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Jueves, 21 de Junio de 2018
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“El Bebé de Rosemary”, 50 años de satanismo con el sello de Polanski

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rosemarys-baby-1968La historia del cine tiene en sus memoria una larga lista de películas sobre Satán, pero fue Rosemary’s Baby (El Bebé de Rosemary o La Semilla del Mal), estrenada hace medio siglo, la que puso de moda esta temática con un brillante filme de Roman Polanski, capaz de crear un cuento de terror que podría pasarle a cualquiera.
Fielmente basada en un libro de Ira Levin, Rosemary’s Baby se estrenó el 12 de junio de 1968 y fue la primera película totalmente estadunidense del polaco Roman Polanski, que dio una lección de cómo partir de lo cotidiano para crear un opresivo clima de miedo e inseguridad.
Nada tan cotidiano como una joven pareja que se muda a un apartamento en Nueva York y decide tener un hijo, como unos atípicos vecinos ancianos demasiado solícitos o un marido capaz de todo por triunfar como actor.
Pero todo se enrarece cuando Rosemary (primer papel protagonista de Mia Farrow), tras una satánica pesadilla nocturna, se queda embarazada y empieza a sospechar que una terrible amenaza se cierne sobre ella y el bebé que espera.
Polanski maneja con maestría en este film la carta de la ambigüedad.

“No quiero que el espectador piense ‘esto’ o ‘aquello’, quiero simplemente que no esté seguro de nada. Esto es lo más interesante: la incertidumbre”.

Y es que la imaginación es la mejor máquina de crear terror si los indicios son lo suficientemente sugerentes y en este caso lo son, envueltos en un halo de normalidad y con una obsesión por el detalle con la firma de Polanski.

“No hay nada de sobrenatural salvo la pesadilla. La idea del diablo podría considerarse como una paranoia de Rosemary durante su embarazo o por una depresión postparto”, dijo Polanski al canal de YouTube ‘Conversations Inside The Criterion Collection’.

Sin embargo, el espectador empatiza inmediatamente con la frágil y angelical Rosemary, que se hunde cada vez más en un ambiente en el que su marido, su médico y los entrometidos vecinos le arrebatan el control de sí misma como persona y como mujer.

 

 

EL OSCAR NO CREYÓ EN ELLOS

Una fragilidad y desesperación que borda una principiante y católica Mia Farrow, quien se enroló en el filme a pesar de la oposición de su marido Frank Sinatra —le envió los papeles del divorcio al rodaje— o que fue capaz de comer hígado crudo siendo vegetariana.

“Para ser sincero —reconoció Polanski—, no estaba entusiasmado con ella hasta que empezamos a trabajar. Entonces descubrí, para mi sorpresa, que es una actriz brillante. Este es uno de los papeles de mujer más difíciles que puedo imaginar”.

Sin embargo, el Oscar fue para Ruth Gordon, que construye con maestría el papel de la peculiar vecina Minnie Castevet, y Polanski no logró hacerse con la estatuilla al Mejor Guión Adaptado.
La relación del director no fue sin embargo tan idílica con John Cassavetes, que interpreta al marido de Rosemary, un actor con métodos muy alejados de la obsesión de Polanski por la planificación y la infinita repetición de las tomas.

 

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LA EDIFICACIÓN DEL MAL

Como otras películas satánicas, Rosemary’s Baby no se libró de la leyenda negra, empezando por el lugar donde se rodaron los exteriores, el Edificio Dakota, a cuya puerta sería asesinado John Lennon y donde a comienzos del siglo XX vivió el mago Aleister Crowley, de quien se dice que practicó allí sus rituales.
En una época en que la sectas ocultistas proliferaban en Estados Unidos, miembros de algunas de ellas se concentraron a las puertas del Dakota al saber de la temática del filme y amenazaron a Polanski para que no siguiera con el rodaje.
Hubo incluso quien quiso ver un vínculo con la muerte, un año después, de la esposa de Polanski, Sharon Tate, embarazada de ocho meses, a manos de la secta La familia, de Charles Manson.
En todo caso Rosemary’s Baby (El Bebé de Rosemary o La Semilla del Mal) no ha perdido ninguna de sus virtudes y ha dejado en los ojos de muchos cinéfilos el rostro espantado de Rosemary cuando contempla por primera vez a su hijo. Una imagen que se niega al espectador porque como defiende Polanski: “mostrar al niño habría sido un gran error”.

 

TOMADO DE EXCELSIOR.

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