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Jueves, 28 de Mayo de 2020
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El calcio se prepara para el abismo de una suspensión

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El Gobierno de Italia tiene pocas certezas sobre cómo será el desconfinamiento y cuándo llegará la normalidad. Las fases, tras una confusa presentación el pasado domingo del primer ministro, Giuseppe Conte, siguen sin estar claras y las protestas de distintos sectores crecen cada día. Pero cada vez está más claro que el balón difícilmente volverá a rodar en los estadios de la Serie A esta temporada. El ministro de Deportes, Vincenzo Spadafora, señala que conviene “empezar a pensar en el siguiente año”. Los clubes, aterrorizados por las pérdidas millonarias que eso supondría, insisten públicamente en que prefieren seguir jugando mientras sacan la calculadora.

Italia decidió el pasado domingo que los atletas que practiquen deportes individuales puedan entrenarse a partir del 4 de mayo, pero los clubes de fútbol deberán esperar al menos hasta el 18 para reanudar los entrenamientos. Poco más. Conte no dio datos sobre la vuelta de la Serie A, la única competición que sigue en el aire (baloncesto, voleibol y rugby abandonaron oficialmente la temporada 2019-2020). Los clubes votaron la

semana pasada en asamblea y de forma unánime la voluntad de seguir hasta terminar el curso. Pero su postura, en realidad, no está tan clara como parece. Hay en marcha una partida de póker millonaria.

La mayoría de equipos preferiría pensar ya en el siguiente año, como sugiere el ministro. Los problemas sanitarios que pueden acarrear un regreso precipitado, la falta de rodaje y las lesiones o las consecuentes demandas penales derivadas de posibles positivos inquietan a sus asesores. Solo la Lazio, que está a un punto de la Juventus y ve cómo se esfumaría la posibilidad de ganar el scudetto 20 años después, presiona realmente para concluir el campeonato. Su presidente, Claudio Lotito, ha ofrecido incluso que se dispute a través de un partido único contra la Vecchia Signora, que encabeza ahora la clasificación y ganaría su octavo campeonato seguido si la liga concluyese así.

El problema principal, nadie lo esconde, es económico. Los clubes piensan en las reclamaciones que recibirán de las marcas y las televisiones. Quieren que el Gobierno sea quien finiquite la temporada y se decrete el motivo de fuerza mayor, por el que no se verían obligados a devolver el dinero y evitarían un desastre. Si el campeonato se diera por terminado, el fútbol italiano podría perder unos 700 millones de euros, apunta Marco Bellinazzo, periodista y autor del exhaustivo El fin del calcio italiano. La caída de ingresos en los estadios rondaría los 150 millones, la de contratos por patrocinio alcanzaría los 250 y el resto, unos 300 millones, son posibles daños ligados a derechos de televisión. “Ese es un tema decisivo porque los clubes italianos viven de ello. Para muchos es la mitad de la facturación. Y nadie quiere dar ese paso primero para no perderlos. Es una partida decisiva para el calcio. Tiene una debilidad estructural a la que se podría añadir una crisis brutal por la situación de la covid-19”, apunta Bellinazzo.

EL PAÍS

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