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Domingo, 24 de Junio de 2018
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De los agujeros negros al Big Bang: así revolucionó la física Stephen Hawking

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El físico Stephen Hawking, al que sus compañeros consideraban “una de las mentes más brillantes del mundo”, ha fallecido esta madrugada a los 76 años. Dedicó su larga vida –mucho más larga de lo que sus médicos pronosticaron– a desentrañar los misterios del cosmos, y muchos de sus descubrimientos revolucionaron la física teórica.

De niño, Hawking no fue un buen estudiante. Solía ser de los últimos de la clase en la escuela de St Albans (Reino Unido), aunque algunos compañeros se referían a él con el mote de “Einstein”, según un comunicado difundido por la Universidad de Cambridge. Quizá nunca hubieran sospechado que Hawking acabaría convirtiéndose un día en uno de los científicos más prominentes y mediáticos del mundo, comparado a menudo precisamente con el gran físico alemán.

El joven Stephen Hawking estudió física en la Universidad de Oxford. Logró sobreponerse a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que terminó dejándolo en silla de ruedas, y realizó su tesis doctoral en los años sesenta en la Universidad de Cambridge. La tituló “Propiedades de los universos expansivos”; la universidad la hizo pública el año pasado para que todo aquel que quiera pueda consultarla. Según informa la institución, que se convirtió en el hogar académico de Hawking hasta su muerte, la tesis tiene millones de descargas.

Tras acabar la tesis, Stephen Hawking se centró en el estudio de los agujeros negros, un campo en el que ha realizado sus principales contribuciones a la ciencia. Hawking descubrió que los agujeros negros no son tan negros como se pensaba. Estos cuerpos celestes son tan masivos que su campo gravitatorio deforma el espacio y el tiempo hasta el punto que no dejan escapar ni la luz. Todo lo que se acerca a ellos se precipita hacia su interior inevitablemente, para no salir nunca más. O no.

Al aplicar la mecánica cuántica al estudio de estos extraños objetos, Stephen Hawking descubrió que, contra todo pronóstico, los agujeros negros tienen temperatura y producen radiación, bautizada como radiación de Hawking en su honor. Por lo tanto, pueden devolver al exterior la información que absorben.

El trabajo de Stephen Hawking sobre los agujeros negros supuso el primer paso hacia una teoría de la gravedad cuántica, que debería unificar la relatividad general, la teoría de la gravitación y el espacio tiempo y la mecánica cuántica. Actualmente, las tres teorías pueden explicar distintos aspectos del Universo, pero sus piezas no terminan de encajar. Unirlas es el gran reto de la física teórica en la actualidad.

Hawking también propuso que los efectos de la mecánica cuántica en el universo temprano, justo después del Big Bang, produjeron las pequeñas oscilaciones en la gravedad que permitieron que la materia se empezase a agregar y se formasen las primeras estrellas y galaxias. Las observaciones de la radiación de fondo de microondas, procedente del Universo más primigenio, han confirmado la hipótesis de Stephen Hawking. En 2016, ganó el Premio Fronteras del Conocimiento de Ciencias Básicas de la Fundación BBVA junto con el físico ruso Viatcheslav Mukhanov por este descubrimiento.

Además, Stephen Hawking desarrolló una teoría, conocida como ‘estado de Hartle-Hawking’, según la cual antes del Big Bang no existían ni el tiempo ni el espacio: ambos empezaron a existir después del Big Bang, cuando el Universo empezó a expandirse en el espacio y el tiempo.

“Ha sido una época gloriosa para vivir e investigar en física teórica. Nuestra imagen sobre el universo ha cambiado muchísimo en los últimos 50 años, y estoy feliz de haber realizado una pequeña contribución”, declaró Hawking el año pasado, durante la celebración de su 75º aniversario en Cambridge.

 

Tomado de La Vanguardia.

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