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Miércoles, 19 de Setiembre de 2018
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En la incertidumbre, familia de periodista secuestrado

Los recuerdos perpetran su morada humilde. Sobre un piso de tierra y bajo un techo construido a medias se acomodan. Trastes de cocina, cartones, basura, electrodomésticos inservibles y mal puestos por doquier, y un pozo para surtirse de agua por la falta de servicios municipales muestran la manera en que vivía el periodista Moisés Sánchez Cerezo antes de ser privado de su libertad por un grupo armado, el pasado viernes.

Con lágrimas en el rostro e impotencia permanecen sus familiares en su domicilio, ubicado en la comunidad de El Tejar, del municipio de Medellín de Bravo. Sólo un par de patrullas de la Policía Municipal que arribaron a las 2:00 horas del sábado resguardan la zona.

A las 6:55 del 2 de enero, seis sujetos con metralletas rompieron puertas e ingresaron a los cuartos. Su objetivo se encontraba descansando en una habitación del segundo piso. Fue sujetado, amarrado y obligado a abandonar el lugar.

Familiares y los vecinos vieron a nueve sujetos armados que iban vestidos de civil y a bordo de tres camionetas. Las investigaciones por parte de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) han sido lentas porque ningún vehículo o alguno de los agresores han sido identificados.

Café y pan se consumen en el hogar para permanecer despiertos, mitigar el miedo y estar atentos por si aparece el comunicador, sin embargo, el pasar de las horas y la incertidumbre de no saber cómo se encuentra, carcome el alma.

El activismo, la lucha por el bienestar de la comunidad y la edición del tabloide La Unión de Medellín son las grandes pasiones de Moisés Sánchez. La búsqueda de ingresos económicos y manejar un taxi para conseguirlos: su gran necesidad.

Jorge Sánchez Ordoñez está completamente seguro de que la desaparición forzada se relaciona ampliamente con la actividad periodística de su padre, toda vez que los sujetos sólo hurtaron su cámara fotográfica, su tableta electrónica y su computadora portátil, donde poseía toda su información.

Sin embargo, las autoridades intentan desvincular el secuestro de la actividad periodística de Moisés.

Con voz quebrada por el llanto, Jorge Sánchez narra que las últimas palabras de Moisés fueron: “no le hagan daño a mi familia”.

Para evitar los robos a casa-habitación y asaltos en Medellín grupos vecinales se organizaron para hacer justicia por su propia mano.

“Hace una semana asesinaron a varios comerciantes, tres o cuatro, uno por los Pinos, un vecino de acá atrás que también tiene un negocio lo balacearon y también a su hijo, quien aún está en el hospital. Entonces mi padre se organizó con vecinos y comenzaron a difundir, fueron a manifestarse al ayuntamiento”.

“Fue tanto el impacto por lo que estaba pasando, porque aquí la seguridad es prácticamente nula. De hecho, dan por hecho que los mismos policías están inmiscuidos, hay antecedentes de eso. Hace unos días un amigo de él le dijo que había escuchado que le iban a dar un susto a mi padre y aconteció esto”, relata.

La secretaria técnica y la presidenta de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (Ceapp), Namiko Matzumoto y Benita González Morales, acudieron al domicilio en la madrugada del sábado, solicitaron la vigilancia para los familiares y, como es costumbre entre los burócratas, con cara afligida por la situación se tomaron la fotografía con ellos.

El caso es similar al secuestro y asesinato de Gregorio Jiménez, reportero policiaco de los periódicos NotiSur y El Liberal del Sur, de Coatzacoalcos.

Durante la administración del gobernador priista, Javier Duarte de Ochoa, 11 periodistas han sido asesinados.

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