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Miércoles, 26 de Junio de 2019
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El viaje relámpago que revivió al fútbol femenino

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“No, no estoy contra el fútbol femenino, pero tampoco me agrada. No lo veo muy femenino desde el punto de vista estético. La mujer en camiseta y pantalón no está muy favorecida, cualquier traje regional le sentaría mejor”. Eso decía en una entrevista a finales de 1970 José Luis Pérez-Payá, presidente de la Federación. No era un gorila. Hijo de una familia muy acomodada de Alcoy, estudió en Inglaterra e hizo Derecho antes de ser jugador, en los cincuenta. Representaba una mentalidad muy extendida en la época.

Nuestro fútbol femenino surgió a finales de los sesenta. O renació, podríamos decir, porque en el periodo de entreguerras hubo algunos conatos. Para los sesenta ya se practicaba en bastantes países y en 1970 lo reconoció la UEFA. Uno de sus impulsores, Rafel Muga, publicó un libro sobre aquellos años heroicos, en el que, entre otras cosas, narra el que se considera partido fundacional, entre su propio equipo, el Mercacredit de Villaverde (luego devenido en Olímpico Oroquieta), y el Sizan, de Madrid. Jaleado por José María García y por As, el partido llenó el campo del Boetticher. Allí despuntó una niña de 15 años que se ganó el apodo de Conchiamancio. Tuvo que hacer su carrera en Italia y en Inglaterra.

Paralelamente, hubo iniciativas en otras partes. En Barcelona, Agustín Montal adoptó a las pioneras que encabezaba Inmaculada Cabecerán. Se inscribieron como “Peña Femenina Barcelonista”, les dotó de equipación y hasta les puso de entrenador al gran Ramallets. Pronto aparecería en el equipo María Teresa Andréu, cuya energía y dotes de organización serían decisivas.

Pioneros y pioneras mantenían sus contactos, concertaban partidos amistosos o montaban competiciones paraoficiales, con desplazamientos incómodos dentro de una economía basada en la ayuda de algún comerciante de barrio o venta de lotería. Las chicas se compraban sus botas, viajaban en coches privados y jugaban en campos de tierra. Había un leve paraguas organizativo: la Obra Sindical de Educación y Descanso. La Sección Femenina de Falange ordenó a sus delegadas sabotear en lo posible aquello. No hacerlo le costó el cargo a alguna.

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