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Miércoles, 26 de Abril de 2017
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Diario de un reportero: Un simple contador de historias

  • Un simple contador de historias

  • El periodismo como contrapeso

  • Desdén por la palabra escrita

 

LUIS_VELAZQUEZDOMINGO

La inutilidad de la palabra

 

Hay días, muchos, cuando se piensa en el sentido social del periodismo.

Uno se pregunta, por ejemplo, si el periodismo en Veracruz ha servido para reorientar las políticas públicas.

Y si las crónicas sobre las desviaciones sociales y económicas de los políticos han sido de provecho para redefinir las acciones de los gobernadores y alcaldes en turno y mejorar la calidad de vida de la población. Un millón de indígenas. Dos millones de campesinos. Tres millones de obreros.

Y si, digamos, un reportaje ha servido para más allá del control de daños, combatir y reducir el enorme nivel de corrupción política, económica y social en que se ha incurrido.

Y si una columna periodística ha frenado los excesos y abusos del poder público, tanto en el destino de los recursos oficiales como en el respeto a los derechos humanos y las garantías constitucionales.

Y si tantas y tantas crónicas publicadas sobre las desapariciones forzadas, en que policías, acatando quizá órdenes de los políticos desaparecieron a personas incómodas y las entregaron a los malandros, han sido disminuidas y/o nulificadas con la palabra escrita.

Y cuando se hace un balance resulta que la palabra de nada ha servido, porque todo sigue igual o peor.

 

LUNES

“Escribe lo que ves”

Por el contrario, luego de dar vueltas y vueltas a la posibilidad, resulta que se ejerce un periodismo intrascendente porque nunca, jamás, ha normado la vida pública.

Peor tantito: entre políticos y medios críticos parece existir, hay, una guerra a muerte, como si ambas partes fueron enemigos declarados.

El político, por ejemplo, y por razón natural, busca el halago y el incienso. Una prensa dócil y sumisa, a sus órdenes.

Y aun cuando hay una prensa que así lo acepta, en el otro lado del charco también hay una prensa que apuesta al periodismo que cuenta las cosas como son, sin maquillaje, como lo establece el Eclesiastés en el primer párrafo introductorio. “Escribe lo que ves”.

La desigualdad social y económica en Veracruz, una de las peores de la nación. 200 familias dueñas de más del 60 por ciento de la riqueza. Veracruz, estado migrante. El primer lugar nacional en producción y exportación de trabajadoras sexuales. Seis de cada 20 habitantes en la pobreza, la miseria y la jodidez. 600 mil analfabetas que no saben leer ni escribir en el tiempo del Internet y cuando un montón de ricos desaforados, aburridos de vivir en la tierra, irán a vivir a Marte.

Y cuando una parte de la prensa se ocupa de tales pendientes, a ningún político interesa. El menosprecio y el desprecio para la palabra escrita.

 

MARTES

Todo… por la iguala

 

Javier Duarte con sus voceros llegaba a lo siguiente:

Uno. Condicionaba el pago del convenio publicitario mensual a la docilidad absoluta.

Dos. Manipulaba a los reporteros afines en contra de los periodistas críticos y a quienes denostaban desde las columnas políticas hasta las redes sociales.

Tres. Exigían la renuncia del reportero incómodo al medio correspondiente… a cambio, incluso, de sostener la iguala mensual.

Cuatro. El menosprecio más grande, imperdonable, fue el siguiente: acusar de narcos, amistades prohibidas, relaciones peligrosas, a la mayor parte de los 19 reporteros y fotógrafos asesinados, más tres desaparecidos.

Jamás en el sexenio anterior una crónica, un reportaje, una nota, una columna, una editorial, sirvió para reorientar la política sexenal.

Simple y llanamente, les valió, de igual manera como le vale a la mayor parte de los políticos.

El voto obtenido en las urnas les sirve, según ellos, para la corrupción y la impunidad absoluta.

Y los medios que evidencien el orden de cosas establecido son unos traidores…, ajá, a Veracruz.

 

MIÉRCOLES

Ningún sentido contar los hechos

 

Hay días, muchos, cuando uno se pregunta si tiene caso, razón de ser, un periodismo que cuente las historias de cada día tal cual como han sucedido, y/o en todo caso, hasta donde se puede reportear con rigurosidad.

¿Para qué, entonces, escribir y publicar lo que sucede cada día?

¿Qué sentido tiene estar publicando y publicando casos de corrupción, desvío de recursos, negocios lícitos e ilícitos al cobijo del poder, la soberbia y altanería con que los políticos suelen ejercer el poder, el nepotismo y el autoritarismo… si todo sigue igual, pues a los políticos, dueños del día y de la noche, les vale, simple y llanamente, les vale?

¿Qué razón de ser hay para publicar la relación de secuestrados, desaparecidos, asesinados y fosas clandestinas si al momento, y por ejemplo, en Veracruz, 19 reporteros fueron ejecutados en el sexenio anterior, y en el bienio de la Yunicidad ya va uno asesinado y otro baleado y la casa de una reportera tiroteada, ajá, que porque los tiros eran para la casa vecina?

¿Tiene caso, digamos, y sin exagerar, arriesgar la vida publicando y comentando los hechos de cada día si todo sigue igual, pero además, la vida misma se expone?

 

JUEVES

Reporteros en peligro

 

Víctor Frankl, el sicólogo alemán, dice que la vida tiene sentido por las siguientes razones:

Una, por una causa social. Dos, por una causa familiar. Y tres, por una causa religiosa.

En el caso del periodismo sería, digamos, por una causa social. Pero el ejercicio reporteril bien definido alrededor de un solo eje:

¿Se ejerce el periodismo para volverse un amanuense de los políticos en turno o para contar los hechos de cada día tal como son, con toda la crudeza, y en ningún momento porque se tenga rencor y odio en contra de la generación política recién aterrizada en el poder, sino porque el periodismo así se concibe y así se vive y los hechos mandan?

Y es que el político encumbrado en ningún momento se vuelve infalible. Es un ser humano, como cualesquiera otro, con aciertos y errores. Sólo que en la cima del poder suele volverse mesiánico y cree y siente que el resto de la humanidad ha de estar a sus órdenes.

Y es ahí cuando encaramado “en la plenitud del pinche poder”, a nadie escucha, a nadie oye, y si de pronto hay reporteros, digamos, críticos (como se les llama) son declarados enemigos mortales.

Y por añadidura, la vida, la tranquilidad y la felicidad del reportero peligran.

 

VIERNES

Ganarse la vida

 

Manuel Buendía, el columnista más importante del siglo XX asesinado por la espalda en el segundo año de Miguel de la Madrid, decía que el reportero escribe y escribe y nada pasa. El político es indiferente y menospreciativo. Sólo su verdad cuenta. Y siempre le asiste la razón.

Por eso, la insustancialidad del periodismo.

Ni siquiera, vaya, Ricardo Flores Magón y Filomeno Mata, entre tantos otros, pudieron frenar los excesos del porfirismo. Al contrario, Flores Magón, 41 veces encarcelado. Y Filomeno Mata, 36. Y a Belisario Domínguez, Victoriano Huerta ordenó que un veterinario le cortara la lengua para que dejara de publicar artículos en su contra y de pronunciar discursos incendiarios en el Congreso de la Unión.

Sólo la vocación y la pasión periodística permiten seguir de pie, levantándose cada día a seguir empujando la carreta.

El reportero, un simple contador de historias incómodas… que rara, extraordinaria ocasión, nunca, trascienden en la vida pública.

El periodismo en Veracruz nunca ha significado un contrapeso del poder. En todo caso, una forma sencilla de ganarse la vida con un salario achicado.

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