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Jueves, 16 de Agosto de 2018
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El entusiasmo no fue suficiente y Santos deja fuera al América

guerreros

Buscaron una hazaña que parecía impensable, la tuvieron cerca y la acariciaron. Sin embargo, el entusiasmo no fue suficiente y América fue eliminado en la semifinal por Santos, que empató 2-2 en el estadio Azteca, pero ganó 6-3 en el global tras la ventaja de 4 a 1 que lograron en Torreón, para meterse a la final del torneo Clausura 2018. El título estará en disputa ante Toluca.

Un día antes, Oribe Peralta señaló que una hazaña como la que necesitaban no podía ser obra de un héroe solitario, revertir cuatro goles requería no sólo el esfuerzo colectivo, como advirtió el atacante, sino el de toda una legión.

El reto era cuesta arriba. Suprimir a un rival entregado, que no sólo había jugado con un robusto sentido del decoro, sino que, además, tiene hambre genuina, no parecía cosa fácil.

Antes de empezar el juego, algunos signos no eran buenos para los seguidores de Torreón. Santos no tenía de titular a su estilete Djaniny Tavares, quien aguardaba en la banca.

América, en cambio, era predecible que si no salía en versión turbo, difícilmente lograrían remontar tanta desventaja.

Y cumplieron. En la primera media hora, el equipo de Coapa regaló momentos de vértigo y delirio. Apenas empezaba el juego y Cecilio Domínguez demostraba que venían en actitud ambiciosa. Un tiro libre fue la oportunidad de mostrarle la mala cara a Santos, lo cobró con malicia, pero no pudo sorprender al portero.

La sorpresa llegó pronto y con cierta polémica, Gerardo Alcoba saltó para ganar un balón y en el salto le dio un ligero recargón a Henry Martín en el área. El árbitro no dudó en silbar el penal. Al minuto 11 Cecilio cobró con solvencia y devolvió la confianza en lograr una hazaña.

Aquello fue una descarga de entusiasmo para un equipo que parecía no intimidarse por la desventaja. Oribe Peralta estaba desatado, como si quisiera revertir en unos minutos tantas semanas de aridez en un torneo donde apenas metió tres veces la pelota.

Lo que resultaba inconcebible en ese momento era el desconcierto y nerviosismo de Santos.

América capitalizó esa incertidumbre del adversario. Un tiro de esquina de rutina lo convirtieron en otra oportunidad imperdible.

Bruno Valdez emergió para recordarle a su equipo que no era una aspiración extravagante conseguir la remontada. Asestó un remate que logró el segundo gol de Las Águilas al minuto 23, para dejar al equipo a sólo un tanto de distancia de conseguir algo que antes se veía distante.

Si en las áreas técnicas es posible descifrar otras claves del drama que ocurre en la cancha, esta vez lo que sucedía era de una claridad luminosa: Miguel Herrera recorría su área como animal enjaulado, a los gritos y manotazos, excitado. El área de Santos, en cambio, lucía desierta, Dante Siboldi estaba en su asiento con la mirada preocupada y atenta a lo que sucedía sobre la cancha.

Tras media hora de marcha forzada, América bajó las revoluciones y Santos asomó tímidamente la cabeza. Jonathan Rodríguez tuvo su momento para demostrar que suplir a Djaniny Tavares había sido una decisión afortunada.

Una jugada en ascenso con Brian Lozano, quien titubeó un instante, pero alcanzó a otear a Rodríguez para filtrarle la pelota. El atacante desbordó solo para encarar al portero. Agustín Marchesín rebotó el balón, Rodríguez recuperó y cruzó con sabor y malicia para estropear el júbilo americanista con el primer gol de Santos, al minuto 41.

El descanso fue el pago justo al desgaste de ambos equipos y de los nervios tensos de los aficionados. Ese intermedio le sentó bien a los de Torreón, porque regresaron más asentados.

Poco después de volver al campo, Jonathan Rodríguez estuvo a punto de anotar el segundo, personal y del equipo, pero la pelota dio en el travesaño y poco después Lozano también atinaría a ese tubo horizontal que dejó a los americanistas mordiéndose las uñas.

América ahora lucía preocupado. Después del subidón emotivo, la meta de dos goles más no pintaba buena cara, pero se las arregló para volver al modo optimista. De nuevo con la pelota en los botines, salieron a acortar la distancia. Dos veces estuvo cerca el gol. Una de Andrés Ibargüen y otra más de Renato Ibarra, dos intentos fugaces que dieron en manos de un infranqueable Orozco.

Cuando el tiempo empezó a amenazar al América, con pocos minutos para buscar esos dos goles, la afición local en el estadio Azteca hizo retumbar el cemento con el himno más optimista del equipo, que se quedaba sin aire.

Los cambios de Santos fueron más apuestas de seguridad. Apenas dos minutos en la cancha, un descuido de los cada vez más pesimistas americanistas, y Jesús Isijara se escapó por la derecha para disparar un tiro como de entrenamiento y colar el segundo gol de Santos al minuto 85; que representó el boleto a la final. El sueño americanista se disolvió en ese momento; el de Santos se volvió tangible.

Siboldi se mostró serio durante la conferencia de prensa, señaló que los tiempos de Dios son perfectos, la final llega en un momento importante, si bien faltaba la experiencia de vivir esto, la capacidad y preparación la tenía.

Jonathan Rodríguez dijo: Queda un partido más y pienso que Santos está para grandes cosas. Nadie daba nada por nosotros, éramos un equipo del montón, pero con humildad, concentración y actitud hemos llegado a esta instancia.

Con impotencia, Miguel Herrera reconoció que fue un fracaso, pues el América está obligado a conseguir el título. Negó que tenga una lista de transferibles, como se rumoró en la semana, y dijo que tiene dos años de contrato, aunque la directiva definirá mi futuro. Aseguró que la diferencia entre ambos equipos fue que en las Águilas no fuimos certeros en la ofensiva, mientras Santos fue más preciso.

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