Brasil y ésta, tras un recorte que le abría las puertas al gol, cayó en un dudoso agarrón de González penalizado por penalti. El VAR intervino y lo anuló, el primero en esta Copa, un retrato para la desesperación del niño de oro. Todo parecía encaminado a la debacle, con Keylor y el gran hermano arbitral como verdugos, cuando Firmino bajó un balón colgado a la olla en el descuento y dio con el corte de Coutinho. La empujó el del Barça y aclaró el panorama a Brasil. Con el encuentro muerto, una carrera postrera de Costa sirvió para que Neymar embocase a puerta vacía, hiciese el primero en este Mundial donde tanto se le espera y rompiese a llorar con el pitido final.

 

 

 

 

Tomado de Abc

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