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Lunes, 21 de Octubre de 2019
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Entre Columnas: También pobreza democrática.

MARTÍN QUITANO MARTÍNEZ.

 

El país se mueve, no en el sentido armonioso y en el beneplácito de los derroteros que suponen los gobiernos que han planteado y como los poderes tendrían que hacerlo, sino más allá de eso; se mueve con ritmos y fuerzas fuera del control gubernamental.

La nación parece a la deriva, sin rumbo, sin conducción, con entornos internacionales y locales actuando en contra. Poco, muy poco de la vendida electoralmente y supuesta experiencia de gobernar se ha manifestado en estos dos años; los problemas se amplían, las frustraciones y los enconos corren paralelos a los temores por la inseguridad, por la irresolución de los problemas.

El rumbo está enmarcado en la incertidumbre que genera dos años de nuevo ejercicio que sujeta sus activos en el slogan reformista, en el retorno de las supuestas capacidades. La realidad ha dejado muy atrás los según nuevos quehaceres de los mismos de siempre, ha puesto en evidencia los pies de barro de un gigante que camina con torpeza, con prácticas viejas, con visiones autoritarias, con soberbia excluyente.

México es un país agotado, agotamiento inercial producto de nuestras debilidades cívicas y ciudadanas. La democracia mexicana transita en una etapa de desencanto, envuelta en los sinsabores de la falta de resultados benéficos para amplios grupos sociales, con profundas desconfianza entre las personas y para con la autoridad, por la falta de vinculación social en redes que vayan más allá de las familias, los vecinos o algunas asociaciones religiosas, y pese a todo, un 53% de personas aún la prefieren a otro tipo de gobierno, mientras que un 23% preferiría un gobierno autoritario y un 18% les da igual cualquier otro tipo de gobierno.

Los datos que aporta el IFE y el Colegio de México en el “Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México”, el cual buscó conocer las percepciones y prácticas ciudadanas y su relación con los sujetos de intermediación y representación política no son halagüeños: el 66% de los encuestados manifiestan que en México “poco o nada” se respetan las leyes; el 29% dice que se respetan “algo” y tan solo el 4% dice que “mucho”.

En esta circunstancia social, el estado de derecho se encuentra a discusión profunda, también porque la desconfianza es palpable cuando la cultura de la denuncia es tan débil que, ante delitos sufridos, más del 60% no hizo nada porque el hacer alguna denuncia no sirve para nada, por desconfianza, por malas experiencias o por miedo a los delincuentes.

Dato curioso el de la participación, principalmente el de la electoral, donde nos ubicamos en buenos rangos, incluso en algunos momentos por encima de democracias consolidadas como Francia, Estados Unidos, España, Canadá o Reino Unido, sin embargo la duda razonable se ubica en la calidad y las condiciones bajo las que se genera la participación electoral, más alta particularmente en las elecciones presidenciales.

En cuanto a la participación ciudadana no electoral, es llamativo como decrece el porcentaje a medida que las acciones requieren de un mayor involucramiento, lo que puede observarse en el 40% al nivel de pláticas con otras personas sobre temas políticos, cuestión que expone cierto interés en lo que sucede pero refiere menor esfuerzo; participar en decisiones de cabildo, acciones directas con partidos o de convencimiento para las votaciones son formas con mayor esfuerzo o participación directa que bajan al 12 u 11 %; mientras que las huelgas o toma de calles o espacios son las más bajas rondando el 2 o 3 %, respectivamente.

 

Para finalizar, los datos de nuestro entorno sobre la confianza interpersonal hacia los otros son muy bajos: a nivel nacional solo el 28%  refiere que se puede confiar en la mayoría de las personas, pero para nuestro estado el dato es más preocupante, ya que solo el 15 % refiere lo mismo; el entorno construye una desconfianza que nos aísla aún de los más cercanos.

mquim1962@hotmail.com

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