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Sabado, 20 de Abril de 2019
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“Es una distorsión de los procesos”

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Historiadores de España y México consultados por EL PAÍS se han mostrado sorprendidos por el asunto de la carta de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. enviada al Rey de España y al Papa. Sobre todo, porque el mandatario mexicano ha convertido sus pensamientos en una misiva. Desde España, los académicos señalan lo ridículo de la carta. Desde México, más cautos, tratan de explicar el episodio a partir de la educación del mandatario.

Nacido en 1953, López Obrador creció en un México que buscaba desesperadamente su identidad. Tres años antes, en 1950, Octavio Paz había publicado El laberinto de la soledad. En sus páginas, el premio Nobel desgrana sus teorías sobre el ser mexicano: qué es ser mexicano, por qué el mexicano es como es. La conquista y la colonia son parte nuclear del libro, lectura habitual de escolares desde hace décadas.

Un año antes, en 1949, un grupo de artistas y académicos auspiciado por el Estado había anunciado a bombo y platillo el hallazgo de los huesos de Cuauhtémoc, el último rey de los mexicas. El problema fue que no eran sus huesos, un error que perduró por más de dos décadas. Para cuando se supo que aquella osamenta no era la del tlatoani (como se denomina en náhuatl al rey o emperador), López Obrador ya era un muchacho de 23 años.

 

“López Obrador se educó cuando los libros de texto de la escuela decían que todos los mexicanos descendemos de los mexicas; que la conquista de una ciudad fue la conquista de todo México”, explica el historiador Alfredo Ávila, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. “Son ideas difíciles de quitar”.

“Me parece muy lógico y coherente viniendo de López Obrador”, opina el académico Martín Ríos, experto en historia colonial. “Al final refleja lo que él aprendió en la educación pública. Pero es una distorsión de los procesos”, dice. “La forma en que lo expresó el presidente es reflejo de una educación muy tradicional, empujada por el Estado después de la revolución, que tiene un marcado peso indigenista. Es una deformación de la realidad histórica, una manipulación y un uso político de la historia”.

 

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