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Miércoles, 21 de Agosto de 2019
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“El presidente de la Federación tenía una habitación secreta donde violaba a niñas”

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«Sobreviví. Creo que soy una buena superviviente».

Y Khalida Popal (Kabul, 1987), que ha mantenido la mirada fija en los ojos del periodista durante toda la charla, se relaja. Había sido capaz de relatar años de sufrimiento apretando los puños y sin que las emociones entrecortaran sus recuerdos. Mira a su alrededor. Se siente a salvo. Logró establecerse en el exilio, en Copenhague, tras dejar atrás los campos de refugiados. Pudo escapar de los insultos, de las amenazas de muerte, de los intentos de violación sufridos en un país al que quizá ya nunca pueda regresar. Consiguió sacar de Afganistán a su familia, en peligro por no querer olvidar a su hija. Y los requerimientos de la policía afgana por considerarla «antimusulmana» quedan ya en buzones de nadie.

¿Cuáles fueron sus pecados? Empeñarse en que las mujeres pudieran jugar a fútbol. Impulsar la primera selección femenina de Afganistán, a la que incluso capitaneó. Defender sus derechos en un país en el que, según los últimos informes de Human Rights Watch, aún rige la impunidad contra quienes abusan o ejercen su violencia contra las mujeres. Pero Khalida Popal no se derrumba. Por eso señala a Keramuddin Keram, presidente de la federación afgana de fútbol, pero también en su día señor de la guerra y ex gobernador de la influyente provincia de Panjshir. Por eso le acusa de haber violado a menores de edad, niñas del equipo nacional de fútbol en busca de un sueño, en una habitación secreta de las dependencias federativas. Allí había una cama.

El presidente de la federación afgana ha sido suspendido por la FIFA. ¿Quiere hablar de ello?
Sí. Yo fui una de las informantes. Incluso después de dejar mi país, seguí involucrada en el desarrollo de la selección femenina de Afganistán. Yo era la directora de programas. Estaba ayudando a que pudieran tener campos de entrenamiento fuera del país. Lo que ocurrió… Fuimos testigos de un incidente en nuestro equipo. Algunos de los representantes de la Federación comenzaron a abusar de nuestras jugadoras. Nos quejamos. Profundizamos. Yo comencé mi propia investigación. Encontré que el autor de esa violencia era el presidente de la Federación de Fútbol de Afganistán. Tiene una habitación secreta en su oficina donde mete a las niñas. Y allí las viola y después las suelta. Fueron varias. Venían con sueños, sentían que los habían alcanzado. Chicas de familias corrientes… Y ese hombre, agazapado como si fuera un cazador, se dedicó a cazar.

Pese a que la FIFA mantiene suspendido a Keramuddin Keram desde el pasado mes de diciembre, el máximo mandatario del fútbol afgano no ha perdido su cargo. Tampoco ha pisado un juzgado. Ni mucho menos un calabozo. Según el New York Times, la FIFA no concluirá su investigación hasta dentro de un año. Y la Fiscalía afgana, más allá del apoyo público del presidente del país, Ashraf Ghani, no ha avanzado en sus pesquisas. Los investigadores del fiscal general no han obtenido los visados para salir del país e interrogar a los testigos, como la propia Khalida Popal. El escándalo, del que informó el diario The Guardian, involucraba a otros cuatro miembros de la Federación de Fútbol de Afganistán, incluidos entrenadores. Fueron suspendidos de sueldo por la Fiscalía afgana por presuntos abusos, sexuales y físicos. Todo ha quedado ahí de momento.

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