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Sabado, 20 de Julio de 2019
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Comidos vivos

 

yalitza

 

Lo hemos visto suceder una y otra vez, como maldición recurrente: un mexicano destaca en cualquier ocupación llamativa (es decir, una relacionada con el espectáculo, el deporte o el arte, porque a científicos o académicos muy rara vez les sucede) y le cae encima, como yunque, la atención de sus compatriotas. Por un lado, iracunda y salivosa, la de aquellos que malquieren instantáneamente al destacado en cuestión y aseguran que lo que sea que haga no es para tanto, que otro (cualquier otro, incluso un figurón execrado en ocasiones anteriores) merecía más esos premios, aplausos o reflectores, que todo se trata de una tomadura de pelo, una imposición, un efecto artificial e indeseable, una moda que durará poco y si lo hace es por conspiración, cochupo o, de plano, por idiotez del resto del planeta. Por el otro lado, y no menos escandalosamente, la atención de aquellos repentinos fieles que proclaman al destacado de marras como el elegido, es decir, la encarnación de los valores de la mexicanidad, el ejemplo que tantos niños y personas humildes aguardaban, la llamita de esperanza que ilumina el sendero de la nación. Por periodos de celebridad así de truculentos han transitado personajes tan variopintos como Ana Guevara, María Félix, Octavio Paz, Elena Poniatowska, Luis Miguel, Cuarón, Del Toro, Iñárritu, Gael, Diego Luna, Dolores del Río, Salma Hayek, Hugo Sánchez, el Chicharito, o, ahora mismo, Yalitza Aparicio. Ya sea para quemarles incienso alrededor o para quemarlos en leña verde, a nuestros héroes nos gusta ahumarlos hasta dejarlos irreconocibles.

Pareciera que a los mexicanos nos resulta impensable que algo, cualquier cosa, salga bien. Y cuando a alguno le sale, especialmente cuando le sale extraordinariamente bien, es como si al resto del hormiguero, o sea, a nosotros, nos echaran encima un cubo de agua hirviente. Y sentimos un ahogo que solo podemos superar escupiendo babas, de ira o de admiración, pero babas al fin. Y sin medida. Acá no hay medias tintas.

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