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Domingo, 24 de Mayo de 2020
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Diario de un reportero: Cátedra de periodismo

LUIS_VELAZQUEZ

* El Siempre! de 1962

* El trabajo colectivo

Luis Velázquez

DOMINGO

Cátedra de periodismo

El once de julio de 1962, en el número 21 del semanario Siempre! de José Pagés Llergo, un cuarteto de escritores dieron una cátedra de periodismo y significó una estrategia singular, eficaz y eficiente para enaltecer el trabajo reporteril.

El reportero León Roberto García, y los escritores Carlos Fuentes Macías y Fernando Benítez y el intelectual Víctor Flores Olea, amigos los cuatro, se fueron a Morelos para escribir gran crónica y reportaje sobre el asesinato del líder campesino, Rubén Jaramillo, y de su esposa, quien estaba embarazada y de tres hijos.

El reportaje fue publicado en la sección cultural de Siempre! con el título “Un día en la tierra de (Emiliano) Zapata, testimonios sobre la vida y la muerte de Rubén Jaramillo”.

Aquel trabajo colectivo fue histórico y estableció un parteaguas en el periodismo nacional.

La masacre fue descrita desde 4 miradas, cada una con su experiencia y vivencias y con su formación cultural que enriqueció la historia y descubrió nuevos filones del acontecer.

Pero más todavía, el trabajo en conjunto donde unos y otros se apoyaron para enriquecer su perspectiva y ampliar el horizonte social.

Adolfo López Mateos gobernaba el país y lo insólito y paradójico, era amigo, o se decía amigo de Rubén Jaramillo.

LUNES

4 miradas en la tragedia

La crónica y reportaje de Fernando Benítez fue intitulada “En el hogar aniquilado”.

La crónica de León Roberto García, “Hablan los campesinos”.

El texto/análisis de Víctor Flores Olea, “La mano en la herida”.

El ensayo de Carlos Fuentes, “Xochicalco, altar de la muerte”.

El único delito de Rubén Jaramillo fue luchar por la tierra y los derechos humanos y sociales de los campesinos. Y como denunciara las tropelías del ingenio de Zacatecas en contra de los productores, el gobierno federal con la fuerza policiaca se le fue encima.

Epifania se llamaba la esposa de Jaramillo. Asesinada. Y los hijos, Ricardo, de 22 años. Filemón, de 18. Y Enrique, de 16. Los 5, asesinados. Además, Epifania estaba embarazada..

“El capitán José Martínez gritó desde afuera:

–Si no sale Jaramillo, ametrallamos la casa”.

Jaramillo salió, pero los soldados mataron a todos, cuenta Fernando Benítez en su crónica.

MARTES

Tertulias periodísticas

Pocos, excepcionales, casos de un trabajo periodístico colectivo se han dado en el país.

Por ejemplo, y entre otros, en el periódico Reforma, de la Ciudad de México, cuando coincidieran Raymundo Riva Palacios, Ignacio Rodríguez Reyna y Ciro Gómez Leyva, y quienes tenían, digamos, tertulias periodísticas, tan recomendadas por Gabriel García Márquez para mejorar los contenidos.

Y es por aquí les daban una misión informativa, el trío se juntaba para intercambiar barajitas sobre, primero, las fuentes informativas directas y alternativas y los contactos y relaciones en cada lado.

Y segundo, reporteado el asunto se reunían para escudriñar la posibilidad literaria con que contar mejor la historia.

En aquel trío, el gurú era Riva Palacio dada su amplia y sólida experiencia. Uno, corresponsal de México en Washington asignado a la Casa Blanca. Dos, sus recorridos por el mundo. Y tres, estudios de posgrado sobre periodismo en Harvard.

Es decir, una vida alternando con los mejores reporteros del planeta.

Tiempo cuando el objetivo superior era el periodismo y la amistad generosa y solidaria.

Entre los tres construyeron el mejor periodismo del siglo pasado.

MIÉRCOLES

Lucha de egos

Un día, hacia 1961, recién llegado a México, a Gabriel García Márquez le regalaron la novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo. Su amigo y paisano, Alvaro Mutis, le dijo:

–Léalo… para que aprenda a escribir.

Era una de las formas de Mutis para apoyar a su amigo y que leído el libro discutían la trama.

Francis Scott Fitzgerald, el famoso escritor norteamericano, abrió puertas periodísticas y editoriales a Ernest Hemingway, quien era cuatro años menor. Incluso, lo promovía como la más grande promesa literaria.

Pero si en el gremio literario hay novelistas, cuentistas y poetas en una lucha campal por los egos, en el periodismo se recrudece.

La rivalidad suele llevar, por ejemplo, a la soberbia atroz, porque por lo regular la humildad se desconoce en el trabajador de la información, y por añadidura, cada uno se siente y cree el iluminado enviado de Dios.

Y por eso mismo, constituye tarea titánica que entre los reporteros practiquen las llamadas tertulias periodísticas en el mejor sentido de García Márquez con el único objetivo de enaltecer el trabajo diario.

Incluso, y cuando suele darse entre amigos que son… adviene un punto cuando terminan conflictuados porque uno se cree superior al otro.

Es la naturaleza humana. Los escritores, sin embargo, con frecuencia son más humildes porque aceptan los talleres literarios.

JUEVES

Retocar los textos

En 1942, Martín Luis Guzmán (El águila y la serpiente, las Memorias de Pancho Villa, de quien fue secretario particular) fundó la revista Tiempo.

Se publicaba una vez a la semana y un día lo destinaba para una tertulia periodística y literaria con el equipo reporteril, entre ellos, muchos años después, los periodistas originarios de Veracruz, Othón Hernández, ya fallecido, Gonzalo López Barradas y Luis Gutiérrez, e Ignacio Ramírez, también fallecido.

En la tertulia, Martín Luis Guzmán analizaba las crónicas y los reportajes paso a paso, página por página, buscando siempre la narrativa eficaz para contar la historia.

Y siempre lo hacía a partir del texto publicado. Y desde luego, nunca eran aquellas pláticas un monólogo, sino un diálogo donde todos participaban en igualdad de circunstancias, de igual manera como los escritores que como Stephafane Mallarmé decían que un texto ha de retocarse una y otra vez, bien cepilladito para publicarse, a diferencia de la versión del siglo pasado cuando se aseguraba que un reportero escribía a martillazos, a tal grado que perforaba la hoja en el rodillo de la máquina mecánica.

VIERNES

Carpintero de la prosa

En el semanario Proceso, el fundador y director general, Julio Scherer García, tenía en el mejor cronista de su tiempo, antes y después, Francisco Ortiz Pinchetti, a uno de los carpinteros de la prosa encargado de pulir y volver a pulir los textos hasta convertirlos en un vaivén maravilloso con una prosa sabrosa, fina y elegante.

Un reportero, por ejemplo, escribía la crónica y el texto y con todo y significar una investigación del más alto nivel en los hechos y detalles y personajes y circunstancias, pero en la mirada de don Julio necesitaba que lo cepillaran.

Y Pinchetti era el carpintero preferido. Y cuando el texto era publicada desde el punto de vista literario, estilístico, estaba irreconocible, pero ultra contra súper mejorado.

Ortiz Pinchetti solía encerrarse en su casa uno, dos, tres días según el caso, volviendo a escribir la crónica del compañero y que convertía en un deleite, un gusto, gustazo enorme y gigantesco, placentero, en su lectura.

Así, algunos textos seguían aquel proceso industrial. Uno, el trabajo del reportero. Dos, la evaluación de Scherer. Y tres, la retocada de Ortiz Pinchetti.

A sugerencia de Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway reescribió el final de su novela “Adiós a las armas”, cuarenta y dos ocasiones para “llevar al lector a una gran intensidad emocional”.

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