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Domingo, 19 de Agosto de 2018
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Cristiano le da la victoria a Portugal y Marruecos es el primer eliminado del Mundial

Marruecos es el primer equipo eliminado del Mundial de Rusia. Portugal le ganó este miércoles por 1-0 con un gol de cabeza de Cristiano Ronaldo y, tras la primera derrota ante Irán, aún no ha sumado ni un punto. Se despide, por lo tanto, del sueño de los octavos de final y lo hace con un partido todavía (contra España) por disputar. El delantero portugués ya suma cuatro tantos y es el goleador del torneo.

Sufrió mucho Portugal, sobre todo en la segunda parte, ante el empuje y la valentía de Marruecos que no encontró premio. Rui Patricio fue un muro y tuvo una actuación espectacular. A él y al gol de Cristiano le debe la victoria la selección lusa.

Cinco minutos le bastaron a Portugal para confirmar su estatus en este Mundial. Marruecos, voluntariosa con la pelota, se esmeró en hacerla correr con brío. Lo insinuó ante Irán y lo corroboró ayer, cuando se convirtió en la primera selección en despedirse de Rusia: si hay problemas en su fútbol, no nacen de sus botas. Enfrente, el pragmático equipo del plenipotenciario Ronaldo, tres goles en tres disparos a puerta frente a España; uno en la primera intentona frente a los marroquíes que valió el triunfo, y el pálpito de que a esta Portugal de claroscuros le basta con un par de dentelladas de Cristiano y el sudor en campo propio de los otros diez. Puro tuétano.

El mazazo de realidad, brindado por un centro de Moutinho y aprovechado por un desmarque de tirachinas del «7», no amedrentó a la selección de Hervé Renard. Ziyech, joven volante que ya había brillado frente a Irán, dejó toques de calidad y generó ventajas para los suyos. Nunca quitó la quinta Marruecos, desplegada a todo trapo por el Luzhniki. El problema es que por momentos parecía echar en falta a un padre en forma de nueve, alguien que pagase en caja todos los trajes que sin él no podía lucir más allá del probador. Gotearon los acercamientos, pero por nivel siempre palidecieron ante su gestación y Rui Patricio, tan tranquilo.

De esta guisa, el partido era un deleite para las previsiones de Fernando Santos y su plan, que cobraba sentido cada vez que recuperaba la pelota. «Saber sufrir», lo suelen llamar. El patrón está caladísimo: encontrar en pocos toques la clarividencia de Bernardo Silva, meterle el turbo a Guedes y que Ronaldo vele armas donde más daño hace. Pese al rédito obtenido, no dejó Portugal un partido de suma solvencia. Concedieron demasiado los portugueses, por más que su rival no hiciese sangre y su estrella validase la propuesta.

Ya aclaró Santos en la previa cuáles son sus intenciones con el madridista. Para él es puro instinto por exprimir, justo lo que no disfrutaban sus adversarios, por más que el pentacampeón de la Champions se esmerase en sumar intervenciones en zonas más frías, consciente como es de su capacidad para mejorar al conjunto luso también más allá del área. Lo mismo le da que, como en la Eurocopa de 2016, junto a él esté André Silva, quien asumía el papel de punta de brega con los centrales, o que lo haga Guedes, liviano y profundo: el capitán es capaz de modular su aportación al grupo sin que por el camino se despeñe una gota de nivel.

Tuvo que aplicarse Rui Patricio, recién firmado por el Wolverhampton, en el albor del segundo tiempo. Belhanda lo probó primero, minutos más tarde voló para detener un cabezazo en una acción a balón parado y al rato se quedó con el susto en el cuerpo después de un disparo que se le marchó alto a Benatia. Los truenos, si nadie lo remediaba, hacían presagiar tormenta. Portugal asumía el guión y envidaba con Gelson Martins donde Bernardo Silva, un todo al repliegue y la contra. Su claridad de ideas es una de sus mayores virtudes como favorita.

El cielo se le fue abriendo a los lusos conforme se consumían los minutos, en un ejercicio de estoicismo que pinta igual frente a Marruecos, España o quien se le presente. Deberá pulirlo, eso sí, si pretende que esta gasolina le aguante toda la Copa. Frente a los marroquíes, eliminados, terminó maniatada y persiguiendo sombras, con errores de bulto y una traca final de ocasiones de los africanos que debieron costarle un disgusto. Un despropósito de segundo tiempo que le alcanzó porque en sus filas milita un juez al que le sobran sus propias leyes para dictar sentencia.

 

 

Tomado de ElPaís/Abc

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