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Lunes, 24 de Julio de 2017
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Entre Columnas: Violencia y Terror

Martín Quitano MartínezLos monstruos son reales, los fantasmas son reales también,
viven dentro de nosotros y a veces, ellos ganan.
Stephen King.

Como en el país, las dificultades de la existencia veracruzana se acentúan en su complejidad, muchas son esas condiciones que lastiman a las mayorías de una población que vive ahora con crudeza la escalada de una violencia bestial, con miles de muertos, que aterran y por lo mismo que claman soluciones ante ellas, que exige justicia y un alto al crimen.
Las condiciones que se reclaman del ejercicio público frente a tales circunstancias pasan por el compromiso y honradez de todos los que participan de algún espacio de las instituciones, para que las áreas encargadas de la seguridad pública hagan creíble un entramado de las estructuras gubernamentales que hoy por hoy son discutibles por ineficientes y corruptas.
Lo que ahora vivimos se ha ido construyendo por varias décadas, sumando el cúmulo de gestos chabacanos y cínicos que impunes dieron paso a los males mayores que ahora vivimos. El dolor que aqueja a los veracruzanos es parte de un dolor nacional que se ha vuelto intolerable, los grupos como poderes fácticos definen las vidas o muertes, garantizan los cobros y los levantones, los robos de toda índole están allí haciendo de nuestro país y de Veracruz un territorio lastimado donde el sufrimiento es consustancial a nuestras vidas.
Los datos de “nuestra” violencia nacional, de nuestro terror, son ya noticia global; estamos en el grupo selecto de los 10 países con mayor inseguridad y violencia del mundo, encabezamos los estándares de la muerte que toca a la puerta e inunda las calles con el sello de la impunidad y la corrupción. Nuestro país se desangra y la desesperanza acude de la mano de nuestro temor. Los monstruos pasean a nuestro lado, acechan y se dan los banquetes mayores, pues insaciables les significan actuar sin controles, gozar de su poder.
La apuesta de gobiernos enteros que socavaron y carcomieron nuestra vida fue cimentada por la desvergüenza y el quehacer mafioso que les dio los dividendos de fortunas inimaginables al amparo de la corrupción, su violencia fue tal que postró a nuestro país y a su riqueza humana y material, conformando una “idiosincrasia” mexicana dúctil y comodina ante las violaciones de todo tipo y abriendo la puerta a nuestra tragedia actual con nuestros frankensteins derrumbando y asesinando sueños.
México está en un punto de quiebre, la violencia desatada y la impunidad que todos los males cobija, la expoliación económica y ambiental, la pérdida de derechos y garantías sociales y políticas son elementos para un caldo de cultivo de resultados que esperemos se den por la vía democrática de una sociedad que participe responsable y cívicamente enfrente con organización y propuesta, con valor y decisión la oscuridad de nuestros momentos, que cambie sus comportamientos y conforme gobiernos distintos que resuelvan problemas y se ajusten a las leyes.
El ambiente es peligroso no solo por el temor a despertar el México bronco, sino por la posibilidad de profundizar aún más el México bárbaro, penosamente intolerante, agresivo, indiferente e individualista, de ley de la selva que de muchas maneras está ya presente en nuestras vidas.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Después de la audiencia de Guatemala solo nos resta decirle a JAVIDU, mil perdones, estábamos equivocados.

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