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Domingo, 31 de Mayo de 2020
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El último cine de París

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El último cine de París no vende palomitas ni refrescos para amenizar la sesión. En realidad no vende nada, ni siquiera entradas, porque no tiene ni butacas. La proyección de la película, una sola a la semana, los viernes a las 21.00, tiene lugar en el muro de la casa colindante con el cine La Clef, en el Barrio Latino. Aunque el sonido deja algo que desear, cada vez son más los vecinos que acuden a disfrutar cada viernes de la que se ha convertido en la única oferta cinematográfica fuera de casa de la capital francesa, que ostenta con orgullo —o lo hacía, antes del coronavirus— el ser una de las ciudades más cinéfilas del mundo, con más cines y rodajes que ninguna otra.

Poco antes de que se ilumine la pantalla sobre el tejado de La Clef, se encienden las farolas en esta esquina del distrito V de París, en pleno Barrio Latino. En cuanto suenan los primeros compases de la última película escogida, La pradera sin ley, el wéstern de King Vidor protagonizado por Kirk Douglas en 1955, resuenan los aplausos desde ventanas y balcones, así como entre la veintena de personas que se acomoda en la calle. Algunos, previsores, vienen hasta con silla; otros se apoyan en las paredes o se sientan en el bordillo de la acera.

Como Morgane, que en cuanto se enteró por la radio de la iniciativa de este cine que libra su propia batalla —está okupado desde septiembre por una asociación que intenta convencer al propietario del local, un banco, para que no lo venda y mantenga la identidad de este histórico cine de arte y ensayo—, decidió que ese iba a ser su plan del viernes. “No soy una gran cinéfila, pero me alegra poder tener al menos una pequeña actividad cultural. Con el confinamiento se echa de menos la cultura, el salir”, dice esta treintañera que vive unas calles más lejos. También aplaude Angus Mcintesh, un profesor de inglés que lleva cinco años viviendo en París. Es de los “veteranos” de La Clef, esta es su tercera película en otras tantas semanas, y piensa seguir acudiendo mientras la oferta siga en pie, que espera continúe al menos hasta que reabran las salas comerciales. “Esto nos hace soñar”, explica. ¿Debería continuar durante el desconfinamiento? “Por supuesto”, afirma. “Nos hace falta, me encanta el cine y lo añoro mucho”.

Al igual que teatros, bares y restaurantes, los 88 cines de París cerraron la medianoche del 14 de marzo, antes incluso de la orden de confinamiento nacional que entró en vigor tres días más tarde. Francia comenzará la desescalada el 11 de mayo, aunque para los cines, al igual que los demás espacios culturales o de restauración, la espera será más larga. ¿Cuánto? No hay aún fecha fijada, solo la certeza de que no sucederá antes de julio. Así lo adelantó el presidente del festival de Cannes, Pierre Lescure, quien en una entrevista consideró viable la reapertura a partir del 1 de julio, y aseguró que “se podría limitar el aforo al 50% de la ocupación, lo que permitiría dejar un metro entre cada espectador” y, también, obligar al uso de mascarillas al menos en la entrada de las salas. Una fecha “no realista” para el presidente de la cadena MK2, Nathanaël Karmitz. “La cuestión no es cuándo abrir sino cómo. Abrir sin buenas condiciones no tiene sentido”, dijo en la publicación Deadline. La compañía, que también cuenta con cines en España, apunta a este país como ejemplo a seguir. Y los tiempos que Karmitz maneja para los cines españoles son más lejanos. “Octubre o noviembre”, dijo. Y eso como pronto.

El multimillonario paquete elaborado por el Gobierno de Emmanuel Macron para ayudar a los trabajadores y sectores paralizados por el confinamiento beneficia también a las salas de cine. Además de facilitar el desempleo parcial —que se centra en los 15.000 trabajadores del sector, desde personal de sala a responsables de proyección— se suspendieron algunas tasas como la del Centro Nacional del Cine (CDC) y se mantuvieron las subvenciones para eventos aunque resultaran anulados por el coronavirus. Aun así, según el presidente de la Federación Nacional de Cines Franceses (FNCF), Richard Patry, el sector afronta ya pérdidas por 300 millones de euros y la amenaza de cierres masivos si no se toman más medidas. “Si el Gobierno no anula los alquileres, la mayoría de las salas tendrá que echar el cierre”, advirtió en la revista Le Point.

Pero las 2.000 salas francesas necesitarán un respaldo más firme aún. “El Estado tendrá que ayudarnos”, insistió Patry. Según el patrón de la exhibición cinematográfica, hay que actuar con mano más firme contra el pirateo de películas. Y es hora, también, de que “la ley audiovisual obligue a las plataformas estadounidenses, especialmente a Netflix, Amazon y Disney, a participar más en la financiación de nuestro sistema”. Para Patry, debería ser una cuestión de estado. “La imagen de nuestro país, en Europa y en el resto del mundo, pasa también por el séptimo arte”.

*EL PAÍS

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