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Escenarios: Ajuste de cuentas

LUIS_VELAZQUEZ

•Credibilidad perdida
•Incrédulo corazón social

Luis Velázquez
10 de diciembre de 2018

UNO. La credibilidad perdida

Igual que AMLO, el presidente de la república, el gobernador de Veracruz también vive obsesionado con distanciarse más y más de su antecesor, así sea violentando la vida local.
Duro, implacable, con Miguel Ángel Yunes Linares, reproduciendo el mismo estilo de Yunes con Javier Duarte, más allá de que unos y otros se inculpen de un pacto con el político preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
Y al mismo tiempo, oh estilos similares de ejercer el poder, blando Cuitláhuac García con los amigos, igual, igualito que Yunes con los suyos.
En el otro lado de la cancha, los 6 millones de los 8 millones de habitantes en la pobreza, la miseria y la jodidez.
Yunes se queja ahora de una persecución política del sucesor, repitiendo la vieja película conocida por todos de como Yunes, por ejemplo, se portó con su antecesor.
Pero más allá del impacto mediático y la guerra de declaraciones y las amenazas entre unos y otros y las evidencias y sospechas sobre el gobierno de cada uno, las dos partes pierden, están perdiendo, ya perdieron la credibilidad de los ciudadanos.
Es más, con todo y las 21 víctimas en los primeros 6 días de Cuitláhuac, incluido los tres jóvenes de la Ciudad de México vacacionistas en el sur de Veracruz, detenidos, secuestrados, desaparecidos, asesinados, descuartizados y abandonados, los días que corren con el reality-show de Cuitláhuac, Eric Patrocinio y Jorge Wínckler, el saldo fatídico de la violencia ha pasado a segundo término.
Una parte de la población hace apuesta sobre el ganador. Cuitláhuac, con la fuerza política y social de AMLO, o Yunes, acostumbrado desde su infancia a la vida ríspida y dura, bragado, peleador callejero, fajador de la cantina política.

DOS. Incrédulo corazón social

La credibilidad se gana, entre otras cositas, con los hechos, aun cuando Chomsky dice que los ciudadanos ya no creen en la verdad ni en los hechos concretos y específicos.
La declaración mediática, el anuncio aparatoso, la promesa (incumplida), el rafagueo entre unas elites políticas y otras como el caso de Cuitláhuac y los suyos y Yunes y los suyos, los calambres, las intimidaciones y las amenazas con la cárcel han perdido su efectividad en el corazón social.
Simple y llanamente, igual que con la corrupción política, la población está harta de tales reality-shows.
Por eso, cuando los Cuitláhuac y los Yunes azules andan enfrascados en una pelea de quince rounds o más, sin tregua, piedad ni misericordia, ni prudencia, mesura, cordura y tolerancia, caray, vaya política de altura a la altura de estadistas…, ajá.
Y más, porque en todo caso, si bien les va, jalándose las cobijas unos a otros solo se evidencian y siembran la duda en el de por sí incrédulo corazón social.
Unos y otros terminan vapuleados en el peor concepto público.
¡Vaya dimensión moral de un gobernador, por ejemplo, señalando de corrupto y mentiroso a un Fiscal!
¡Vaya secretario General de Gobierno repitiendo la frase bíblica de AMLO de que “me canso… ganso” que el Fiscal Jorge Wínckler caerá!

TRES. La política… patio de vecindad

Queda fuera de duda el temperamento y el carácter rijoso de Yunes Linares, probado y comprobado en su biografía pública.
Pero a Cuitláhuac ya le ganó el hígado por encima de las neuronas. Ya perdió el control dando pasto de sobra a los trabajadores de la información para la nota de portada, pero al mismo tiempo, expresando su actitud visceral en la tarea de gobernar.
La población esperaba, sin embargo, que posgraduado en Alemania como dice, con veinte años de académico en la Universidad Veracruzana y el CETIS, fuera un político sereno y prudente, lleno, pues, de tolerancia, pero también de inteligencia y talento.
La política, convertida en un patio de vecindad, en un mercado popular, en un molino de nixtamal a las 5, 6 de la mañana…con todo respeto para la característica sociológica de tales centros de reunión popular.
El Veracruz profundo, con la pobreza y la miseria, y con la violencia multiplicada y los carteles y carteles mostrando el puño y el músculo al nuevo sexenio, con el fuego cruzado entre las partes aumentando el río de sangre y el valle de la muerte, con comercios cerrados, en el archivo muerto de la historia y de la vida.
El aparato gubernamental de Cuitláhuac (Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, poder mediático, Morena, etcétera), en contra de Jorge Wínckler y quien es sinónimo de Miguel Ángel Yunes Linares.
Y, bueno, si Wínckler cometió un delito que la ley se aplique, pero con alteza y altura de miras como decía Juan Maldonado Pereda, Q.E.P.D., cuatro veces diputado federal y subsecretario de Gobierno y secretario de Educación y presidente municipal de Veracruz.

CUATRO. Desorbitada saña y pasión

La saña y la pasión desorbitada del gobernador ha llegado a convocar, ajá, a una consulta pública para preguntar al pueblo de Veracruz si está de acuerdo con el juicio político y la renuncia de Wínckler a la Fiscalía.
¡Vaya populismo barato y ramplón!, creyendo que así reproduce una parte de la esencia política y filosófica y social de AMLO, quien así, con la consulta popular, busca aplicar, por un lado, la vieja democracia participativa de la vieja Roma, en Atenas, y también, claro, la costumbre democrática de los pueblos indígenas, conocida cuando Andrés Manuel López Obrador a los 22, 23 años, trabajó con los chontales en las zonas étnicas de Tabasco.
Veracruz, sumergido en el sótano de una crisis social (uno de cada tres jefes de familia llevan el itacate y la torta a casa con el ingreso derivado del changarro en la vía pública), enfrascado en un burdo pleito de cantina entre dos tribus partidistas.
Además, un pleito que solo se escenifica en Xalapa, la capital y que absolutamente para nada interesa al millón de indígenas, a los dos millones de campesinos y a los tres millones de obreros.
Más aún, ni siquiera, vaya, se enteran.
¡Vaya espectáculo tan deprimente!
Hacia el final de la noche y del día solo queda el desencanto social. Con unos y con otros.
Y más, porque pelean por los cargos públicos, y desde luego, por el billete fácil que significa llegar al poder, pues ni modo que así nomás, de un día para otro, los políticos se purifiquen y se vuelvan ángeles de la pureza.

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