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Domingo, 27 de Mayo de 2018
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El lujo de enfermarse en México

salud mex

Angélica Díaz, nacida en Puebla, trabaja como empleada de hogar en varias casas de la Ciudad de México, pero ninguno de sus patrones le paga el seguro social. Tampoco lo tienen sus padres, campesinos, ella con diabetes y él con hipertensión, que abonan de su bolsillo los gastos médicos. Lo último: una operación de apendicitis para su hermano que les costó 40.000 pesos (unos 2.100 dólares), una auténtica fortuna teniendo en cuenta que el salario mínimo es 88,36 pesos diarios.

Son solo dos ejemplos de la situación en la que viven muchos millones de mexicanos para los que ponerse enfermos es un lujo solo reservado a las clases pudientes y curarse de verdad algo solo al alcance de las élites, a pesar de que el derecho a la salud está consagrado en el Artículo IV de la Constitución.

“Apenas un 7% de la población recibe una atención médica digna”, asegura un especialista del centro médico ABC, de la capital mexicana, una de las instituciones privadas más prestigiosas del país. “En el sector público existe falta de atención debido a la escasez de personal, carencia de recursos, tanto diagnósticos como terapéuticos, y sobrecarga de trabajo”, sostiene Jimena Ramírez de Aguilar, médico internista que compagina la sanidad pública con la práctica privada en ese hospital.

VIH Y ATENCIÓN GINECOLÓGICA

C.B.

No todo es negativo. Por ejemplo, el acceso a los antirretrovirales para tratar la infección por VIH-sida es gratuito en todo el país, aunque haya diferencias entre los Estados, y la atención ginecológica, pese a que quede mucho por hacer, parece ir generalizándose, aunque también intervienen factores culturales y el hecho de que en muchas zonas no haya médicos suficientes. “Si tuviera que poner una calificación en este tema sería de siete ya que en ningún Estado hay cobertura universal de los servicios de salud obstétrica y ginecológica. En el ámbito nacional, el 96% de las mujeres son atendidas por profesionales durante el parto, sin embargo, en Estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero solo el 75-80% tienen esta oportunidad”, dice la ginecóloga Liliana Oropeza. “Lo mismo sucede con la distribución y uso de métodos anticonceptivos. En Sonora y Chihuahua tienen una prevalencia semejante a las de Europa, y nuevamente en Chiapas y Oaxaca hay una mayor desigualdad”, añade.

Robin Shaw, oncóloga ginecológica del Instituto Nacional de Cancerología, un organismo público que se ocupa también de las doblemente marginadas del sistema de salud, señala otro problema: las mujeres sin recursos que sufren cáncer. “Muchas tienen que dejar de trabajar, pierden el cabello o pierden interés en el sexo o sufren algún tipo de mutilación y entonces las abandonan. Es la cultura del macho mexicano”.

Sobre el papel, el 100% de los mexicanos tienen algún tipo de cobertura sanitaria. Según el Gobierno de Enrique Peña Nieto, en 2016 el Seguro Popular (SP) –que atiende a los más pobres, pero que no es totalmente gratis ya que el paciente debe pagar una cuota anual y parte de las intervenciones y medicamentos– cubrió a 53,3 millones de personas; el IMSS (seguro social) y el ISSSTE, para los funcionarios y sus familias, a 78, más el millón inscrito en las Fuerzas Armadas y en la petrolera estatal Pemex. Los números no cuadran porque la cifra supera a la de población (unos 123 millones). La explicación es que muchos están duplicados en uno o varios seguros al tiempo que otros ni siquiera saben a qué tienen derecho y no se registran. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), por su parte, manejaba la cifra de unos 100 millones en 2015 y en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del tercer trimestre de 2017 señala que unos 32,6 millones de trabajadores no tienen acceso a los servicios de salud. Es decir, que dos de cada tres personas con actividad productiva carecen de esta prestación, lo que no es de extrañar en un país con más del 50% de su fuerza laboral empleada en la economía informal. Una portavoz de la Secretaría de Salud confirmó las cifras, mientras su titular, José Narro, ha dicho que ” un sistema de salud único sería lo más conveniente para México”, si bien añadió que ese objetivo llevaría tiempo porque antes debería implantarse la cobertura universal.

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