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Lunes, 11 de Diciembre de 2017
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El CET, el lado humano de la PGJ, atiende a 60 pequeños guerreros

niños

Un total de 60 guerreros se encuentran en el Centro de Estancia Transitoria (CET) de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) capitalina. Se trata de niñas y niños, hasta de 12 años, víctimas de violencia familiar, abuso, omisión de cuidados o abandonados.

La mayoría regresa con sus padres o familiares cercanos, al determinarse que cuentan con las aptitudes necesarias, de acuerdo con un dictamen sicológico y de trabajo social, y si los niños lo aceptan. Los expósitos se dan en adopción al carecer de un familiar que los reclame.

Algunos, sin embargo, permanecen en el inmueble hasta cumplir 12 años y son transferidos a una institución donde continúa con sus estudios y se les otorgan herramientas para salir adelante cuando cumplan 18 años, como sucedió con una joven que ahora trabaja con nosotros.

En entrevista, la subprocuradora de Atención a Víctimas del Delito y Servicios a la Comunidad, María de los Ángeles López Peña, explica que el CET es el lado humano de la PGJ, donde viven, comen, juegan y estudian, con las mismas reglas y horarios de un hogar.

Se trata, dijo, de restituirles esos derechos fundamentales y hacerlos sentir como en casa, donde las costumbres del Día de Muertos, Navidad, Reyes Magos o el Día del Niño se convierten en una gran fiesta, que les permiten allegarse de dulces, juguetes y ropa, porque vivimos de muchas donaciones.

Todos cuentan con atención integral y multidisciplinaria, brindada por 167 trabajadores sociales, sicólogos, médicos, nutriólogos, odontólogos y encargados de estimulación temprana –para los bebés–, que se apoyan también en empleados administrativos, indicó.

Las instalaciones tienen capacidad para atender 80 menores, pero regularmente alberga entre 60 y 70, los cuales han sido víctimas de violencia familiar. En algunos casos uno de los padres está muerto, mientras el otro está en la cárcel, o porque sus familias homoparentales, es decir, tíos o abuelos no se quieren hacer cargo de ellos.

Otros son enviados porque fueron abusados o sufrieron omisión de cuidados; y los menos son los abandonados, los expósitos, que entran a un proceso de adopción, que lleva hasta cuatro años, pues hay que identificar, a través de estudios y convivencia, la viabilidad de los futuros papás.

Hasta el momento suman ocho casos aprobados por el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, pero la lista de espera es pequeña y está cerrada, porque no podemos generarles falsas expectativas, comentó.

El proceso que se sigue con cada niño depende de la victimización que sufrió, pero a todos se les da amor y cariño, son “verdaderos guerreros, porque desde pequeños están sufriendo, y encuentran en cada trabajador a la mami o al papi, con quien platican, juegan o estudian, pues es difícil no crear lazos afectivos”, añadió Marisol Odriozolo, directora operativa del CET.

De acuerdo con el año escolar en que se encuentren, puntualizó López Peña, son ubicados en escuelas cercanas, donde sólo los directivos conocen su situación para evitar casos de acoso; mientras los bebés son atendidos por un grupo médico especializado.

Hay historias de vida muy hermosas dentro de todo esto que se ven siempre en la Procuraduría, es un lado humano muy positivo, concluyó la subprocuradora.

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