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Lunes, 23 de Setiembre de 2019
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El tiro por la culata en el PRI

  • Senadores priistas y expresidentes del partidazo obligaron a Javier Duarte a dar marcha atrás al nombramiento de Alberto Silva en vez de Alfredo Ferrari
  • Aguaron la fiestecita al “Cisne”, el más protagónico de los fidelistas emperrados en la gubernatura

 

LUIS_VELAZQUEZMás que un cisne y un pavo real, Alberto Silva Ramos ha terminado la semana como un totol de rancho.

Tal cual fue la película filmada en el transcurso de la última semana en que iniciara como presidente del CDE del PRI y terminara como el náufrago de Gabriel García Márquez, en el descrédito, sin pena ni gloria.

Nadie dudaría de que su aterrizaje en el CDE del PRI de Alfredo Ferrari Saavedra, a quien el duartismo dio el trato de un producto desechable que sería tirado luego de su uso, habrá de cumplirse al ratito, pues el Jefe Máximo del Priismo jarocho actúa como un virrey, más que como un gobernador, dueño del día y de la noche y del destino humano de la feligresía tricolor.

Pero, por lo pronto, la bitácora de las noches impetuosas, más que los días nítidos, fue su infierno.

Por ejemplo:

11 de octubre. La prensa publica su inminente ascenso a la presidencia del PRI.

12 de octubre. El mismo Alberto Silva confirma su llegada. Adiós, adiosito, a Alfredo Ferrari.

13 de octubre. Los senadores priistas, Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa expresan su rechazo al cambio de Ferrari a Silva, y proclaman que ningún caso tiene porque según la cultura priista por aquí haya candidato a gobernador en automático cambia al PRI para designar a su gente de confianza.

14 de octubre. Los expresidentes del CDE del PRI, entre ellos, Carlos Brito Gómez, asesor del señor Javier Duarte, y Gonzalo Morgado Huesca, exdirector del IPE y exdelegado federal del ISSSTE, y Felipe Amadeo Flores Espinosa, ex procurador de Justicia, ambos del duartismo, le reviran al Jefe Máximo del Priismo y se oponen al cambio de Ferrari por Silva.

Entonces, el recule… en la prensa, argumentando que habrán de ajustarse a la regla interna del partidazo para remover a los dirigentes en turno.

Es decir, esperar a que Alfredo Ferrari renuncie y esperar la convención interna del partido político y esperar, digamos, la avalancha de los búfalos proclamando al nuevo presidente.

Ese mismo día, 14 de octubre, Ferrari Saavedra aparece en los medios y dice que él está ahí, en el búnker priista, trabajando por la democracia, una democracia que a partir de un dedazo intentó, pretende, descarrilarlo del cargo.

Alberto Silva, el diputado federal presidente de la Comisión de Asuntos Espaciales de Población en el sistema solar, quedó tal cual bajo evidencia.

Los senadores priistas y los ex presidentes del CDE le echaron a perder su fiestecita.

Se la aguaron, pues, a pesar, incluso, de que según versiones el señor Javier Duarte cabildeó con Manlio Fabio Beltrones y Miguel Ángel Osorio Chong el cambio de estafeta.

Pero, en todo caso, brincándose las reglas.

 

“LOS CABALLOS Y LOS DEMENTES ANDAN SUELTOS”

 

Acelerado, Silva Ramos se ha soñado el sucesor de Javier Duarte en el trono imperial y faraónico.

Así se miraba cuando era presidente municipal de Tuxpan, y cuando luego pasara a la secretaría de Desarrollo Social, en que los diputados locales, Ana Guadalupe Ingram y Tonapriuh Pola Estrada, se le tiraron al piso.

Y más cuando llegó a la dirección de Comunicación Social, en que juraba y perjuraba que su único objetivo en la vida era terminar como vocero al lado de Duarte.

Pero al mismo tiempo, solía pedir a los columnistas que madrearan a todos, incluido al gobernador, pero que a él lo cuidaran.

Entonces, salió diputado federal y hasta fotos con Enrique Peña Nieto publicaba en su Facebook, al lado de César Camacho Quiroz, presidente del CEN del PRI.

Ahora, cuando Duarte le informó que relevaría a Ferrari Saavedra, sintió que estaba más cerca que nunca de la candidatura a gobernador, aun cuando la otra versión es que sería dirigente tricolor; pero para allanar el camino a Erick Lagos Hernández como el candidato del Maximato jarocho del fidelato.

Tal cual, un priista dice que en Veracruz “los caballos y los dementes andan sueltos”.

Y, por tanto, sueltan las siguientes versiones alrededor de los hechos trepidantes de la última semana.

Uno. Fidel Herrera se entrevistó con Manlio Fabio Beltrones, quien cabildeara su nombramiento como cónsul en Barcelona, pero al mismo tiempo tiró una fidelínea a Javier Duarte diciendo que acordó con Beltrones el cambio de Ferrari por Silva, pensando en que Érick Lagos sería el candidato a gobernador.

Y Duarte se fue con la finta y procedió.

Dos. Por si las dudas, Duarte también se entrevistó con Beltrones y planteada la posibilidad, ni hablar, el presidente del CEN del PRI dio luz verde y sobrevino el cuartelazo.

Tres. Y más, porque a Duarte todo le ha salido bien, desde la reforma para la gubernatura de dos años y el triunfo de los 21 diputados federales hasta el Impuesto del 3 por ciento a la Nómina y la fallida, según parece, denuncia penal de la Auditoría Superior de la Federación ante la PGR en que 19 duartistas fueron acusados del presunto desvío de recursos federales.

En tales circunstancias, el cuartelazo de Alberto Silva en el CDE del PRI.

Cuarto. Sin embargo, las presiones de los senadores Pepe y Héctor Yunes, y de los ex presidentes del CDE del PRI obligó al revire, lo que significó un jab al corazón duartista, pues la mayoría de políticos rojos están sometidos a la voluntad del Jefe Máximo en Veracruz.

Y nadie parecía rebelarse, a excepción, claro, de los senadores rojos que desde hace un ratito le han salido respondones.

Por lo pronto, la fiestecita de Alberto Silva, el Truman Capote del siglo XXI en Veracruz, el domingo 18 de octubre quedó en las nubes.

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