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Martes, 16 de Octubre de 2018
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En México 68 queríamos pronunciarnos sobre la matanza: Wyomia Tyus

tyus

La invisibilidad es una forma de violencia. Borrar individuos, grupos sociales, condenarlos a la opacidad y el silencio, como si no existieran. Wyomia Tyus, multimedallista estadunidense en México 68, vivió una doble invisibilidad. La de ser mujer y negra, dice medio siglo después de que se consagró en los Juegos Olímpicos con una hazaña que en aquellos días –piensa– pasó desapercibida.

En 1968, el planeta se inflamó –escribió Daniel Cohn-Bendit, Dany el Rojo, uno de los protagonistas del Mayo francés–. La reivindicación de los derechos civiles y la protesta contra el poder ocurrían casi de manera simultánea alrededor del mundo. Tyus lo recuerda con emoción y estremecimiento al volver a Ciudad de México para conmemorar los cincuenta años de su participación en aquellos juegos de la amistad –como fueron llamados–, precedidos por la masacre de estudiantes en Tlatelolco y recordados también por la protesta de sus compañeros Tommie Smith y John Carlos con el puño en alto.

Unos días antes de romper la marca de los 100 metros planos, que la convirtieron en la primera mujer multimedallista en la historia olímpica, los estudiantes que se manifestaban en la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco fueron masacrados. Tyus aún no alcanza a comprender cómo pretendían simular que nada sucedía mientras se celebraban aquellos Juegos.

Trataron de ocultarnos lo que había sucedido con los estudiantes, recuerda Tyus; nos enteramos porque preguntamos y un poco en secreto supimos de la masacre que había ocurrido apenas días antes.

Tyus pertenecía a una generación de jóvenes afroestadunidenses comprometidos con los derechos civiles y con el movimiento del Black Power. La solidaridad con las causas afines les resultaba entonces un acto de empatía natural. No sólo para los atletas negros –precisa Tyus–, sino para muchos deportistas atentos al Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos.

Lo hablé con mis compañeros, con Smith y Carlos, con todos los que estaban preocupados con la defensa de los derechos, relata; sabíamos que estábamos en un país donde no podíamos intervenir directamente, pero sí podíamos pronunciarnos al respecto.

Tyus suspira cuando repasa sus sentimientos de aquellos días. Dice que sintió escalofríos de volver al país en el que vivió momentos de gloria, pero también de reivindicación de sus ideales. Además de escribir, Tyus mantiene viva la llama del activismo político. Habla con cierta delicadeza, pero es muy firme en cada enunciado. Medio siglo después deja salir sus sentimientos sobre aquel episodio sangriento en la historia de México.

Yo quería expresar mi posición sobre lo que ocurrió con los estudiantes en México 68, dice mientras hace una mueca de resignación; pero la prensa de aquel entonces nunca me preguntó. No querían saber mi opinión quizás, pero esas preguntas nunca me las hicieron. Nuestros sentimientos como atletas preocupados por los derechos humanos nunca fueron expresados sobre el asesinato de estudiantes en México.

Han pasado cinco décadas desde entonces, pero Wyomia deja entrever que aquello fue un tema pendiente. Fue un periodo intenso y confuso, incluso piensa que pasó desapercibida su propia protesta cuando ganó el oro en los 100 metros, donde impuso récord mundial de 11.08. Ella también participaba del contingente involucrado con el Black Power.

Todos recuerdan la imagen de Smith y Carlos levantando el puño, pero otros estuvimos ahí, dice sonriente; “yo también protesté, llevaba un short negro como seña, pero nadie habló de eso”.

La convicción libertaria de Wyomia no sólo era fruto de una era revolucionaria. Hija de un granjero, creció en una vida rural en Tennessee, en el sur de Estados Unidos. Cuando habla del oficio de su padre precisa que quien se emplea para desempeñar actividades agrícolas, pero no es el dueño de la granja. Era un peón que trabajó duro para que sus hijos no pasaran por las mismas desventuras.

“Mi activismo no empezó en los sesenta con el Black Power; viene de antes, de los años 50 y la defensa de los derechos civiles”, aclara; porque en donde crecí, el pueblo negro no tenía derechos, y las mujeres estaban todavía peor, porque éramos doblemente discriminadas.

De ahí que la figura de un deportista desvinculado de lo que ocurre en su comunidad, que no utiliza su popularidad para ser intermediario de quienes lo necesitan, resulta incomprensible para Wyomia.

Los deportistas tienen que educarse y ayudar, dice con énfasis; estar conscientes de que si están en posición de ayudar y señalar que algo está mal y debe combatirse. Los atletas tenemos una plataforma que amplifica lo que decimos, debemos aprovecharla para generar cambios en nuestra sociedad.

En el ideario de Wyomia, el deporte mundial debe estar poblado no sólo de héroes que se imponen a los límites del cuerpo, sino también por ciudadanos empeñados en que el mundo que les rodea debe ser el mejor para todos.

Debe entenderse que la lucha de las mujeres, por ejemplo, no es para tener privilegios, sino para exigir igualdad de derechos, los mismos que deseamos para los demás, expone; más gente debe involucrarse y pronunciarse públicamente, para que no sólo tengamos a Serena Williams expresándose todo el tiempo, necesitamos más atletas de otras razas y culturas que se manifiesten contra las injusticias y en favor de la igualdad y los derechos humanos.

No hay deporte sin política. Ese puede ser el mantra de una atleta como Wyomia. Si la realidad es abrumadora y es necesario generar cambios, la multimedallista no comprende a los deportistas aislados en una burbuja de fama y riqueza, preocupados sólo de sus intereses personales.

No sé nada de los deportistas mexicanos ante la realidad que viven, plantea Tyus; si están pensando sólo en sus asuntos personales o si esperan momentos no comprometedores para manifestarse, pero esa no es para mí la actitud y responsabilidad que debe tener un atleta. Nuestra misión es la de aportar a que el mundo sea mejor.

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