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Martes, 16 de Octubre de 2018
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Diario de un reportero: Desencanto del periodismo

LUIS_VELAZQUEZ

•La compra del silencio
•El incienso es buen negocio

Luis Velázquez
06 de octubre de 2018

DOMINGO
Desencanto del periodismo

54 años después como reportero, Jorge Arias está desencantado del periodismo.
De nada sirve el periodismo, digamos, crítico.
Ningún objetivo social se logra.
Simplemente a los políticos les vale la crítica.
Y por más y más documentado que esté un texto, incluso, con pruebas notariales, papeles, grabaciones, los funcionarios públicos y los políticos lo toman como una conspiración en su contra, y/o en todo caso, como una presión del trabajador de la información y del medio para sacar un billete, privilegios, concesiones y canonjías.
Manuel Buendía, el columnista asesinado por la espalda en el segundo año del presidente Miguel de la Madrid, lo decía:
El reportero puede denunciar y denunciar a los políticos pillos y ladrones, y nada pasa.
Los políticos siguen cometiendo fechorías y el periodista sigue desgastándose sin ningún beneficio social para la comunidad ni tampoco sin que el político deje “de meter las manos al cajón”.
Incluso, y por lo general, suelen formarse dos bandos reporteriles.
Unos, publicando lo que ven y descubren, y otros, defendiendo y “tirando incienso” a los políticos.
Por cada reportero que evidencia y cuestiona hay 99 tundeteclas defendiendo a los políticos.

LUNES
El caso de Proceso
La más alta expresión crítica en el país está, por ejemplo, en la revista Proceso de don Julio Scherer García.
Desde su fundación, en los últimos meses del presidente Luis Echeverría Álvarez, Proceso ha significado la conciencia crítica.
Semana a semana ha documentado los ilícitos y los abusos y los excesos del poder tanto de los políticos encumbrados en el gobierno federal como en los estatales y en unos que otros municipales, y sin embargo, el país tiene el primer lugar de corrupción política en América Latina y uno de los primeros en el mundo.
De nada, pues, ha servido el ejercicio crítico de Proceso. Cada sexenio los políticos siguen “ordeñando la vaca”, intocables como se creen y sienten.
Don Julio Scherer, don Francisco Maza y Vicente Leñero, fundadores de Proceso, murieron, y se llevaron el país que soñaron con su periodismo pleno de equidad y justicia, y de igualdad social, económica, educativa, de salud y de seguridad.
Y lo peor, todo está peor que antes.
El periodismo, como la conciencia crítica que pudiera servir para orientar y reorientar la vida pública al servicio de los pobres, de nada ha servido.

MARTES
La historia de Flores Magón

Bastaría referir un momento estelar en el país.
Ricardo Flores Magón es el santo varón del periodismo. Cien por ciento crítico, siempre del lado de los pobres desde su periódico “Regeneración” Incluso, fundó el Partido Libera para complementar su lucha periodística ante Porfirio Díaz Mori.
Y en respuesta, el dictador lo encarceló durante 44 ocasiones, en tanto al director del “Diario del Hogar”, Filomeno Mata, donde se editaba “Regeneración”, lo encarceló 36 ocasiones.
Nunca Porfirio Díaz miró el periodismo de Flores Magón como una posibilidad para mejorar el ejercicio del poder.
Simple y llanamente, lo declaró su enemigo y se fue con todo el aparato gubernamental en su contra.
Es más:
Porfirio Díaz financió el primer periódico industrial del país, “El Universal” de su amigo Reyes Spíndola, a quien regaló con dinero público la primera rotativa comprada nuevecita en Estados Unidos, y que todos los días lo proclamaba héroe nacional.
Unos dicen que Flores Magón murió en la cárcel enfermo de tifus y otros historiadores aseguran que fue asesinado porque Porfirio Díaz de plano llegó a la histeria en su contra.
La misma historia de Flores Magón sigue repitiéndose en el país. El último caso sería el de Carmen Aristegui, castigada por la publicación de “La Casita Blanca” de “La gaviota”.

MIÉRCOLES
La compra del silencio

En el sexenio anterior en Veracruz existió una prensa crítica limitada, nos cuantos, ante los abusos y excesos del poder de Javier Duarte y los suyos.
Duarte, por el contrario, arreció destinando trece mil millones de pesos a los medios para comprar el silencio y para que le tiraran incienso a su paso.
Los voceros condicionaron el subsidio y el convenio mensual a la mayoría de los medios, a cambio, incluso, de golpetear a los pocos y escasos reporteros críticos, a quienes, además, en muchos casos la prensa les cerró las puertas.
Y aun cuando hubo un periodismo documentado evidenciando las acciones de gobierno del duartazgo, nunca la voz periodística fue escuchada, ni menos para enmendar el ejercicio del poder.
Más aún, los funcionarios duartistas se pitorreaban de los críticos, y en otros casos, los ignoraban, y hasta los denigraron.
Peor tantito: en el duartazgo fueron asesinados diecinueve reporteros y tres más desaparecidos, y en la mayor parte de los casos, y en nombre del poder gubernamental fueron acusados de jefes de prensa de los carteles y cartelitos.

JUEVES
Escribientes del poder

En teoría, se dice que la prensa significa un dique al poder absoluto o excesivo de los políticos y funcionarios públicos, los líderes y los caciques, los legisladores locales y federales.
Pero una cosita es la teoría, la utopía, el ideal, el sueño social, y otra, la realidad.
En el terreno de los hechos, las elites políticas y mediáticas suelen volverse socios, aliados y cómplices y cada parte “se cura en salud”.
Y como el poder público siempre tiene “el látigo por la mano” y el recurso público, entonces, los medios se tornan sus escribientes.
Y más cuando la vocación dictatorial de los políticos quiere unos plumíferos a su servicio.
Un medio se porta bien con el político y el político es recíproco y así su aura monárquica y caudillista alcanza la dimensión estelar y lo que algún ex gobernador denominara “la plenitud del pinche poder”.
Nada, pues, suele ganarse en materia social con el periodismo crítico.
En 36 años, por ejemplo, ningún logro social ha alcanzado el semanario Proceso con su periodismo sin concesiones, informado y documentado, menos, mucho menos, los reporteros, digamos, críticos sin provincia.

VIERNES
Periodismo intrascendente

Cinco décadas después, el reportero Jorge Arias sabe que una cosita es la tarea de informar, y otra, mil años luz, lograr, alcanzar, ejercer un periodismo trascendente, como en el siglo pasado le llamara el teórico Salvador Borrego.
Y es que rara, excepcional ocasión el periodismo incide en la vida pública para orientar y reorientar la filosofía sexenal de las elites políticas.
De nada, por ejemplo, han servido tantos reportajes y crónicas y notas y libros publicados sobre el caso Ayotzinapa como tampoco las marchas y caminatas de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos, pues el gobierno federal y estatal siguen empeñados en que todos ellos fueron incinerados.
De nada ha servido, por ejemplo, el periodismo crítico y las marchas en Veracruz, incluso hasta con el Santísimo paseado en la vía pública en manos del obispo Eduardo Patiño Leal, para frenar el tsunami de infanticidios y feminicidios y la inseguridad, la incertidumbre y la zozobra en el diario vivir.
Los políticos van por un camino y el periodismo puntual por otro y la gente reclamando la básica calidad de vida por otro.
Por fortuna, chambeando en varios medios, Jorge Arias ha logrado llevar el itacate y la torta a casa… y que, bueno, es ganancia.

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