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Domingo, 17 de Noviembre de 2019
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Diario de un reportero

  • Nobel se le fue a Kapuscinski
  • Una cronista al Nobel
  • El dolor y el sufrimiento

 

LUIS_VELAZQUEZDOMINGO

Nobel se le fue a Kapuscinski

Ryzard Kapuscinski, el reportero polaco más importante del mundo en el siglo XX, murió con el legítimo sueño del Premio Nobel de Literatura.

Hablaba cinco idiomas. Era historiador derivado en cronista, el gran cronista de su tiempo. Y en misiones reporteriles caminó por los cinco continentes, siempre contando historias de las guerras y de la pobreza y la miseria.

Publicó más de 50 libros, de los cuales a la fecha sólo unos quince están traducidos al español.

Durante un tiempo vivió en México, su base para desplazarse por América Latina atrás de la noticia, pues él mismo consideraba que los periodistas “somos unos perro de caza” que se mueven siempre atrás de un hecho noticioso impetuoso y volcánico, corriendo en manada para ganar a los demás.

Era historiador y se metió en cronista. Luego, soñó con ser escritor y escribió libros literarios donde predominaba la estructura periodística para contar cosas. Entonces, se soñó filósofo, en que incursionó y con mala suerte.

Murió soñando con el premio Nobel de Literatura que muchos años antes había logrado Ernest Hemingway, pero en ningún momento por su gran obra periodística, sino por su obra literaria.

LUNES

Una cronista al Nobel

Svetlana Alexievich es la primera reportera en los siglos XX y XXI en obtener el premio Nobel de Literatura.

Ella estudió en la facultad de Periodismo de Rusia y durante muchos años trabajó en un modesto periódico de su pueblo, Bielorrusia, en desempeños sencillos tal cual como es el diarismo en todas las partes del mundo.

A los 30, 35 años, aprox., publicó su primer libro, luego de que varias editoriales se lo rechazaron por miedo al régimen soviético que, como ella mismo dice, ahora con Vladimir Putin se vive la Rusia de José Stalin, quien creó campos de concentración para los disidentes, intelectuales, disidentes, escritores y reporteros críticos.

Así, a la fecha, cuando ha cumplido 67 años de edad sólo ha publicado seis libros, dos de los cuales, Voces de Chernóbil (editorial Debolsillo) y La guerra no tiene rostro de mujer (editorial Debate) están traducidos al español.

Es decir, con sólo seis libros publicados logró la presa literaria más importante del planeta.

Pero, además, y para gran felicidad de los reporteros del mundo, a partir de su trabajo periodístico, con que la academia sueca reconoce la calidad literaria del ejercicio reporteril.

MARTES

Una honra para todos

Por lo general, cuando se habla de calidad literaria, los escritores suelen menospreciar a los reporteros quienes, según ellos, escriben al fregadazo, al ahí se va, a mil por hora, con una gran descuido en la pulcritud de las palabras.

En el siglo pasado, por ejemplo, cuando se escribía en máquinas mecánicas, la diferencia sustancial llegaba a lo siguiente:

Mientras una hoja escrita por un reportero estaba picoteada de hoyos, mejor dicho, perforada con cada palabra escrita, la hoja de un escritor, que suele escribir con la delicadeza de un pianista, estaba sin raspaduras.

Pero, bueno, ahora con Svetlana sólo se honra la memoria de muchos reporteros que han escrito con una pulcritud literaria, entre tantos otros, y para hablar del continente, José Martí, Rubén Darío, Ricardo Flores Magón, Filomeno Mata, Francisco Zarco, Ignacio Altamirano, Ignacio Ramírez, y tantos otros cuyos textos alcanzaron la más alta dimensión literaria.

Una reportera de 67 años de edad mereció este año el Premio Nobel de Literatura y significa una honra para todos.

MIÉRCOLES

El dolor y el sufrimiento

Los seis libros de Svetlana giran alrededor del sufrimiento y el dolor humano y que tanto ha incomodado a la elite gobernante de la ex Unión de Repúblicas Soviéticas y Socialistas, de tal forma que a cada rato ha sido obligada a exiliarse simple y llanamente para salvar la vida.

Ella es periodista, escritora, dramaturga y guionista de cine; pero de manera esencial se reconoce como una reportera.

Uno de sus libros, por ejemplo, Voces de Chernóbil, crónicas del futuro, recuenta la tragedia de la explosión nuclear y en la que ocupó muchos años para buscar a las víctimas, personas reales, mujeres y niños, ancianos y hombres.

Otro, La guerra no tiene rostro de mujer, está basado en entrevistas a cientos de mujeres que vivieron, sufrieron y padecieron la Segunda Guerra Mundial, tiempo aquel cuando Adolf Hitler y José Stalin disputaron parte del mundo.

En ambos libros, tomó su libreta de taquigrafía y como una reportera, ella misma se fue de enviada especial a buscar historias y que hace 450 años Antes de Cristo también aplicó Herodoto para escribir su tomo “Los nueve libros de la historia”, un recorrido en el continente asiático.

Otros libros de Svetlana, que apenas serán traducidos al español, son:

Los chicos de latón, voces soviéticas de una guerra olvidada, donde pincela un retrato de la guerra de la Unión Soviética en Afganistán.

El tiempo de segunda mano, una historia oral de la nostalgia por la Unión Soviética.

JUEVES

La voz de la gente

Durante muchos años, Svetlana fue diarista cubriendo hechos y eventos que para nada satisfacían su vida interna.

Pero, al mismo tiempo, con una vida estoica que llevaba fue haciendo sus ahorritos y de pronto, zas, renunció al periódico para dedicarse por completo a buscar historias para un texto “de largo alcance” como le llaman algunos escritores a escribir libros.

Por ejemplo, para escribir su libro, El tiempo de segunda mano, y cuando ya recibía regalías de los libros anteriores, pasó veinte años viajando por los estados postsoviéticos.

Así, ella suele mezclar los recursos periodísticos de la crónica y el reportaje, con los recursos de la sociología y la sicología, donde integra la voz de la gente en un collage, de tal manera que en sus textos sólo se leen las voces de los demás, la gente común y sencilla que por lo regular en el ejercicio periodístico convencional nadie escucha, porque para muchos es más importante lo que dicen los políticos.

VIERNES

Satanizada en su país

Antes que Svetlana, otros escritores rusos obtuvieron el Premio Nobel; pero todos, hijos de la literatura:

Ivan Bunin, en 1933. Boris Pasternak, 1958. Mijail Sholojov, 1965. Aleksandr Solzhenitsin, 1970, y Iosif Brodski, 1987.

Cuando ella tenía 37 años de edad era una desconocida reportera en Minsk, y ahora hasta Vladimir Putin quedó sorprendido con su Premio, porque desde hace 25 años , ninguna editorial rusa publica sus libros, dado su enfrentamiento con el régimen de su país, Bielorrusia.

Es más, el presidente bielorruso, Alexandr Lukaschenko, tardó 24 horas en felicitarla, y eso le envió un telegrama con la siguiente leyenda:

“Su arte no ha dejado indiferente ni a los biolorrusos ni a los lectores de todo el mundo”.

Pero de ahí a que la felicitara en persona, ni un ápice de cortesía.

Ella, no obstante, fue ingenua y en las primeras horas declaró que “el régimen estará obligado a escucharme. Hay tantas personas cansadas que ya no tienen la fuerza de creer”.

Ryzard Kapuscinski, sin embargo, lo tenía muy claro: los políticos siempre mienten, y lo que más odian en la vida es la palabra escrita que para ellos es más peligrosa que las armas más sofisticadas del mundo.

 

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