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Lunes, 17 de Diciembre de 2018
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Corolario: Unidad en la UNAM

Raul contreras bustamantePor Raúl Contreras Bustamante

En tan sólo unos días habrá de cumplirse el primer aniversario del más reciente sismo que cimbró a varias entidades federativas y a la Ciudad de México el 19 de septiembre. En ese entonces, miles de jóvenes universitarios salieron a las calles a unirse para tratar de remediar la tragedia y ayudar a los damnificados.

La conjunción de varios y últimos sucesos tremendos como el indigno asesinato de Miranda Mendoza, estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Plantel Oriente, y la cobarde agresión que sufrió un grupo de estudiantes que se manifestaba en las inmediaciones de la Torre de Rectoría de Ciudad Universitaria —hiriendo de gravedad a un par de jóvenes— volvió a remover la conciencia ciudadana de la comunidad universitaria para protestar por estas causas.

Ante lo acontecido, estudiantes y académicos de toda la Universidad decidieron involucrarse y convocaron a diferentes asambleas, que dieron por resultado un paro de labores en prácticamente todas las escuelas y facultades de la UNAM en apoyo al rechazo de la existencia de grupos porriles dentro de la Universidad y condenando los ataques violentos contra los estudiantes del CCH Azcapotzalco.

Lo que siguió a esto fue un acto verdaderamente histórico, ya que se vivió una marcha convocada el miércoles 5 de septiembre que contó con la participación de más de 30 mil asistentes. Estudiantes de toda la UNAM, así como, de varias instituciones —IPN y la UAM, entre otras— marcharon por el interior y la periferia de Ciudad Universitaria —en completo orden y civilidad—, mostrando de manera franca su absoluto rechazo a la violencia dentro de la máxima casa de estudios del país.

Del mismo modo en que hace un año en México la respuesta estudiantil se manifestó para ayudar a las víctimas del sismo, esta vez lo fue para demostrar la madurez ciudadana para repudiar la violencia e inseguridad.

La reacción del estudiantado manifiesta su condición crítica y alta formación ciudadana para demostrar su inconformidad, expresar con libertad su opinión y organizarse para exigir a las autoridades que cumplan con sus obligaciones.

Así como para elevar su exigencia y que las agresiones no queden impunes; que las autoridades universitarias garanticen que la autonomía universitaria —esencia de la existencia de la Universidad— brinde las condiciones necesarias y que con ello su comunidad pueda trabajar en un ambiente de paz y seguridad con la única intención de poder cumplir con sus objetivos de docencia, investigación y difusión de la cultura.

Muchas facultades y escuelas han regresado a la impartición de clases y reanudado sus actividades esenciales, pero en otras existen aún asambleas que deliberan temas diversos que han surgido con motivo de estos movimientos reflexivos.

Ojalá y pronto esas inquietudes sean canalizadas y atendidas por las instancias de gobierno correspondientes para que la universidad de la nación no vea interrumpido su camino ascendente, reconocido dentro y fuera del país.

Y es que la mejor manera de honrar y cumplir la trascendente labor encomendada a la universidad nacional es trabajar incansablemente por la educación en nuestro país. Esta inagotable labor que requiere de un permanente esfuerzo, imposible de detener, so pena de atrofiar su correcto andar y con ello el del país.

Como Corolario, las palabras inmortales del maestro José Vasconcelos, lema de nuestra alma máter: “Por mi raza hablará el espíritu”.

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