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Domingo, 20 de Agosto de 2017
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Entre Columnas: Cambiar

Martín Quitano MartínezComo no sabían que era imposible, lo hicieron.
Anónimo.

Más allá de la numeralia del pasado proceso electoral del 4 de junio en Veracruz, de los comportamientos tradicionalmente observados en cuanto a calidad de propuestas y candidatos, del manoseo, maniobras y violencia que ensombrecieron el proceso, es claro que se ha dibujado un nuevo mapa de influencia político partidaria que, con todo y lo anteriormente dicho, asume la expectativa de sectores de la población de lograr cambios.
Habrá voces que ante una elección fuertemente cuestionada, dirán que la nueva composición política no representa condiciones reales de cambio, otros más apostarán por los resultados, como signos de cambio aún con la evidente falta de calidad democrática.
Los 212 municipios ya cuentan con cabildos electos aunque algunos en litigio. El fragor de la contienda electoral ha terminado y se espera que los trabajos de los nuevos equipos brinden realmente oportunidades ante lo que, en la gran mayoría de los municipios, se ha dejado como tiradero administrativo y pendientes ante las sociedades de cada gobierno local.
Los cambios sin embargo parecen lejanos en muchos casos, la incapacidad manifiesta por un alto número de candidatos ganadores y después de ver la integración de las comunas, hace palidecer la vara alta que se requiere saltar para responder efectivamente a las necesidades que se tienen, peor aún se plantea el escenario cuando en muchos casos no solo se puede hablar de incapacidades sino de reconocidas conformaciones que solo buscarán el desempeño de malos y opacos ejercicios para favorecer intereses puntuales.
Los cambios que se requieren obligan a pensar en primera instancia a que se cuenta con una voluntad expresa de los nuevos actores municipales, que asumirán las responsabilidades con conocimiento y capacidades en la definición de políticas públicas serias y que conformarán equipos administrativos eficientes para dar oportunidad a una mejor operación y entrega de cuentas y trabajos.
La simulación, la inexperiencia, la falta de responsabilidad y entrega, el amiguismo, la insolvencia, la visión inmediatista, el cargo próximo, los “negocios”, la flojera, el alejamiento de la sociedad, los oídos sordos, la reproducción de los vicios que antes se criticaban y muchos más elementos sin embargo parecerán ser buenos escondrijos para darle continuidad a los desenfrenos y las componendas, encarando a una sociedad que debe hacer mucho más que esperar que las cosas buenas caigan del cielo.
La proactividad urgente de la comunidad para involucrarse en los quehaceres públicos, la modificación de comportamientos individuales y colectivos de la sociedad y sus personas será la que al final de cuentas defina o marque los ritmos y las obligaciones públicas. Se debe pasar al activismo cívico y la exigencia publica, los derroteros políticos y sociales, las crisis que de todo tipo vivimos nos obligan a reclamar transparencia y que se combata la corrupción y la impunidad, que se exijan servicios que respondan a las prioridades sociales, que la ley se aplique y respete.
Cambiar para que todo siga igual es una apuesta que las elites de todos los niveles parecen convenir aún sin ponerse de acuerdo, lo peor es que lo asumamos socialmente como inexorable en nuestra condición general, para derrotar esta perspectiva de sometimiento tenemos que demostrar individual y organizadamente que lo queremos cambiar y que hay ciudadanía para lograrlo.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
El congreso veracruzano parece la casa del jabonero.

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