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Jueves, 19 de Octubre de 2017
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Casi sin poder correr, Ramón Ramírez quiere enfrentar a Alemania en el Zócalo

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La historia de Ramón Ramírez, uno de los máximos ídolos de Chivas, es una lucha contra la adversidad. Ya sin cartílago en la rodilla izquierda, se alista de buen ánimo para sobreponerse a las molestias y disputar algunos minutos este domingo 9 de julio en la explanada del Zócalo.

A 10 años de haberse retirado no piensa desperdiciar una oportunidad de lujo para saludar a amigos y a la vieja Mannschaft, aquella de Lothar Matthäus, Thomas Häsler, Andreas Brehme y Jürgen Klinsmann, entre otros, a quienes dirigirá Berti Vogts. Los organizadores del partido entre mexicanos y alemanes la denominaron la revancha, pero de eso, nada. Cero animadversión.

El campeón de la liga mexicana en el torneo Verano 1997, con las Superchivas, hoy avecindado en Houston, Texas, es un pequeño empresario y comentarista de televisión, quien admite: “Casi no puedo correr, procuro ejercitarme en elíptica y bicicleta… sin el cartílago a veces siento dolor. Esta lesión me retiró del futbol”.

Lo sorprendente es que cuando en un partido Santos-América le rompieron la articulación en diciembre de 1991, él apenas iniciaba su trayectoria. Poco antes había deslumbrado al argentino César Luis Menotti, entonces técnico del Tri, quien no titubeó en convocarlo. La lesión lo dejó nueve meses inactivo y le impidió ir a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Muchos creyeron que no volvería a jugar, pero me levanté e hice una carrera de la que me siento orgulloso, sostiene.

Tragedia

Sin embargo, el cartílago se fue desgastando. Además, otra tragedia desvió su devenir por las canchas. El 12 de diciembre de 2000 tuvo un grave accidente automovilístico en el que infortunadamente una familia murió; él se lesionó un tobillo. Desde entonces no volvió a jugar para el Tri y su marca quedó en 122 partidos.

Ramón iba por la carretera Chapala-Aeropuerto, en Jalisco, cuando ocurrió. Fue muy difícil superar el trauma. No iba en estado inconveniente, tampoco a exceso de velocidad como lo pintan, fue un choque por alcance. La gente a veces habla con facilidad sin saber exactamente cómo sucedió y me responsabilizaron. Ante eso no puedes hacer nada. Durante mucho tiempo tuve ese reproche encima.

En ocasiones, hasta el hotel de concentración de su equipo llegaron manifestantes para acusarlo, familiares de los fallecidos le reclamaban una indemnización.

“Me decía yo, ‘tanta gente que se porta mal y no les pasa nada, ¿por qué a mí?’ Entendí que no estaba en mis manos y poco a poco encontré la paz. Si no eres culpable, si fue una circunstancia fatídica que le pudo pasar a cualquiera, tienes que hallar más tarde o más temprano la tranquilidad”, indica.

También él perdonó. Un año después de haberlo lesionado con ruda entrada sobre la rodilla, Carlos Alberto Carrillo (no logró trascender en el América) volvió a toparse con Ramón Ramírez, quien al ver la aflicción de aquél, le habló amistoso y le dijo que no había bronca, son cosas del futbol, el eterno riesgo de las lesiones, aunque entonces no se imaginaba las secuelas que iba a padecer.

Ramón hoy sonríe. Tiene el corazón dividido entre Chivas y el equipo de sus inicios, Santos Laguna, aunque explica que también conserva gratos recuerdos de Tigres. Con la playera del América fue con la que menos me identifiqué. Hasta me veía raro al principio. Una crisis económica había forzado al dueño, Salvador Martínez, a traspasarlo al acérrimo rival en 1999.

Hubo enojo e indignación entre los aficionados rojiblancos. Pasó sólo seis meses con las Águilas, por amor propio quise la revancha, pero no me la dieron y, en definitiva, jamás tuve una identificación con el América.

A 12 años de radicar en Estados Unidos, con la doble nacionalidad, Ramón concluye: “Jugué dos Copas del Mundo –Estados Unidos 1994 y Francia 1998–, más de cien partidos con la selección, con todos mis equipos disputé una final y sólo gané con Chivas… Creo que sí, cumplí con mis propias expectativas”.

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