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Jueves, 25 de Mayo de 2017
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Diario de un reportero: El valle de la muerte

LUIS_VELAZQUEZ

•Veracruz, incendiado
•Impunidad con Yunes

Luis Velázquez
29 de abril de 2017

DOMINGO
El valle de la muerte

De un paraíso que era, Javier Duarte dejó a Veracruz convertido en un río de sangre y en un valle de la muerte.
Y lo peor, está igual o peor.
Los derechos humanos, las garantías constitucionales, los niños asesinados (y hasta de cinco años como en Tantoyuca), los feminicidios, los cadáveres tirados a orilla de carretera y entre los cañaverales, los desaparecidos, integran la herencia fatídica del preso en un cuartel militar de Guatemala, cierto, cierto, cierto.
Pero al mismo tiempo, cinco meses después que mañana se cumplirán todo sigue igual.
Las madres de los desaparecidos (hijos, primos, tíos, padres, familiares) siguen tocando puertas en la Yunicidad clamando justicia, simple y llanamente, justicia, y en el mejor de los casos, pareciera que el principio de Peter cayó sobre el bienio azul.
No pueden. O de plano, fueron rebasados, con todo y Gendarmería, Policía Militar, CISEN, marinos y soldados, Fuerza Civil y policías estatales y municipales, israelitas, colombianos y Genaros García Luna.
El colmo: los Solecitos vendiendo antojitos en el carnaval y en Semana Santa en la playa para avenirse de recursos con que seguir buscando a los suyos, como si fueran pedigüeños y limosneros.
Limosneros, claro, de justicia social.
Tema pendiente, con todo y Fiscalía y la Comisión de la Verdad integrada, ajá, para buscar desaparecidos.

LUNES
Agenda pública irresuelta

En el tercer estado con mayor potencialidad electoral, luego del estado de México y la Ciudad de México, Veracruz, nunca la inseguridad en la vida y en los bienes, razón fundamental del llamado Estado de Derecho, ha ocupado tanto tiempo y espacio y titulares en la agenda pública.
La batalla contra la violencia brinca como el más grave pendiente, mucho más allá de la deuda pública, por cierto ya olvidada en el pasillo político y en los medios, y de los abusos y excesos del poder del duartismo de los que el ciudadano sólo se acuerda cuando ha caído un político más al penal de Pacho Viejo.
Lo peor: con todo y las fuerzas armadas y los discursos incendiarios ofreciendo esperanzas nada, absolutamente nada, reduce los asesinatos.
Y para que el mismito gobernador reconozca que los homicidios se han disparado ya está canijo.
Por fortuna, los trastupijes de la diputada local de Morena, Eva Cadena, la mujer perturbadora de AMLO, han servido como elemento distractor.

MARTES
Veracruz incendiado

El 14 de octubre del año anterior, Miguel Ángel Yunes Linares declaró a “El País”, Jacobo García, que Duarte dejaría “un Veracruz pobre, quebrado e incendiado”.
Y por tanto, planteaba, el Peñismo debía enviar al Ejército o a la Marina.
Pues bien, como dijera aquel, las fuerzas armadas federales están aquí. En el territorio jarocho. Duarte está preso en Guatemala en camino de extradición. 67 duartistas tienen denuncias penales en la Fiscalía. 300 más son investigadores según el boletín oficial.
Pero la vida cotidiana sigue colgando de un alfiler, en el filo de la navaja, al borde de la muerte.
Ninguna duda hay: los carteles y cartelitos continúan ganando la batalla.
Y aun cuando en la declaración oficial se asegure que se trata de ajuste de cuentas entre ellos (lo mismo que cacareaba Duarte y Arturo Bermúdez y Flavino Ríos y Érick Lagos, etcétera), igual que en el duartazgo en la Yunicidad siguen asesinando a civiles, entre ellos, se repite un niño de cinco años en la tierra caciquil de Joaquín “El chapito” Guzmán
Avilés, el secretario de Desarrollo Agropecuario que sueña con la candidatura al Senado el año entrante.

MIÉRCOLES
Impunidad con Yunes

El gobernador abarató el discurso cuando asegura que “Duarte coludido con el crimen organizado, como hizo su antecesor, Fidel Herrera, no hizo nada para frenar la ola delictiva” (Ibídem).
Y ninguna duda existe.
Y más, si se mira hacia los señalamientos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de desaparición forzada en Veracruz en el tiempo de Duarte y el secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, preso en Pacho Viejo.
Okey.
Pero al momento, Bermúdez está sujeto a un proceso penal por otros delitos, menos por “el delito de lesa humanidad” como es la alianza de los policías estatales con los carteles y cartelitos, casos los cinco jóvenes de Playa Vicente levantados en Tierra Blanca y los tres jóvenes de Papantla y el cantante de “La Voz México”, Gibrán Martiz, y el ex agente del Ministerio Público de Cardel y su secretario particular secuestrados, desaparecidos y sepultados en una fosa clandestina del terreno anexo al Frac. Colinas de Santa Fe, en el puerto jarocho.
Y si Duarte y Bermúdez incidieron en delitos de lesa humanidad, entonces, la Yunicidad está cayendo en la impunidad, y tan grave el primer delito como el segundo.

JUEVES
Yunes, igual que Duarte

El sacerdote de la Teología de la Liberación, José Alejandro Solalinde, ha sido categórico: con Duarte desaparecieron quince mil personas. Niños, jóvenes, mujeres y personas mayores. Civiles todos, además, claro, de los muertos derivados del ajuste de cuentas entre malandros.
En la dictadura militar de treinta años del general Videla en Argentina, treinta mil muertos.
En los seis años de Felipe Calderón Hinojosa, veinte mil muertos.
¡Qué más da, entonces, que los quince mil desaparecidos en el duartazgo, como dice Solalinde, queden, vayan quedando en la impunidad!
Y más, porque el único objetivo del bienio azul es ganar la alcaldía jarocha para un hijo y la gubernatura de seis años para el otro.
Antes que hacer justicia a los familiares de los secuestrados, desaparecidos y muertos, “el orgullo de mi nepotismo”.
Antes que construir obra pública, el resentimiento, el rencor y la venganza contra todo lo que huela a Javier Duarte, sin olvidar que el objetivo central es Fidel Herrera en el penal de Pacho Viejo.
Duarte dejó incendiado Veracruz. La Yunicidad pareciera ir por el mismo camino.

VIERNES
“La muerte tiene permiso”

Javier Duarte tenía 43 años cuando dejó el poder absoluto. Miguel Ángel Yunes Linares tenía 63 años cuando llegó al poder.
Duarte está preso en una cárcel militar de Guatemala y Yunes tiene horrorizados a los duartistas con la cuchilla encima por si se mueven, como el caso de Gina Domínguez cuando el mismo día en que reapareció con una columna periodística “curándose en salud” fue citada por la Fiscalía a una diligencia.
El discurso de Yunes en contra de la corrupción política es tan intenso que el ciudadano estaría seguro de que el gabinete legal y ampliado está formado por ángeles de la pureza, impolutos todos, incapaces, ajá, de dejarse crecer las uñas.
Pero la honestidad también incluye hacer justicia a los familiares de los desaparecidos.
Y más aún, detener, abatir, disminuir, desaparecer, el tsunami de violencia que ha ubicado al Veracruz azul en los tres primeros lugares nacionales en homicidios, entre ellos, el niño de cinco años de Tantoyuca, igual, igualito como empezó Duarte.
Peor aún, igual que Duarte de que “aquí no pasa nada”, Yunes con su frasecita de “es fácil criticar desde afuera”.
Veracruz, río de sangre donde “la muerte sigue teniendo permiso”, en el más horroroso de los mundos, como el caso del joven de 23 años ejecutado y abandonado en la carretera de San Rafael Calería a Rancho Quemado, en Córdoba, con el cuerpo torturado, y con la espalda llena de narco/mensajes sórdidos y siniestros.

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