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Jueves, 23 de Enero de 2020
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Corolario: Crisis en Ecuador

Raul contreras bustamantePor Raúl Contreras Bustamante
En las últimas semanas, nuestra hermana República del Ecuador vivió una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de sus últimos tiempos, que encontró su punto más álgido en una serie de numerosas protestas sociales y una fuerte confrontación entre la población y el gobierno.

El clima de incertidumbre y violencia vivido en ese país sudamericano tuvo su origen el día 1º de octubre cuando su presidente Lenín Moreno anunció un paquete de medidas que implicaron un fuerte ajuste al gasto público.

Como es costumbre en el caso de países que implementan medidas presupuestarias inadecuadas que terminan por generar quiebra financiera, las medidas tomadas por el gobierno obedecieron a una serie de condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional, a cambio de otorgarles un crédito por más de cuatro mil millones de dólares.

El encono de la población fue generado como reacción a la política neoliberal dictada desde Washington –ciudad sede del FMI– que entre los remedios que recomendó aplicar está la reducción del salario y vacaciones de los servidores públicos.
Pero, sin duda, la medida que mayor malestar causó fue el intento de eliminación del subsidio a los combustibles que se otorga a la población de hace cuatro décadas.

Dicha eliminación implicaba el aumento de los precios de los combustibles hasta en un 25%, que provocaba una escalada en los precios del transporte público y de los productos básicos en el mercado.

La reacción llevó a las calles a la población en protestas masivas que obligaron al gobierno a decretar toque de queda en la capital y después cambiar la sede de los poderes públicos de Quito a la ciudad de Guayaquil.
En las calles pudo observarse a sectores tales como estudiantes, transportistas y, sobre todo, grupos de indígenas agrupados en torno de la Confederación de Nacionalidades Indígenas.

El liderazgo que los indígenas tomaron en las protestas ha sorprendido al orbe entero. Sin embargo, esto no fue nada nuevo, ya que en el pasado también han protagonizado otras protestas sociales, que incluso han llegado a propiciar  el derrocamiento de diferentes regímenes en el país. Baste recordar los casos de los presidentes Jorge Mahuad Witt –en el año 2000– y de Lucio Gutiérrez Borbúa en  2005.

La Constitución ecuatoriana reconoce en su artículo primero el carácter intercultural y plurinacional de la población, y reconoce al kichwa y el shuar como lenguas oficiales. Sin embargo, dicha declaración de respeto por los indígenas, no ha sido positiva en la conquista de derechos de esa población.

Después de más de 14 días de protestas, un millar de detenidos y una decena de muertos, el Presidente se vio obligado a ceder y a prometer derogar el decreto que imponía las medidas ya mencionadas.

Sin embargo, la calma que se respira hoy en Ecuador es relativa ante la promesa de un nuevo decreto que derogue al primero y falta ver cómo se resuelve el compromiso con el FMI.

La difícil situación por la que atraviesa Ecuador nos debe recordar que los temas macroeconómicos no deben ser ignorados y que sus fórmulas de solución tampoco pueden ser indolentes ante la realidad cotidiana de una población.

Las soluciones que impone el FMI siempre serán neoliberales e inclementes. Por lo tanto, lo mejor es no generar crisis que hagan indispensable tener que tragar su amarga medicina.

Como Corolario, la frase del filósofo inglés, John Stuart Mill: “Ningún problema económico tiene una solución puramente económica”.

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