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Jueves, 16 de Agosto de 2018
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Diez de mayo, nada que celebrar

Foto: Fabián Delgado

Foto: Fabián Delgado

Cinco kilómetros recorrieron a pie las madres de desaparecidos en Veracruz para recordarle al Estado que sus hijos cayeron en un agujero negro. En un abismo de ausencia, succionados por la delincuencia organizada y en otros casos por corrupción policiaca.

A falta de pastel y velas en más de 200 hogares de Xalapa y la región, las madres de Colectivos de Desaparecidos salieron a las calles de la Atenas Veracruzana: 20 de noviembre, Xalapa, Murillo Vidal, Orizaba, Ávila Camacho, Xalapeños Ilustres y Enríquez para recordarles a la Fiscalía General del Estado (FGE), a la Secretaria de Seguridad Pública (SSP) y al gobierno de Veracruz, al anterior y al actual, que la justicia no ha llegado y que como vela de pastel, la llama de la esperanza se está apagando.

“¿Dónde están?, ¿Dónde están?, nuestros hijos ¿dónde están?”, “este día no es de fiesta, es de lucha y de protesta”, “yo solo quiero este diez de mayo, el abrazo de mi hijo desaparecido”, son los gritos desgarradores que se escuchan en la plancha de concreto. Oraciones estremecedoras que emanan de madres cuyas lagrimas no secan y cuya herida en el corazón no termina de cerrar, por el contrario, se va haciendo más grande, como más grande se hace, año con año, el contingente de madres que buscan a sus hijos.

Aquí en Xalapa son los Colectivos de Familias Enlaces Xalapa, Hasta Encontrarlos y Colectivo por la Paz Xalapa quienes caminan y tapizan las calles de la capital del estado con los rostros de Yosimar, de Yureni, de Citlali, de Alberto, de José, de Alejandra, de Gemma y de un centenar de personas más, en su mayoría jóvenes, quienes por diversos factores fueron –literalmente- tragados por la tierra, ante la inoperancia, incompetencia y en muchos casos, complicidad de la autoridad.

Y aquí en la calle, la terapia psicológica de madres de desaparecidos es la misma, no hay psicólogo, ni terapias en hospitales privados, son con los reporteros, con las cámaras de televisión y con celulares de alta tecnología, donde las victimas desahogan sus penas.

“A mi hijo lo sustrajeron de su casa”, “fue a una fiesta y ya no regresó”, “mi hija siempre me hacía de cocinar”, “el gobierno no entiende el dolor de una madre”, “nada han hecho por buscarlos”, “no les importa el dolor que sentimos”, “a veces me siento muerta en vida”, son los lamentos que registran las grabadoras y que capturan los teléfonos móviles.

El contingente ya casi llega a Palacio de Gobierno, en ningún rostro de las madres, vestidas en blanco la mayoría, se registra cansancio o hastió, pero si son el fiel retrato del dolor, del llanto, del coraje, de la rabia, del temple, que hay que seguir adelante, pues como ellas mismas lo dicen: “Una madre nunca olvida, la ausencia de un hijo desaparecido”.

Ahí frente al Palacio donde gobernó el priista, Javier Duarte de Ochoa, mandatario con el que se registraron 3 mil, 600 desapariciones en seis años, las madres de desaparecidos hacen el pase de lista de sus hijos. Ojos vidriosos y labios mordidos en unos casos, llanto total en otros. Es diez de mayo, y en casa el pastel y el regalo del Día de la Madre tendrán que esperar un año más.

 

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