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Viernes, 15 de Noviembre de 2019
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Escenarios

  • Vasallaje político en Veracruz
  • Poderes Legislativo y Judicial
  • Pero Alberto Sosa veta a Duarte

 

LUIS_VELAZQUEZ1

   
Ninguna duda existe que el derrumbe de las llamadas instituciones públicas arrastra a México al caos, la anarquía y el repudio popular.

Y más en un país, en una entidad federativa, como Veracruz, donde los poderes Legislativo y Judicial se caracterizan por la sumisión y el vasallaje al Poder Ejecutivo, con tal de usufructuar el poder político, económico y social con sentido patrimonialista y unilateral.

Desde la teoría francesa de Charles Louis de Secondat, señor de la Brede y Barón de Montesquieu, en la etapa histórica de la Ilustración, y antes del triunfo de la Revolución Francesa en 1789, fue planteada la teoría de la División y Separación de Poderes para un ejercicio equilibrado del poder respondiendo a la ilusión democrática del pueblo, donde el Poder Legislativo haría las leyes, el Poder Ejecutivo sería el encargado del Gobierno y de la Administración del Estado y el Poder Judicial el responsable de decidir las contiendas o disputas entre los particulares y aplicar castigos ejemplares a los criminales con todo el rigor de la Ley.
Desde la Independencia hasta nuestros días, en México se adoptó la propuesta de Montesquieu, concediendo en esa separación de Poderes, una preeminencia al Ejecutivo sobre el Legislativo y el Judicial.
Al triunfo de la Revolución y promulgada la Constitución se fue pacificando el país y los caudillos que sobrevivieron al movimiento armado decidieron bajo el liderazgo de Plutarco Elías Calles (don Pluto le llamaba su séquito) pugnar por un país de Instituciones y de leyes.
Tal cual, la política en su concepción más amplia como la ciencia o el arte de gobernar, enriquecida por el pensamiento filosófico universal se encuentra en estos tiempos desacreditada por los políticos que al amparo del poder han amasado grandes fortunas, deteniendo el avance y la superación de los pueblos y ciudades bajo su mando, con el consiguiente empobrecimiento y explotación de las masas que no resisten más la carga que los políticos les vienen imponiendo desde siempre y cada vez con mayor peso.

 

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Los jóvenes políticos que conquistan posiciones en alguno de los tres Poderes del Estado, como el caso del Veracruz duartista, se aferran al hueso y a la sangría del dinero público para amasar grandes fortunas personales de las que, además, hacen gala y ostentación (como Érick Lagos, Jorge Carvallo Delfín, Gabriel Deantes, Édgar Spinoso y Adolfo Mota) porque piensan que es un símbolo de triunfo sobre los demás políticos de su clase.

Más aún, esa nueva generación de políticos sólo entiende que gobernar es robar y saquear a las instituciones públicas y que por tanto, ellos piensan, creen, están seguros que la inestabilidad y descontento del pueblo nunca les afectará, porque la docilidad y obediencia acaba finalmente con todas las protestas que surgen en contra de la política y los políticos. 

Y para ejemplo basta citar a los tres Poderes del Estado de Veracruz, el Legislativo bajo el liderazgo y corrupción en esta quinta ocasión en que se desempeña como diputado el cacique del SNTE, Juan Nicolás Callejas Arroyo, dueño del sindicato desde hace 33 años, y que se ufana de conducir y decidir por encima de la voluntad de más de cien mil profesores, a quienes esquilma y escamotea los incentivos económicos.

Pero, además, protegiendo y beneficiando a los suyos, miembros de la élite sindical que se jubilan con más de 30 años de cobrar en la nómina oficial sin haber arrastrado el gis en el pizarrón ante el grupo en el salón de clases, y sin haberse presentado en las aulas a compartir con los niños y jóvenes sus escasos conocimientos, puestos bajo sospecha con la reforma educativa del peñismo.

Así la llamada revolución educativa de Los Pinos se va al precipicio en Veracruz, mientras siga decidiendo sobre educación el pastor de la más abyecta Legislatura que hemos conocido.

 

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En tanto, el Poder Ejecutivo, igual que Carlos Salinas, no ve, no oye, no escucha el clamor del pueblo y rodeado como esta de amigos personales hoy convertidos en diputados federales, formados en la vieja escuela del fogoso y bajo el lema que gobernar es robar, no le permiten al depositario del Ejecutivo ver y escuchar a la población sobre las opiniones que vierten sobre su forma de gobernar y sobre su persona y forma de ejercer la política con la histórica y gran responsabilidad que lleva a cuestas, por ser depositario del ejecutivo estatal.
En el Poder Judicial se debate  la lucha interna de nuevas generaciones de juristas, demandantes de justicia y otros que quieren formar parte en una lucha frontal en contra de los vetustos abogados que aferrados a las prebendas que da el poder de dictar sentencias convenencieras y negociadas, se atreven a llegar algunos cargando el oxígeno que les permite cubrir la jornada laboral.

En tanto, otros magistrados vivis (viejos vividores) haciendo negocios, vendiendo fallos judiciales al mejor postor y desencadenando y ejerciendo venganzas personales como el propio Presidente del Tribunal Superior de justicia que se duele de la crítica de la enorme riqueza que ha acumulado con su modesto salario y cerrando círculos de poder por encima del titular del Poder Ejecutivo del Estado, ejerciendo el derecho de veto a las propuestas del Ejecutivo cuya preeminencia ha quedado en duda ante los caprichos de Alberto Sosa Hernández.
¡Qué pena sucedan estas desavenencias y componendas entre quienes deben honrar y responder al pueblo dando lo mejor de sí mismo en el ejercicio de tan delicadas funciones públicas que tienen en el gobierno!
Sin duda al próximo gobernador de Veracruz le espera un gran trabajo de limpieza y depuración de cuadros políticos y en una de esas no le alcanzarán los espacios existentes en los reclusorios de Veracruz para sancionar a tanto ladrón y a tantos caciques que con arbitrariedad deciden por encima de la voluntad de los casi 8 millones de habitantes del territorio jarocho. 

 

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